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El covisionado y el impacto de los medios en la infancia


Estamos en plena revolución tecnológica y en plena globalización, una combinación de dos fenómenos sociales que contribuye de forma clave a que nunca haya habido una oferta de ocio cultural tan amplia. Como siempre, la euforia inicial de estos medios ha ido dando paso a la regulación, teniendo en cuenta el gran poder que estos medios pueden ejercer en el público, máxime en su público infantil.

Así, el mítico cigarro de Lucky Luke pasó a ser una saludable espiga, las pistolas de los villanos de Spiderman no disparaban balas, sino rayos aturdidores (o algo así) y las tortugas ninja pasaron a ser las tortugas héroes, todo en favor de limitar la apología del tabaco, las armas o la violencia en contenido dirigido a niños. La situación se complica si prestamos atención a la grandísima cantidad de dibujos animados que han sido criticados y censurados por promover estereotipos raciales, sobre todo por parte de la todopoderosa Disney.

Sensibilizando a la infancia a través de los medios de comunicación

Y es cierto que la promoción de estereotipos puede ser tan nociva como la de las drogas. La sensibilización ante lo que vemos en los medios de comunicación respecto a raza o género es cada vez mayor, pero siguen apareciendo, de forma frecuente, arquetipos más sutiles. En Friends hay más de una escena donde las risas enlatadas se activan con la mera aparición de un personaje con sobrepeso bailando, y en The Big Bang Theory hay más de dos ocasiones en las que los protagonistas hacen gracia simplemente por utilizar términos científicos y ser “inteligentes” y por lo tanto “raros”.

Ante esta situación, siguiendo el camino en que nos hemos embarcado hasta ahora, lo que se impone sería restringir la aparición de semejantes estereotipos en pantalla, pero ¿dónde pondríamos el límite? ¿Es viable que todas las minorías estén representadas en todas las obras artísticas? ¿Se puede ver afectado el drama si renunciamos a ciertos elementos? ¿Qué hacemos con las películas animadas anteriores a esta época y sus miles de estereotipos? Y lo más importante: A través de esta “censura”, ¿perdemos la oportunidad de educar en valores?

La importancia del covisionado

Las obras de ficción no dejan de ser un reflejo de su tiempo y, normalmente, representan el público al que se están mostrado. En ese sentido, por mucho que protejamos a los niños de su influencia, la encontrarán tarde o temprano en sus propias vidas. Por lo tanto, los dibujos animados nos dan una oportunidad de trabajar en un contexto controlado, en un “laboratorio”, antes de que los niños se enfrenten a los peligros que esos estereotipos engendran en el mundo real.

Desde este punto de vista, cobra una gran importancia el covisionado, una técnica que consiste en que un adulto acompañe al niño durante su aventura, contextualizando todas aquellas pautas que, si bien pueden funcionar en la ficción, entendemos que no son convenientes en la sociedad.

Mención especial merece el humor, que muchas veces recurre a estereotipos o a temas políticamente incorrectos buscando hacer reír, o bien a través de elementos socialmente compartidos, como en los monólogos (“las suegras y los yernos no se llevan bien”) o a través del rechazo o la osadía (The Family Guy, The Simpsons).

En lugar de censurar ese humor, se puede enseñar a los niños que lo que puede hacer gracia en la tele, no tiene por qué hacerla en la realidad y que, de hecho, si hace gracia en la tele es en parte porque no la hace en la realidad.

Violencia y televisión

Siguiendo esa lógica, ocurre algo parecido con las armas. La ficción o el juego son un contexto idóneo para que el infante desarrolle su creatividad, y limitarlo prohibiendo el uso de determinados elementos puede suponer un obstáculo para el mismo.

Así, de la misma forma que vemos a Superman volar sin miedo de que nuestros hijos se lancen por la ventana, deberíamos ser capaces de ver al Capitán Haddock borracho sin miedo a que desarrollen alcoholismo. Sí, es cierto que el segundo ejemplo es menos evidente para ellos al no estar sujeto a las leyes de la física, y sí, evidentemente encarna un alto riesgo para el desarrollo de sus valores si se le deja campar a sus anchas… pero precisamente ahí entra el papel de los padres y los educadores, ejerciendo el covisionado ante contenido violento, sexual o estereotípico.

A fin de cuentas, ejercer de guardianes de la moral dejando sin contextualizar elementos controvertidos que niños y niñas se encontrarán tarde o temprano es la vía más directa para que los acepten sin más como descripciones fieles de la realidad.