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Antropología cultural: qué es y cómo estudia al ser humano


La antropología cultural es una rama de la antropología que, como ella misma, es muy joven y todavía se está formando.

Entender cómo son otras culturas nunca ha sido algo fácil, y más teniendo en cuenta que nadie se puede desvincular de su propia cultura para tratar de ver con la mayor objetividad a los demás grupos étnicos.

A continuación vamos a entrar en más detalle sobre la definición de esta rama antropológica, además de hablar sobre lo que entiende como cultura, su desarrollo como disciplina y cuál es su metodología.

¿Qué es la antropología cultural?

La antropología cultural es una rama antropológica la cual se centra en el estudio del ser humano por medio de su cultura, entendida esta como el conjunto de costumbres, mitos, creencias, normas y valores que guían y regular el comportamiento de un determinado grupo social.

La antropología cultural parte de la premisa de que los seres humanos somos animales sociales, lo cual hace que vivamos en grupos. En estos grupos, en los que varios individuos tienen contacto, se comparten las visiones individuales de cada uno, lo cual viene representado en su forma de comportarse y de pensar. Esto, una vez compartidos y asimilados de forma conjunta por el grupo en su totalidad, conforman la cultura.

Cabe indicar que hay ciertas diferencias entre la antropología cultural y la antropología social. Esta última hace más énfasis en cómo está organizada una sociedad, es decir, cuál es su estructura social, mientras que la antropología cultural se centra en la cultura, dejando de lado cómo se puede organizar socialmente.

Antecedentes históricos y desarrollo de esta disciplina

El tratar de comprender cómo son otras culturas y qué características las definen es algo que se ha hecho a lo largo de toda la historia. Sin embargo, la forma en que se hacía antaño era bastante poco rigurosa, además de que más que un interés en averiguar cómo son otros grupos étnicos la verdadera razón, en muchas ocasiones, estaba en la de ‘demostrar’ cuán superior era la cultura propia en comparación con otras.

De entre los primeros en sentir curiosidad por las gentes de otras culturas tenemos a los griegos. Entre ellos podemos destacar la figura de Heródoto (484-425 a.C), quien estudió sobre otros pueblos tales como los egipcios y los escitas,un pueblo euroasiático.

Varios siglos después, en la Edad Media hubo cierto atrevimiento a explorar más allá de Europa. Uno de los casos más llamativos son las expediciones del italiano Marco Polo, quien sirvió de nexo entre la cultura occidental con las asiáticas. En sus escritos describió infinidad de pueblos del extremo oriente, aunque no sin dejar de lado su propia visión del mundo.

Sin embargo, es a partir del siglo XV en el que se da el auténtico auge por la exploración, tanto hacia el nuevo continente para los europeos, América, como para civilizaciones tan antiguas y a la vez tan desconocidas como Catay, actual China, o Cipango, actual Japón. Estos exploradores, pese a sus grandes conocimientos del mundo, no eran expertos antropólogos (disciplina que todavía no existía) y no podían apartar de su mente el indudable sesgo que tenían en su percepción del mundo.

Independientemente del mundo que hubieran conseguido ver, estos viajeros, misioneros, soldados, colonos y demás no dejaban de ser personas europeas, lo cual les impedía tener una visión objetiva de culturas no occidentales.

Así pues, los orígenes de la antropología cultural son un tanto oscuros. Dadas las limitaciones en aquellos siglos para desplazarse por el mundo, muchos eruditos en la materia se veían obligados a confiar en testimonios de viajeros, quienes, como ya hemos dicho, difícilmente veían el mundo exterior de forma objetiva, reflejando sus propios estereotipos con respecto al grupo étnico con el que hubieran establecido contacto.

Sin embargo, la solución empezó a tomar forma ya a principios del siglo XX. Bronisław Malinowski, polaco quien es una figura fundamental en la antropología, realizó una serie de trabajos que supusieron un gran cambio en la forma en cómo estudiaba la antropología cultural el ser humano. A diferencia de lo que se había hecho mayormente hasta entonces, se optó por investigar a los pueblos yendo a estudiarlos directamente, mediante trabajo de campo.

Así se evitaba cualquier interpretación hecha a partir de, a su vez, interpretaciones hechas por personas no formadas en la materia, como el caso ya mencionado de misioneros y comerciantes. El trabajo de campo etnográfico, estudiar directamente al pueblo que se quiere estudiar, se convirtió en la metodología más extendida.

Si bien desde que Malinowski realizara sus primeros trabajos hasta ahora ha pasado cerca de un siglo, y la antropología cultural ha evolucionado y cambiado muchas de sus visiones, especialmente relacionadas antaño con una perspectiva colonialista de todo aquello que no fuera europeo, los esfuerzos del antropólogo polaco siguen teniendo vigencia y repercusión en la actualidad.

Método antropológico

La antropología cultural, junto con la social, se vale de la observación participante como el mejor método para poder estudiar los hábitos, tradiciones y demás costumbres de una cultura. De esta manera, el antropólogo obtiene de primera mano información sobre el grupo étnico que es objeto de su estudio. El investigador se familiariza con los miembros de la cultura que quiere estudiar y, a la vez, éstos miembros también van aceptando la presencia del antropólogo e, incluso, lo pueden llegar a aceptar como a un nuevo miembro.

Al hacerlo así, además de ver en primera persona cómo se comportan los miembros de esa cultura, el antropólogo cultural puede entender cuáles son las funciones de una determinada práctica y qué significado adquiere en el lugar. Es decir, le permite entender el contexto por el que se realiza una costumbre o por qué han adquirido un hábito concreto.

Lo más eficaz para lograr tener una recopilación de datos rigurosa y exhaustiva es hacer todo lo que la cultura objeto de estudio haga, es decir, "a donde fueres, haz lo que vieres". Así pues, el antropólogo deberá probar comidas extrañas, aprender el idioma de la región, aceptar realizar los rituales de la zona, observar y participar en juegos tradicionales, y un largo etcétera.

La observación participante no es un método exclusivamente antropológico. También está presente en otras disciplinas, tales como la psicología, sociología, geografía humana, ciencias políticas, entre otras. Lo que sí es destacable de este método es que la antropología cultural lo ha transformado en el pilar fundamental de su identidad como ciencia humana.

¿Qué entiende la antropología por cultura?

A diferencia del concepto mayormente extendido en la cultura popular, los antropólogos entienden el concepto de cultura más allá de la esfera del arte y el ocio.

La cultura, antropológicamente hablando, supone un concepto mucho más amplio. De hecho, este concepto se ha ido volviendo cada vez más complejo gracias a los hallazgos que se han hecho en campos como la primatología, la biología, la neurociencia y otras ciencias relacionadas con la naturaleza, dado que la antropología no únicamente se nutre de conceptos procedentes de las ciencias sociales y humanas.

De acuerdo con Edward B. Tylor (1832-1917), la cultura podría ser definida como todo aquel conocimiento, ciencia, arte, leyes, moral, costumbres y demás hábitos adquiridos por un ser humano siendo un miembro perteneciente a una determinada sociedad.

Según Tylor, toda cultura evolucionaba siguiendo un camino que iba desde un estado "bárbaro" hacia la "civilización". Hay que entender que el clasificar de bárbaros una cultura determinada hoy en día es algo que supone una visión supremacista y eurocéntrica, pero en su momento, y con el sesgo cultural que el propio Tylor debía tener, era visto como una definición apropiada del grado de sofisticación cultural que podía tener un determinado grupo étnico.

El mismo Tylor sostenía que la cúspide de la civilización a nivel mundial era Inglaterra en el siglo XIX, país casualmente del que era ciudadano. Acorde con la visión supremacista del inglés victoriano medio, Inglaterra era el referente de cultura avanzada y, por lo tanto, el resto de sociedades eran inherentemente inferiores.

Esta visión fue criticada por otro antropólogo, Franz Boas (1858-1942), de origen germano-estadounidense. Él se basó en el concepto alemán de ‘kultur’, palabra cognada con el término inglés ‘culture’ y ‘cultura’ en español. La kultur alemana se entendía como el conjunto de conductas y tradiciones, tanto locales como personales, que puede manifestar un individuo.

Para Boas, las culturas no evolucionaban de forma lineal, yendo de lo menos civilizado a lo más civilizado, sino que se desarrollaba un grado diferente de complejidad social en función de los acontecimientos históricos que viviera el grupo étnico en cuestión y cómo este lo manejaba.

Hoy en día, la definición de cultura desde la antropología cultural es más cercana a la idea de Boas: la cultura es un sistema integrado de símbolos, valores e ideas que debe ser estudiado como si de un ser orgánico se tratara.

La cultura se puede dividir en dos categorías distintas. La gran cultura, o gran C, y la pequeña cultura, pequeña c. Para comprender mejor esta diferenciación, de acuerdo con Boas, la cultura argentina sería, por ejemplo, una del tipo gran C, mientras que las tradiciones propias de la ciudad de La Plata vendrían a ser lo entendido como pequeña c.

La cultura como una segunda naturaleza

Desde la antropología cultural se propone la idea de que para comprender al ser humano es necesario el conocer también el entorno en el que éste se desarrolla. El entorno influye de forma directa en su forma de ser, tanto comportamentalmente como en términos de personalidad e inteligencia.

La cultura de cada grupo étnico constituye una especie de segunda naturaleza. Es un entorno en el que se admiten ciertos patrones de conducta y hay ciertas normas sociales que deben ser acatadas por cada uno de sus miembros para que éstos se puedan desarrollar como sujetos plenamente ajustados al lugar que habitan.

El ser humano, a medida que va desarrollándose como miembro dentro de un grupo cualquiera, va asimilando e interiorizando normas presentes en el lugar en donde se encuentra, convirtiéndose en algo difícilmente puesto en duda y visto como algo lógico.

Algunos aspectos de este tipo son la ética y la moral presentes en ese grupo étnico que, a vista de otros grupos pueden verse como algo muy ridículo, pero los miembros del grupo en cuestión lo ven como algo completamente normal. Esto es muy variable en función del período histórico.

Referencias bibliográficas:

  • Harris, M. (2011). Antropología cultural. España. Alianza Editorial.
  • Tylor, E. (1920). Primitive Culture. Vol 1. New York: J.P. Putnam''s Sons.
  • Fisher, W. F. (1997). 1997. Annual Review of Anthropology. 26. 439–64. doi:10.1146/annurev.anthro.26.1.439.