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El suelo pélvico y cómo salir de la trampa de los extremos


Generalmente, a las y los profesionales de la Sexología que nos formamos hace más de una década solo se nos hablaba de suelo pélvico para detenerse en la explicación de los ejercicios de Kegel como parte del tratamiento del vaginismo.

Sin embargo, tras algunos años de práctica clínica y formativa, y a través de la relación profesional con muchas y muchos colegas, es fácil detectar un acuerdo bastante extendido: la importancia que tiene el suelo pélvico en la salud, el bienestar y en la vivencia positiva de la sexualidad es central.

¿Qué es el suelo pélvico?

El suelo pélvico es un conjunto de músculos y ligamentos que suele ser uno de los grandes olvidados a nivel de cuidado de nuestra salud, pero que cuando no está en las condiciones adecuadas -al menos, mínimas-, puede producir una importante alteración de funciones básicas en nuestro día a día.

A la pregunta de por qué el suelo pélvico es importante, se puede responder desde muy diferentes orientaciones:

  • Para la adecuada continencia de los esfínteres.
  • Como elemento básico en la sujeción de los órganos pélvicos.

De este modo, un adecuado tono del suelo pélvico contribuiría al control de esfínteres y evitaría prolapsos orgánicos. Pero además hay dos respuestas que desde el marco sexológico y psicológico son altamente relevantes:

  • Para poder tener una vivencia placentera de la estimulación genital en los encuentros eróticos. El estado del suelo pélvico tiene una relación directa en la respuesta orgásmica, en los procesos de excitación e incluso de forma secundaria en el deseo.
  • De cara a poder hacer una vida sin restricciones al reír, toser, estornudar o tener la vejiga llena. No normalizar tener pérdidas de orina o gases ante este tipo de experiencias vitales, permite movilizarnos para alcanzar un mayor bienestar y calidad de vida.

Funciones de suelo pélvico

La trampa de los extremos

Hay muchos artículos que hablan de los diferentes factores de vulnerabilidad que pueden impactar en el buen tono del suelo pélvico: embarazos y partos, menopausia, estreñimiento, deportes de impacto, mover o cargar peso de forma habitual, sobrepeso… Y eso lleva a muchas personas (tanto hombres como mujeres tienen suelo pélvico y por lo tanto son susceptibles a su impacto tanto en negativo como en positivo) a la trampa de “como no lo voy a hacer perfecto, acabo no haciendo nada”.

Esta trampa mental, que tiene mucho que ver con el pensamiento dicotómico, con la exigencia y con el establecimiento de objetivos desajustados que no nos acercan a la consecución de cambios, sabemos que tiene impacto en numerosos procesos de cuidado de la salud.

La alimentación es un buen ejemplo (“como no he comido 100% saludable, entro en la dinámica de comer ultraprocesados o alimentos de baja calidad nutricional sin ningún tipo de medida”), pero también lo es el dejar de fumar ("aunque llevaba 10 días sin fumar, le he dado una calada y ya me posiciono en volver a fumar como antes"), o el dormir las horas suficientes (“ya solo voy a dormir 6 horas, así que qué más da quedarme más rato con el móvil”).

En muchas ocasiones esta trampa puede ir acompañada de miedos. Miedo a intentarlo y fracasar, miedo a que lo que quiero conseguir no sea suficiente para sentirme bien, miedo a darme cuenta de que mi situación es peor de lo que pensaba, miedo a que sea tarde y no se puedan cambiar las cosas…

¿Qué hacer para cuidar el suelo pélvico?

Sabemos que los miedos suelen tener una marcada conexión con la evitación, el conformismo y el autoengaño; no obstante, siempre hay margen de maniobra, y en lo relativo al cuidado del suelo pélvico, aquí van 3 recomendaciones.

1. Discriminar lo que es razonable y ajustado con la situación, de lo que no

Aunque pueda ser frecuente, no es ni debería ser normal que personas jóvenes, o sin ninguna patología, tengan pérdidas de orina. Claramente, no hay nada de lo que avergonzarse cuando una persona por razones orgánicas no tiene la plena capacidad para controlar sus esfínteres, pero de ahí a normalizar que se nos pueda escapar un poquito de pis cuando nos riamos mucho o estornudemos, hay una distancia grande.

2. Conocer el gradiente de opciones de cuidado que tienes a tu alcance

Para salir de la dinámica de hacer el 100% o el 0%, es importante tener un panorama mental de qué sería hacer el 20%, el 38% o el 87%.

Hay multitud de opciones con diferentes grados de implicación que pueden ponerte en el camino de cuidar de tu suelo pélvico.

Buscar algún artículo en Internet sobre suelo pélvico y ejercicios de Kegel, ver un tutorial sobre como eliminar factores de riesgo para el adecuado tono de esta musculatura, visitar a algún fisioterapeuta especializado en suelo pélvico para que nos haga una valoración, apuntarse a Pilates en un espacio en el que también entrenen -si los hacen bien- ejercicios hipopresivos, hacernos con algunos de los gadgets que están comercializados para entrenar con mayor facilidad… Las opciones no son pocas.

3. Atender a los momentos clave

Tener un adecuado tono de la musculatura del suelo pélvico es algo que nunca viene mal. Sin embargo, en el caso de las mujeres, tener especial atención durante el embarazo, el postparto y la menopausia, es básico.

Concluyendo...

Este no pretende ser un artículo exhaustivo sobre el suelo pélvico o cómo cuidarlo, más bien un texto que anime a no dejar que la trampa de “como no lo voy a hacer perfecto, acabo no haciendo nada” nos atrape y nos inmovilice en un tema con tanto potencial positivo para nuestra salud.