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John Locke: biografía de este filósofo británico


Muchos consideran que John Locke es el padre del liberalismo puesto que fue firme defensor de los derechos individuales, la igualdad entre ciudadanos y la separación de poderes. Según él el estado y las leyes que lo regulaban debían ser consecuencia de un acuerdo entre sus ciudadanos, no porque su soberano así lo hubiera decidido.

Considerado uno de los máximos representantes del empirismo inglés, su filosofía, ganas de cambiar el mundo y lucha por el reconocimiento de las libertades individuales ha hecho de Locke uno de los más grandes pensadores británicos.

Descubramos la interesante figura de este filósofo a través de una biografía de John Locke, en la que conoceremos su vida y su revolucionaria forma de pensar en una Inglaterra que estaba patas arriba con proclamaciones de monarquías y repúblicas fallidas.

Breve biografía de John Locke

John Locke nació el 29 de agosto de 1632 en Wrington, Inglaterra. En su infancia estudió en la Christ Church de Oxford y, al finalizar sus estudios, permaneció ahí enseñando griego y retórica. El contexto político en la Inglaterra de su tiempo era muy convulso, con reyes tiranos al poder y una lucha de poder entre los intelectuales y el poder establecido que moldearon el pensamiento de Locke.

Dada la situación política de su país no es de extrañar que ya en su adolescencia sintiera interés por los quehaceres públicos. Fue un hombre polifacético que estudió en la Universidad de Oxford, institución en la que se doctoraría en 1658. Aunque su especialidad era la medicina y mantuvo relaciones con grandes científicos del momento, como el mismísimo Isaac Newton, John Locke también ejerció de diplomático, teólogo y economista.

Del conservadurismo al liberalismo

En 1662 ingresó en la Royal Society, una entidad volcada en el fomento del saber sobre la naturaleza. Gracias a esto Locke iba ganándose un poco de fama en el contexto académico de su época, convirtiéndose en uno de los científicos más importantes del momento, especialmente a la hora de abordar experimentalmente la naturaleza. Hizo del empirismo en el campo científico su seña de identidad.

De esta manera Locke iba ganándose fama como uno de los científicos más importantes de su época, especialmente en las ciencias experimentales. Fue en este período en el que Locke comenzó a modificar su punto de vista político, pasando del conservadurismo a políticas más liberales e innovadoras.

Su acercamiento a las ideas liberales es gracias a haber trabajado como secretario del conde de Shaftesbury, líder del partido Whig. Este partido era adversario del absolutismo monárquico en la Inglaterra de Carlos II y Jacobo II. Pese a que su pensamiento inicialmente era conservador, Locke acabaría creyendo firmemente en la necesidad de reformas y defensor del poder del parlamento.

Exilio y últimos años

Sus nuevas opiniones, revolucionarias, aunque apoyadas por muchos intelectuales y un pueblo cada vez más hastiado de los abusos reales, fueron fuertemente perseguidas. Es por esto que acabaría refugiándose en Holanda entre 1683 y 1689.

Locke era uno de los más fervientes partidarios de la Revolución Gloriosa, con la cual Guillermo de Orange conseguiría llegar al trono inglés derrocando a Jacobo II. Así pues, con esta revolución triunfante, Inglaterra se convirtió en una monarquía parlamentaria y se configuró como un régimen liberal, el primero de Europa.

Al volver a su país John Locke fue reconocido como una de las más importantes personalidades intelectuales del nuevo sistema político británico. Es a partir de este período en el que empieza a dedicarse plenamente a su actividad filosófica, publicando obras como Carta sobre la tolerancia (1689), Dos tratados sobre el gobierno (1690) y Ensayo sobre el intelecto humano (1690).

Moriría poco tiempo después de publicar sus grandes obras, el 28 de octubre de 1704 a la edad de 72 años en el castillo de Oates, cerca de Essex, donde se pasó los últimos años de vida.

Su pensamiento político

La figura de John Locke ha dejado una profunda huella en el pensamiento político y económico occidental, en especial en el mundo anglosajón. En sus obras este filósofo se convierte en un firme defensor de las libertades individuales y de la tolerancia religiosa. Es en su obra Dos ensayos sobre el gobierno civil de 1690 en el que sienta los principios básicos del constitucionalismo liberal, postulando que todo hombre nace dotado de unos derechos naturales que el Estado tiene la misión de proteger. Estos derechos son la vida, la libertad y la propiedad.

Tomando como base el pensamiento de Thomas Hobbes, Locke se apoyó en la idea de que el Estado nace de un contrato social originario, rechazando la doctrina tradicional de que el poder procede de la voluntad divina y que el rey lo ostenta como enviado de Dios. No obstante, se diferencia de Hobbes al argumentar que dicho pacto no conducía a la monarquía absoluta, sino que era revocable y sólo podía conducir a un gobierno limitado.

La autoridad de los Estados debía resultar de la voluntad de los ciudadanos, quienes se liberarán de tener que obedecer a sus soberanos si estos últimos no respetaban los derechos fundamentales o se extralimitaban en sus poderes. Es el pueblo, negociando con los soberanos, el que tiene derecho a modificar el poder legislativo en función de su criterio. Esta idea es la que hay detrás de las modernas elecciones periódicas en los estados liberales.

Si el soberano se comporta de forma tiránica, el pueblo está en su derecho a derrocarlo o cambiar el sistema, idea que fue tomada por Thomas Jefferson y los revolucionarios norteamericanos en 1776, independizándose de Gran Bretaña. También sería este el argumento que abanderarían los franceses en 1789, escenificando la Revolución Francesa y acabando con el absolutismo de Luis XVI.

Locke defendió la separación de poderes como una forma de equilibrarlos entre sí y, así, impedir que ninguno acabara degenerando hacia el despotismo. Por legítimo que fuera, ningún poder debería sobrepasar determinados límites, idea la cual se materializaría de forma escrita a través de una constitución.

Libertad religiosa

John Locke se caracterizó por ser un defensor del principio de tolerancia y libertad religiosa, algo verdaderamente poco común en su época. Él llegó a afirmar que el estado no debe intervenir en asuntos de fe, puesto que son aspectos individuales e íntimos, no un asunto público.

Defendió el respeto hacia todas las sectas del protestantismo, entendidas como credos distintos, e incluso llegó a defender el derecho a profesar religiones no cristianas. Irónicamente, no se mostró muy partidario de respetar ni el catolicismo ni el ateísmo.

El empirismo de John Locke

En cuanto a su filosofía Locke estaba inspirado en Francis Bacon y René Descartes. John Locke profundizó en el empirismo y rechazó la teoría cartesiana de las ideas innatas, refutación la cual dedicó la primera parte de su “Ensayo sobre el entendimiento humano” (1690). De acuerdo con Locke, la mente humana es una tábula rasa al principio, es decir, en el momento en el que nacemos nuestra mente carece de ideas e impresiones: es un lienzo en blanco. Esto iba en contra del pensamiento de Descartes quien sí afirmaba que contenía ideas innatas, como por ejemplo la propia idea de Dios.

Para Locke todas las ideas tenían que ser el resultado de nuestra experiencia y a través de ella surgiría todo nuestro conocimiento. Cuando Locke se refiere a “experiencia” no habla solo de la externa, que puede ser ver un árbol o ir una melodía, sino también procede de nuestro interior, como lo serían las emociones. Así pues, Locke distinguía dos ámbitos de la experiencia: el mundo interior y el mundo exterior. El exterior es captado por la sensación, y el interior o el de la conciencia es captado por la reflexión.

Cuando Locke y demás empiristas hablan de ideas no se refieren a ideas como sinónimo de conceptos, sino a contenidos de la conciencia, es decir, la impronta que ha dejado en ella una sensación o una reflexión. Hay ideas simples que se adquieren por sensación, como puede ser ver el color rojo, o por reflexión, como la duda o el deseo. Estas ideas simples se organizan en complejas gracias a la propia actividad mental del sujeto. Hay una gran variedad de ideas complejas, pero pueden reducirse a las de sustancia, de modo y de relación.

No es posible conocer la sustancia de las cosas a través solo de la sensación puesto que, de acuerdo con Locke, todo lo que llega a nuestro entendimiento pasa por los sentidos y, queramos o no, no podemos captar absolutamente todo lo que debe ser la sustancia en sí. Por la sensación sólo percibimos las cualidades de las cosas, las cuales pueden ser primarias o secundarias. Las cualidades primarias son las que se refieren a la extensión y al movimiento con sus respectivas propiedades y son captadas por los sentidos. Las secundarias serían las percibidas por un solo sentido, como el color, el sonido o el sabor.

Las cualidades primarias tienen un valor objetivo real, puesto que existen tal y como las percibimos. En cambio las cualidades secundarias, aunque sean causadas por cosas exteriores, son subjetivas, dependen de cómo las hayamos percibido. Más que cualidades, las secundarias son reacciones del sujeto a estímulos recibidos de ellas. Así pues, Locke considera que la sustancia no es cognoscible, aunque sí es posible admitir su existencia como aquello que da sostén a las cualidades primarias y como causa de las secundarias.

Referencias bibliográficas:

  • Locke, John (1991). Introduction. En Horton, John; Mendus, Susan, eds. A Letter Concerning Toleration. Nueva York: Routledge. p. 5. ISBN 978-0-415-02205-7. OCLC 613448161.
  • Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de John Locke. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/locke.htm el 30 de septiembre de 2020.