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¿Cómo afrontar mi primer paciente en terapia psicológica?


Tras mucho esfuerzo y dedicación lo hemos conseguido. Hemos conseguido acabar nuestros estudios de psicología clínica y, ahora, ha llegado el momento de ponerlos en práctica en el mundo laboral. Es hora de dar psicoterapia.

La teoría la tenemos, y también tenemos algo de práctica, pero suele pasar que, como todo en esta vida, dar el primer paso es algo que nos intimida y mucho, y más teniendo en cuenta que nuestra profesión implica mucha responsabilidad.

Todo psicólogo se pregunta “cómo afrontar mi primer paciente en terapia”, inundándole un montón de dudas y miedos antes de tener que ver a ese primer cliente. Por fortuna, aquí traemos algunas recomendaciones para conseguir airoso de nuestras primeras sesiones con pacientes y también incorporarlas en nuestra vida profesional para siempre.

Claves para saber cómo afrontar tu primer paciente en terapia

Por mucho que sepamos, por mucho que hayamos interiorizado toda la teoría del grado de psicología y la formación de postgrado en clínica correspondiente, el primer paciente es una persona que nos intimida. Naturalmente no debería, pero lo cierto es que la ausencia de experiencia previa, más allá de la práctica que nos da la formación, hace que nosotros, los terapeutas, vayamos a la primera entrevista con nuestro primer paciente con incertidumbre, un poco de inseguridad e, incluso, miedo.

Todo esto es normal. Realmente, como personas que somos, no podemos evitar tener emociones al dar nuestros primeros pasos en el mundo laboral, y mucho más teniendo en cuenta que la psicología clínica implica una responsabilidad tan grande como lo es intentar mejorar la vida de otras personas. No obstante, siempre debemos tener muy interiorizado que si hemos conseguido llegar hasta ahí es por algo, y ese algo es que valemos para ejercer la psicología, tenemos los estudios necesarios para ello. Con calma, una mentalidad abierta y una visión positiva, sabremos cómo afrontar a nuestro primer paciente en terapia.

Igualmente, existen cientos de manuales, protocolos y pautas que nos enseñan a trabajar con los pacientes, algo que siempre nos debería dar cierta seguridad al tener una guía de cómo debemos comportarnos y manejar estas primeras sesiones. Con este mismo objetivo, a continuación vamos a hablar de varios aspectos que todos los psicólogos noveles, y también los que ya tengan cierta experiencia, deben tener en consideración y solucionados antes de dar las primeras sesiones de psicoterapia.

Aspectos a tener en cuenta como terapeutas

Hay muchos aspectos a la hora de tratar al paciente que no deben ser ni obviados ni ignorados. Antes de siquiera dar la primera sesión de psicología clínica debemos tener en cuenta una serie de aspectos básicos que todo terapeuta debe aplicar a la hora de tener un caso. Entre ellos está el tratar a los pacientes como nos gustaría que nuestros familiares, amigos y otros seres queridos fueran tratados. Debemos tener el mismo código ético que nos gustaría que alguien tuviera con cualquier persona que nos importe.

Otro punto que siempre debemos respetar es el de no seguir el dicho de “En casa del herrero, cuchillo de palo”. Como profesionales vamos a dar una serie de pautas al paciente para que vaya incrementando su bienestar. Es incoherente que le recomendemos al paciente tener unos buenos hábitos de vida mientras que nosotros no los seguimos. Debemos cuidarnos, durmiendo bien, comiendo a buenas horas y teniendo unos buenos hábitos que no solo repercutirán positivamente en nuestra vida sino que también nos permitirá ejercer correctamente nuestra profesión.

El respeto hacia el paciente se aplica en toda conversación que le haga referencia, es decir, toda conversación que trate sobre el paciente es una conversación con el paciente y, aunque no esté delante, se debe cuidar el lenguaje, no usar etiquetas estigmatizantes o peyorativas (p. ej., el esquizofrénico, la gorda...). Si se habla con otro colega sobre el paciente, se deberá hacer para intentar mejorar el caso, no a modo de cotilleo o de desahogo.

Como psicólogos tenemos mucha responsabilidad, manifestada en forma de poder sobre el paciente. No es que dominemos al paciente, pero debido a la estructura jerárquica y desigual en la relación terapeuta-paciente, disponemos de cierta influencia sobre su conducta en tanto que somos la parte experta en la resolución de problemas psicológicos. Esto se debe practicar con buena voluntad y respeto.

Somos seres humanos y como tales cometeremos errores. Esto es algo normal, de lo cual deberemos aprender y buscar consejo. Por ello es fundamental que busquemos un equipo profesional, un conjunto de colegas que con diferentes puntos de vista, formación y experiencia nos puede ayudar a evitar tales errores o solucionarlos en caso de que se den. La supervisión y el apoyo de otros profesionales nos ayudará a reducir la cantidad de errores que podamos cometer, mejorando nuestra práctica clínica y asegurándonos de que ofrecemos la mejor terapia que podemos dar.

Por último, debemos comprender que no disponemos de todo el conocimiento ni la capacidad como para poder tratar todos los problemas que pueda traer un paciente. Es por ello que es muy importante, en especial con los primeros pacientes, restringir los casos, escogiendo sólo aquellos que estemos seguros que podemos manejar. Naturalmente, a lo largo de nuestra carrera profesional iremos expandiendo nuestra capacidad de actuación haciendo formaciones específicas, pero de momento vayamos sobre lo seguro.

1. Definiendo nuestra identidad

Una pregunta que es fundamental que hayamos contestado antes de realizar la primera sesión clínica es la siguiente:

¿Quién soy yo como psicoterapeuta?

Nuestra identidad como psicoterapeutas es una cuestión muy compleja y variada, que aunque difícil de describir sobre el papel es muy necesario entender qué es antes de trabajar con personas, cada una de ellas con su propia identidad y forma de ver la vida. Está claro que nuestra identidad es algo extenso e inestable en el tiempo, pero no por ello no podemos dejar de hacer el esfuerzo para poder delimitarla y, en caso de encontrar algún problema que se interponga en nuestra práctica clínica, reflexionar de qué manera lo podemos superar.

Entre las preguntas que nos podemos formular para obtener respuesta a la pregunta anterior tenemos:

  • ¿Cuáles son los problemas más comunes que nos gustaría tratar?
  • ¿Hay alguna orientación con la que nos sintamos más a gusto?
  • ¿Qué tipo de formación específica tenemos?
  • ¿Cuál es el mayor estereotipo al que nos enfrentamos como psicólogos?
  • ¿Qué podemos aportar a nuestros pacientes como psicólogos?
  • ¿Cuáles son nuestras debilidades? ¿Cómo convertirlas en fortalezas?

Todas estas cuestiones deben ser respondidas antes de iniciar la psicoterapia. Como se puede ver, algunas son más fáciles que otras, como por ejemplo los problemas psicológicos que preferimos tratar (p. ej., depresión, ansiedad, dinámicas familiares), la orientación psicológica con la que más nos sentimos cómodo (p. ej., cognitivo-conductual, sistémica, psicoanalítica...) y la formación específica para el tipo de terapia que vamos a desempeñar.

Sin embargo, el resto son más complicadas de darles respuesta y requieren un proceso de reflexión más extenso. Un ejemplo de ello es la que trata sobre estereotipos, estereotipos que no solamente tiene el paciente sobre qué es la psicoterapia, sino que también nosotros mismos, todavía inexpertos, podemos tener muy interiorizados. Estos estereotipos los iremos detectando a lo largo de nuestra práctica profesional, e iremos adquiriendo herramientas para manejarlos.

2. Cuidar la apariencia y el lenguaje no verbal

Si bien esto se aborda a lo largo de todas las asignaturas de psicología clínica y también en la formación posterior, lo cierto es que en muchas ocasiones, sobre todo los psicólogos más novatos, se olvidan de cómo comportarse adecuadamente delante del paciente. Aunque nuestra intención no es la de impresionar al paciente, lo suyo es ir bien preparado, vestirse adecuadamente con ropa cómoda pero de trabajo y mostrar una actitud agradable pero mostrando lo que somos, psicólogos con intención de ayudar a otra persona.

Es muy importante el lenguaje no verbal en la psicoterapia, por ello, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos que se adentran dentro de la técnica SOLER de Beitman (2004):

  • S (Squarely): Situarse frente al paciente, preferiblemente en un ángulo de 90 grados.
  • O (Open): Controlar la postura, evitar el cruce de piernas y de brazos.
  • L (Leaning): Inclinarse hacia delante mostrando interés e implicación
  • E (Eye): Contacto visual debe ser directo pero no intimidante
  • R (Relaxed): Debemos estar relajados, sin expresiones de distracción o de inquietud.

Primer día como psicólogo

3. Cuidar el espacio

La ergonomía es una disciplina que muchos ignoran y hasta menosprecian, pero realmente es muy importante tenerla en cuenta en todo lugar de trabajo y las consultas de los psicólogos no son la excepción. La consulta debe ofrecer calma, relajación, paz, seguridad y confianza, un lugar en el que el paciente debe sentirse cómodo abriéndose a un desconocido.

Todo, absolutamente todo debe ser cuidado y aunque seamos todavía inexpertos atendiendo a pacientes este es un aspecto que no debe obviarse. Lo ideal es que predominen las tonalidades claras, con blancos, grises, azules o incluso vainillas, colores que dan sensación de descanso, tranquilidad. Es preferible los colores neutros y fríos antes que los cálidos.

El espacio debe estar adecuadamente aclimatado, aunque preferiblemente tendiendo hacia el frío. Es mejor que el paciente sienta un poco de frío y facilitarle una manta antes de que sienta calor, sensación que lo puede agobiar y hacerle abandonar la consulta cuando haya un momento en el que se aborde un tema complicado de su historia vital. De todas formas, y si el paciente nos lo pide, podremos regular el termostato o abrir una ventana según convenga.

También debemos controlar aspectos que pueden parecer poco importantes pero que influyen en el recuerdo del paciente. Entre estos aspectos están los olores, preferiblemente deben ser relajantes y siempre se debe usar el mismo para generar sensación de familiaridad en el tiempo. También se debe controlar la luz, usar el mismo color de bombilla y, si se puede, usar lámparas con diferentes intensidades para cambiarla cuando se haga un ejercicio de relajación en la consulta.

Por último, la disposición de los objetos también debe ser cuidada. El orden es fundamental en toda consulta, puesto que debe dar la sensación al paciente de que va a un lugar en el que va a estructurar un poco su vida, que de por sí puede ser tremendamente caótica. Además, debemos ubicar los objetos que puedan distraer fuera de la vista del paciente, como libros, figuras y espejos. A ser posible, cuando el paciente esté cara a cara con nosotros en la consulta, detrás nuestro no debería haber nada que llame demasiado la atención.

4. ¿Qué debemos observar en el primer contacto?

Tanto con nuestro primer paciente como con el resto que vayamos a tratar, es fundamental tomar atención a cómo es y cómo se muestra durante el primer contacto. Debemos tener en cuenta todo lo que nuestros sentidos puedan captar, así como las emociones, los sentimientos y los pensamientos que nuestro paciente reporta sentir. Es muy importante entender que esto es una recopilación de datos, no una interpretación. La observación debe hacerse libre de interpretaciones y juicios de valor.

Algunas de las cosas en las que nos podemos fijar son si el paciente viene bien o mal vestido, se muestra nervioso, agitado, suda, cómo huele, a qué ritmo habla, si sobrerrespira, si la comunicación verbal y no verbal son coherentes, si ha querido venir por su propia cuenta o le han obligado, si viene acompañado...

Todas estas cosas a observar las debemos hacer de la forma más neutral posible. No importa lo que nosotros creamos en esta primera sesión. Debemos ponernos en el lugar de la persona y tratar de comprenderla, aunque diga cosas que puede que choquen con nuestros valores. Esto no quiere decir que debamos justificar sus comentarios o acciones, pero sí entender el por qué lo ha hecho.

No hace falta que nos cuenten todo en la primera sesión y, de hecho, eso muy difícilmente va a pasar, casi que ni siquiera es recomendable que pase. El motivo de esto es que el paciente, en su primera visita al psicólogo, se encuentra en una situación tensa, poco común, algo que no le resulta cómodo. Hacer de esta situación algo más invasivo de lo que ya es de por sí sometiéndolo a un interrogatorio extenso lo único que conseguirá es que obtengamos mucha información, pero esta se quedará guardada en una carpeta para siempre porque el paciente no va a volver.

Es por este motivo que en el primer contacto debemos hacer las preguntas justas, aquellas que el paciente quiera contestarnos y que percibamos que no le va a resultar desagradable contestarlas en esta primera sesión. Puede que tengamos a mano una entrevista clínica, con todo tipo de preguntas para conocer toda la problemática del paciente en su extensión, pero de momento lo mejor que podemos hacer es dar unas cuantas pinceladas sobre el motivo de consulta. La idea es que esta primera sesión genere confianza y seguridad, que el paciente la vea como un lugar agradable y quiera volver.

Siempre puede pasar que en esta primera sesión el paciente quiera saber qué es lo que opinamos como psicólogos. Esto no es algo que se lo podamos decir, puesto que para empezar todavía no lo conocemos demasiado y estamos en la primera sesión, además de que nuestro cometido no es el de “creer” o “pensar” dando nuestros valores, sino nuestro criterio clínico. Le podemos contestar que nos parece interesante que se muestre interesado en lo que podamos pensar, pero debemos incidir en que no son importantes nuestros valores sino lo que el paciente necesita y quiere contar.

La parte sanadora de la psicoterapia no está únicamente en el reajuste de los procesos cognitivos del paciente, su sistema de creencias y la adquisición de estrategias de relajación y confrontación frente a los problemas de su vida diaria. Esta parte sanadora se encuentra también en el desarrollo de una actitud básica de comprensión, acercamiento y aceptación por parte nuestra que el paciente o cliente percibe. Un paciente que siente que su terapeuta está ahí para apoyarle, siempre desde una perspectiva profesional, es un paciente que va a mejorar con mucha probabilidad.

Los principios básicos del paciente

Si bien esto se aborda a lo largo de la carrera, todo psicólogo debe tener muy claros los siguientes puntos de los pacientes:

1. Los pacientes lo hacen lo mejor que pueden

Puede que de primeras no nos lo parezca, pero todos los pacientes, de ponerse, tratan de hacerlo lo mejor que pueden. Puede que lo demuestren a ritmo diferente, y puede que no hagan todas las cosas que les hemos indicado, pero el simple hecho de introducir ciertos cambios en sus vidas ya es un gran paso para ellos.

2. Los pacientes son responsables de su cambio

Aunque no hayan sido los causantes de sus problemas, sí son los responsables de cambiarlos. Naturalmente, van a terapia para obtener las herramientas necesarias para conseguir superar su problemática, pero quien hace que su vida cambie son ellos mismos. Nosotros no los podemos forzar, lo que sí podemos hacer es aconsejarles y darles esas herramientas para fomentar el cambio.

3. La vida de los pacientes con ideas de suicidio es insoportable

Nunca se debe menospreciar el intento suicida de alguien ni tampoco sus ideas suicidas. Está muy generalizada la asunción, incluso entre profesionales, de que muchas personas que dicen que se van a suicidar en realidad lo hacen para llamar la atención.

Aunque así fuera debemos entender que nadie amenaza con tal cosa porque sí, sino que su vida está siendo algo realmente complicada, está casi al límite y necesita ayuda. La vida de un paciente con ideas de suicidio, aunque no amenace con hacerlo, es realmente insoportable.

4. No fracasan los pacientes, fracasa la psicoterapia

Si un paciente no mejora con la psicoterapia que se le ha aplicado o simplemente ha abandonado a mitad del proceso, debemos ser responsables y entender que quien ha fracasado no es él, sino nuestra psicoterapia.

Esto no quiere decir que seamos malos profesionales o que no hayamos usado unas herramientas que funcionan, sino que el caso en concreto requería otro tipo de intervención, una menos intimidante, para evitar que abandonara, y más adaptada a sus necesidades para motivarlo a mejorar.

Si el paciente no muestra signos de mejoría pero está interesado en continuar yendo a un psicólogo, lo que se puede hacer es cambiar el rumbo de la terapia o derivarlo a otro psicólogo que consideremos que está más capacitado para tratar su caso en particular.