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A mayor uso de Internet, menor religiosidad


La religión ha estado presente en el día al día del ser humano desde varios miles de años antes del nacimiento de las civilizaciones. Las diferentes formas de religiosidad se basan en rituales y en símbolos, y estos elementos ya están presentes en la época e las cavernas, e incluso en los neandertales.

Sin embargo, a pesar de que durante milenios hemos vivido de un modo más o menos parecido, en las últimas décadas nuestra especie se ha visto sacudida por una serie de revoluciones tecnológicas y culturales que han transformado a toda la sociedad. Y, como los grandes cambios materiales también generan cambios en las ideas, la religiosidad se ha transformado. De hecho, un reciente estudio indica que algo tan habitual como el uso de Internet está relacionado con una menor creencia en la religión.

Más afición a Internet, menos sentimiento religioso

La religiosidad es algo muy complejo, y a lo largo y ancho de las diferentes sociedades humanas hay grandes diferencias no solo en lo que respecta a las religiones mayoritarias, sino también en el grado de religiosidad. Si bien hace décadas el ateísmo y el agnosticismo eran algo marginal, hoy en día cada vez son más comunes en las sociedades occidentales, especialmente en aquellos países considerados del “primer mundo” en los que existe un sólido estado del bienestar y la pobreza extrema es relativamente pequeña.

Sin embargo, más allá del lugar en el que se vive y la clase social a la que se pertenece, hay otros factores relacionados con creer más o menos en una religión, y parece ser que el uso de Internet es uno de ellos. Paul K. McLure, autor del estudio, basó la investigación en los datos obtenidos en una encuesta nacional de los Estados Unidos de América, la Baylor Religion Survey, que recopiló información de unos 1.700 adultos residentes en ese país. Entre los ítems de este cuestionario, figuraban preguntas sobre el nivel de religiosidad y fe, y el uso habitual (o no) de Internet.

A pesar de que el uso de esta herramienta virtual se asociaba a un menor contacto con la religión, este vínculo tenía matices. Por ejemplo, no tenía que ver con la frecuencia con la que se participa en actividades puntuales de carácter religioso, como bodas o bautizos, pero sí con la intensidad de las creencias religiosas (o ausencia de ellas).

Además, quienes pasaban más horas conectados a la red de redes tenían menos posibilidades en sostener que una sola religión era cierta y el resto no. Dicho de otro modo, tendían a tratar a todas las religiones de un modo más equitativo, como si fuesen lo mismo. Curiosamente, no ocurría lo mismo con el tiempo que se pasa viendo la televisión.

¿A qué se debe esto?

Hay que tener en cuenta que esta investigación ha encontrado correlaciones, y no una relación que necesariamente tenga que ser de causa-efecto. Puede ser que navegar más por Internet reduzca la intensidad de la religiosidad, pero también puede ser que las personas menos religiosas naveguen más (a pesar de que en el estudio se aisló la influencia de la clase social, la raza, el nivel educativo, la ideología política y otros elementos importantes). Sin embargo, McLure cree que hay motivos para pensar que Internet ha tenido un impacto en nuestra manera de posicionarnos ante lo religioso.

Tendencia al aislamiento

El uso frecuente de Internet puede conducir hacia un cierto aislamiento y a adoptar un estilo de vida apartado de los demás en los momentos en los que no se trabaja. Teniendo en cuente que la religión casi siempre se basa en rituales compartidos, esto puede afectar en las creencias: no exponerse habitualmente a esas costumbres en familia o en comunidad debilita la importancia que la religiosidad tiene para una persona.

Sin embargo, tal y como hemos visto, estas personas no se ausentan más de los eventos importantes de carácter religioso; en todo caso, no irían a aquellos de menor importancia: rezos en familia y otros rituales frecuentes.

Sesgo hacia el pensamiento racional

Otra de las características de Internet es que contiene una cantidad de información prácticamente infinita. Aunque hoy en día no le demos mucha importancia, es algo excepcional que sin la ayuda de nadie seamos capaces de acceder a todo tipo de contenidos que nos permiten aprender sobre todas las materias de manera relativamente autónoma.

Esto hace que aquellas preguntas que antes aparentemente no tenían respuesta, dando vía libre a las especulaciones basadas en el misticismo y el pensamiento mágico, hoy puedan ser respondidas en cuestión de pocos minutos gracias a los motores de búsqueda como Google. Pensemos, por ejemplo, en la posibilidad de entender cómo funciona la evolución de las especies, yendo más allá de la caricaturización de “venimos del mono”. Si no hay misterio, la sensación de que “hay algo más” disminuye.

Las religiones siguen firmes

Aunque el uso de Internet cada vez se extiende más, y aunque la proporción de población no creyente sea cada vez mayor, no cabe duda de que las religiones siguen gozando de muy buena salud. Es poco probable que nuestros hábitos relacionados con la tecnología las hagan desaparecer sin más.