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Manía: síntomas, trastornos asociados y tratamiento


Muchas personas asocian la palabra manía a la presencia de costumbres extrañas y prototípicas de una persona, la cual las suele repetir con relativa frecuencia. Sin embargo, son muchas menos las personas que saben que el concepto manía tiene también otro significado, el cual por norma general es al que nos referimos cuando estamos hablando de psicopatologías.

Y es que la manía es también una alteración del estado del ánimo, siendo junto a la depresión una de las principales alteraciones que forman parte del trastorno bipolar y que al igual que esta supone una grave alteración, malestar y limitación en la vida de la persona. Es sobre este tipo de estado emocional sobre el que vamos a hablar a lo largo del presente artículo, definiendola y visualizando su definición básica, en qué contextos aparece y como suele tratarse.

Manía y episodios maníacos

Se entiende por manía una alteración psicológica caracterizada por la presencia de un estado de ánimo excesivamente eufórico, expansivo y concurrente con un elevado nivel de energía. Se trata de un estado patológico y temporal que, el cual puede aparecer en diversos contextos y que por lo general suele aparecer un forma de episodios de una duración de al menos una semana casi todos los días y la mayor parte del día.

Estos episodios se caracterizan por la presencia del citado estado de ánimo expansivo, eufórico e irritable, el cual suele aparecer junto un elevado nivel de inquietud y agitación que se manifiesta a partir de un comportamiento hiperactivo. Generalmente la persona tiene la sensación de que sus pensamientos pasan a gran velocidad, no siendo raro que se pierda el hilo del pensamiento ante la gran afluencia de éstos.

El sujeto en fase maníaca padece también un elevado nivel de distraibilidad, teniendo grandes dificultades de concentración y pasando continuamente de una cosa a otra. Aparecen también en este estado pensamientos y delirios de grandeza y genialidad, considerándose el sujeto a menudo invulnerable y con recursos ilimitados. Asimismo es habitual que aparezca una elevada impulsividad y agresividad, a la par que de disminuye la capacidad de juicio y de valoración de riesgos, conduciendo a menudo a la realización de actos que pueden suponer un riesgo para la propia salud o integridad. También suelen intentar implicarse en un gran número de proyectos independientemente de su viabilidad.

Es habitual que aparezcan peleas y conflictos tanto en lo social como en lo laboral o incluso en la familia y/o pareja, así grandes dispendios económicos (independientemente de su capacidad económica), hipersexualidad (a menudo corriendo riesgos) y en ocasiones incluso consumo de sustancias que pueden empeorar su estado (por ejemplo cocaína).

No es infrecuente asimismo que aparezcan alucinaciones y delirios, interpretando la realidad en base a ellos y reaccionando de forma agresiva. Finalmente, cabe destacar que a menudo las alteraciones comportamentales experimentadas hacen que sea necesaria la hospitalización del sujeto con el fin de estabilizarlo.

Contextos de aparición

La aparición de episodios maníacos suele, por lo general, asociarse con la presencia de un trastorno bipolar. De hecho uno de los tipos de trastorno bipolar más frecuentes conocidos, el trastorno bipolar tipo 1, requiere únicamente de como mínimo un episodio maníaco no derivado del consumo de tóxicos o de enfermedades médicas para poder diagnosticarse, no precisándose en realidad de la aparición de un episodio depresivo.

Pero el trastorno bipolar no es el único contexto en que puede aparecer un episodio o comportamiento maníaco. Y es la manía también puede aparecer derivada de los efectos del consumo de diferentes drogas o sustancias, como producto de una intoxicación. Asimismo algunas infecciones y enfermedades que generan un efecto en el cerebro también pueden conducir a la presencia de síntomas maníacos. Entre ellas también pueden encontrarse algunas demencias o infecciones como la encefalitis.

Además también puede aparecer en otros trastornos mentales, siendo ejemplo de ello algunos trastornos psicóticos. Concretamente destaca el trastorno esquizoafectivo, el cual cuenta con un subtipo denominado bipolar en que también se presentan episodios de manía.

Por lo general, la manía es consecuencia de la presencia de una alteración neuroquímica o funcional del cerebro, sea esta causada por algún tóxico o fármaco o por un funcionamiento atípico propio de algún tipo de trastorno o enfermedad. Ocasionalmente puede observarse también que en algunos casos pueden aparecer síntomas maníacos en situaciones de elevado estrés psicosocial.

Consecuencias

La existencia de un episodio o una fase maníaca tiene por lo general severas repercusiones para aquellos que los padecen. A nivel social es frecuente como hemos visto que existan conflictos o incluso peleas verbales o físicas, especialmente con desconocidos.

También es habitual que se presenten problemas con el entorno cercano o con la pareja tales como conflictos, discusiones, acusaciones o infidelidades, pudiendo tener estos problemas repercusiones incluso después de finalizado el episodio. Además también es habitual que el entorno no comprenda la actuación del sujeto, o que ésta es debido a una alteración del estado del ánimo ajena a su voluntad.

En lo laboral la presencia de conflictos no es infrecuente, así como también suele aparecer una pérdida de la productividad derivada del exceso de energía y distraibilidad.

A nivel económico es frecuente que se realicen como hemos visto grandes excesos, a menudo como consecuencia de impulsos o para adquirir productos innecesarios. Los riesgos que pueden cometer pueden generar que el sujeto sufra diversos percances, como accidentes laborales, caídas y traumatismos, intoxicaciones o abusos de sustancias, contagio de enfermedades o infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados. Asimismo en algunas ocasiones las personas en fase maníaca pueden incluso llegar a realizar actos ilegales o verse involucrados en actividades delictivas.

El elevado nivel de activación del sujeto y sus alteraciones conductuales hacen que a menudo se precise de algún tipo de hospitalización con el fin de estabilizarle, generalmente a través de tratamiento farmacológico.

Manía vs hipomanía: una cuestión de grado

La manía es una alteración psicológica de carácter emocional y que puede tener graves repercusiones en la vida de quien la padece. Sin embargo, existe otro concepto que supone la existencia de síntomas prácticamente idénticos y con los que es muy sencillo confundir la manía: la hipomanía.

Tal y como podemos deducir por el nombre, la hipomanía supone una versión un tanto menos extrema que la manía, apareciendo también un estado de ánimo expansivo, eufórico y con un elevado nivel de agitación y energía. La principal diferencia entre manía e hipomanía se encuentra en la intensidad con que se dan los síntomas.

Si bien la hipomanía supone una alteración del ánimo perceptible por parte del entorno y que puede tener también repercusiones para el sujeto, los síntomas son menos severos y no suelen aparecer ni delirios ni alucinaciones. Asimismo, por lo general no impiden al sujeto tener una funcionalidad en su día a día y tampoco suele ser necesaria la hospitalización del paciente. Por último, los episodios hipomaníacos tienen una duración mucho menor que los maníacos: por lo general duran entre cuatro días y una semana.

El tratamiento de la manía

El tratamiento de los episodios maníacos suele realizarse a partir de la administración de algún tipo de eutimizante, es decir un tipo de fármaco que permite estabilizar el estado de ánimo. Generalmente se emplean sales de litio con este fin, aunque también hay otras opciones. En algunos casos puede ser necesario aplicar también fármacos antipsicóticos.

En el caso de que su aparición se deba a una intoxicación, será necesario tratar de manera diferencial este hecho. Lo mismo ocurre en caso de infecciones, debiendo ser tratadas con el fin de reducir o eliminar la sintomatología. En trastornos como el bipolar o el esquizoafectivo de tipo bipolar, dependiendo del caso y especialmente si hay características que suponen una urgencia médica (como la aparición de comportamientos suicidas) o lo fármacos no son efectivos puede ser recomendable la aplicación de terapia electroconvulsiva en un hospital.

Además de ello, es habitual que se emplee terapia psicológica (una vez estabilizado a nivel farmacológico), de cara a poder detectar pródromos o síntomas que avisen de la llegada de un episodio. La psicoeducación y el control de los ritmos sociales y circadianos (incluyendo horarios de sueño y alimentación) pueden ser también de ayuda.