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¿Cómo afecta a los jóvenes la dependencia de las redes sociales?


Las redes sociales se han convertido en parte de la vida de casi todo el mundo. Jóvenes y no tan jóvenes tienen cuentas en redes como Instagram o Twitter, compartiendo fotos, comentarios y opiniones.

Estas redes nos han facilitado compartir información y puntos de vista con mucha rapidez, haciéndolos llegar a millones de personas e influyendo enormemente. Esto puede ser positivo pero también negativo, sobre todo si se hace un mal uso.

Las personas más vulnerables a un uso poco responsable de las redes sociales son los adolescentes y los jóvenes adultos. A continuación vamos a ver cómo afecta a los jóvenes la dependencia de las redes sociales.

Así influye en los jóvenes la dependencia de las redes sociales

Los adolescentes actuales han nacido durante la década del 2000, generación que ha venido al mundo con un móvil o una tablet bajo el brazo. Su dominio del Internet es casi instintivo, más que el de generaciones anteriores y solo equiparable a los llamados Millenials. Facebook, Instagram, Twitter o Snapchat son solo algunos ejemplos de las redes sociales en las que los jóvenes, tanto adolescentes como adultos menores de 25 años, emplean más tiempo.

No hay duda de que las redes sociales nos conectan y acercan los unos a los otros, pero de la misma manera que pueden ofrecer ciertas ventajas también traen consigo problemas en caso de que no sean usadas con moderación. Nadie discute que los adolescentes de hoy son nativos digitales y que tienen un habilidoso uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales, pero esto no impide que hagan un mal uso y tengan consecuencias negativas sobre su salud. Cómo afecta a los jóvenes la dependencia de las redes sociales es lo que vamos a abordar en los siguientes párrafos.

Entre los efectos del uso abusivos de las redes sociales en los jóvenes encontramos los siguientes.

1. Obsesión y comportamientos arriesgados

Una de las dinámicas por las que más son conocidas las redes sociales son las interacciones entre los “influencers” (personajes influyentes) y sus “followers” (seguidores). Seguir o ser un influencer puede determinar el estatus de los jóvenes en su grupo de referencia. La mayoría de los adolescentes quieren ser famosos de una u otra forma y las redes sociales se han convertido en ese espacio en el que no se requiere de mucho talento para volverse conocido.

Así pues, obtener me gustas, visualizaciones y comparticiones en sus redes sociales o comentarios puede ser visto como signo de relevancia y notoriedad entre los jóvenes, haciendo que corran el riesgo de obsesionarse por ello.

Cuando un joven ve que en su perfil alguien le ha dado me gusta o ha compartido su comentario, siente felicidad, algo que se explica neurobiológicamente pues se ha visto que las redes sociales pueden provocar que se segregue la hormona de la dopamina.

También está la influencia de quienes siguen. Los influencers pueden tener mucha relevancia entre los jóvenes, para bien y para mal. Por el lado positivo, han habido algunos influencers que han transmitido mensajes a favor de la salud mental y el cuidado personal, sobre todo ante la crisis del COVID-19. Sin embargo, está también la otra cara, la de influencers que han compartido mensajes pseudocientíficos, dañinos para la salud mental y que han puesto en riesgo a sus seguidores.

Lo que podemos decir de este punto es que las redes sociales hacen que sus usuarios puedan obsesionarse, viendo quienes les sigue y qué dicen de ellos, además de también estar pendientes qué es lo que dicen sus personajes de referencia. Si los mensajes que comparten sus influencers es perjudicial puede hacer que los seguidores menos críticos lleven a cabo comportamientos que pone en peligro su integridad física y mental.

2. Interacción con personas desconocidas

La juventud es vulnerable a quedar con personas que han conocido online y que no saben cuál es su identidad real. Los jóvenes no cuentan con la experiencia necesaria para detectar los riesgos que hay en el mundo y, motivados por la idea de que eso le pasa a otras personas, establecen contacto con personas desconocidas en las redes sociales. Pueden aceptar solicitudes de amistad de Facebook, nuevos contactos de WhatsApp, seguidores de Instagram y demás redes sociales que no conocen solo por el simple hecho de sentirse más populares.

Es esta misma inexperiencia que hace que se sientan atraídos por redes tan oscuras y turbias como Only Fans, una plataforma en donde sus usuarios pagan mensualmente para acceder a contenidos como fotos, videos o transmisiones en vivo de cualquier tipo, aunque en la práctica es una página de contenido adulto. Como tienen muy interiorizada la idea de que cuantas más personas mejor no se muestran reacios a que un desconocido conozca su vida íntima. El problema es que no son conscientes de que se exponen a todo tipo de riesgos.

Adolescencia e Internet

Cabe la posibilidad de que los más jóvenes queden a escondidas con personas que han conocido por las redes, individuos que dicen que son algo que en realidad no tienen por qué serlo. Puede ser que se hayan “enamorado” de una persona con la que no han llegado a hablar ni por teléfono, solo interactuando por mensajería instantánea. Es en estos casos en los que se arriesgan a caer en un “catfish”, una persona que dice ser quien no es, con una identidad falsa y que, de quedar en persona, podría hacerles daño.

3. Problemas cognitivos, aislamiento social y conflictos familiares

A veces los jóvenes abandonan actividades que antes les daban placer y contribuían a su desarrollo personal, social y familiar por el simple hecho de estar hiperconectados. Se sabe que el uso abusivo de los dispositivos electrónicos y de las redes sociales en particular puede inducir a problemas cognitivos, alterando la capacidad de atención, concentración, resolución de problemas y control de los impulsos de los jóvenes, lo cual se traduce en problemas académicos y también relacionales.

Uno de los efectos más destacables de las redes sociales es que puede provocar aislamiento social. La razón de ello es que como ya interactúan con otras personas online que les resultan más interesantes, dejando apartados a sus amistades y familiares e incluso peleándose con ellos. El mundo virtual ofrece la posibilidad de crear una realidad paralela, un mundo en el que los jóvenes pueden crear un avatar ideal de sí mismos con el fin de atraer la atención de otros adolescentes y ocultar su verdadera identidad.

4. Ansiedad e inestabilidad emocional

Uno de los motivos por los que la juventud desarrolla dependencia a las nuevas tecnologías es que en ellas tienen acceso a las redes sociales. Necesitan comprobar cada cierto tiempo si alguien les ha escrito o les ha dado un “me gusta”, y esto les provoca ansiedad. Esta ansiedad se evidencia al momento cuando oyen que han recibido un mensaje.

También se manifiesta cuando no tienen acceso a su móvil o dispositivo con el que se conectaban a las redes sociales, ya sea porque se lo han dejado en casa o bien porque se encuentran en un lugar en el que no pueden consultarlo.

5. Problemas de sueño

No son pocos los jóvenes que reconocen que se despiertan de madrugada para comprobar si alguien les ha enviado un mensaje de Whatsapp o si les han comentado en su última publicación de Instagram. Relacionado con el punto anterior, como sienten ansiedad porque no quieren perderse nada (síndrome FOMO), sus patrones de sueño se ven alterados.

Se van a dormir más tarde de lo que deberían y, cuando ya están tumbados, consultan su móvil, lo que atrasa la hora del sueño.

Se cree que la luz azul de los móviles y otros dispositivos electrónicos retrasa el sueño, básicamente porque hace creer a nuestro organismo que todavía es de día, despertándonos más a pesar de estar cansados y, consecuentemente, hace que conciliemos el sueño más tarde. Por culpa de ello, muchos jóvenes comienzan a ver afectados sus hábitos de sueño, empezando a tener dificultades para dormir. Como duermen peor, su concentración y rendimiento se ven afectados.

6. Complejos corporales

Otro de los efectos de la dependencia de las redes sociales en los jóvenes es la inseguridad respecto a su aspecto físico. La imagen corporal es algo que importa mucho tanto en la adolescencia como en los primeros años de la adultez. Los cánones de belleza siempre han existido ejerciendo una importante influencia socializadora, estableciendo quien es válido y quien no en su cultura a partir de cómo luce y cuál es su silueta y tamaños corporales.

Ahora, con el uso generalizado de las redes sociales, esto ha incrementado su influencia. La presión por cumplir con el canon de belleza impuesto se ve incrementado cuando su imagen está expuesta constantemente al criterio de los demás, a los comentarios tanto de amigos como de personas que apenas conocen. También está el hecho de que se comparan constantemente con fotografías de influencers de cuerpos “perfectos”, que marcan como debe y como no debe ser un cuerpo.

Los jóvenes no se paran a pensar que muchas de las imágenes que ven en las redes sociales son falsas, producto de retoques fotográficos y jugar con la perspectiva. Perciben esa perfección como natural, e interiorizan la idea de que para valer entre sus pares es necesario que tengan esos cuerpos que, en la mayoría de los casos, es prácticamente imposible alcanzarlo.

7. Ciberacoso

Cualquier persona puede recibir ciberacoso independientemente de su edad. Muchos individuos se escudan en el anonimato para verter su ácido en forma de comentarios hirientes a los demás (trolls de Internet). La exposición a las redes sociales convierte a los jóvenes en personas muy vulnerables, susceptibles a los comentarios de gente malintencionada de todas las edades.

Los jóvenes no digieren de la misma manera los comentarios crueles a como lo hacen los adultos. Debido a que su gestión de los comentarios ajenos es peor que la de un adulto, lo que puedan recibir en las redes sociales de forma muy personal, induciéndoles a todo tipo de problemas emocionales e, incluso, el suicidio en lso casos más graves.

¿Cómo evitar estos efectos?

Son varios los consejos que pueden seguir los adultos, tanto familiares como amigos más maduros, para evitar que los jóvenes hagan un mal uso de las redes y padezcan todos los efectos que acabamos de ver. Si bien estos consejos están más orientados hacia aquellas familias con hijos adolescentes, sí que se pueden aplicar también con un joven adulto como un compañero de universidad o un amigo que nos preocupa el uso que está haciendo del móvil.

1. Predicar con el ejemplo

No se puede pretender que nuestro hijo o hermano deje de estar conectado 24/7 a las redes sociales si nosotros hacemos también lo mismo. Lo mejor es predicar con el ejemplo, así que ha llegado la hora de aparcar el móvil y disfrutar de un tiempo junto a nuestro adolescente, un tiempo en familia en el que podemos crear un recuerdo donde no hizo falta estar conectado para pasarlo bien.

2. Disfrutar de los momentos para uno mismo

En la cultura actual es casi irresistible ese impulso que nos hace sacar el móvil para fotografiar un momento “único”: cenar con los amigos, celebrar un cumpleaños, ir de acampada, hacer una excursión… Son estos y muchos más los momentos en los que jóvenes y no tan jóvenes sienten la necesidad de inmortalizar el momento para compartirlo con los demás. Hay personas que sienten que si no exponen esto a sus conocidos es como si no lo hubieran vivido.

Tanto si se hace la dichosa foto como si no, si es un buen momento se va a disfrutar igual. Es por ello importante inculcarle a los más jóvenes la idea de que no hace falta estar fotografiando todo, que lo que importa es el momento, no cuánta gente ve y sabe qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer. Se debe encontrar el placer en el propio hecho de vivir el momento, no buscarlo en el reconocimiento y envidias ajenas.

3. Establecer límites

Si de adultos ya nos cuesta mucho controlar nuestros impulsos por nuestra propia cuenta, de jóvenes todavía más. Es fundamental establecer límites, imponer unas normas que nunca sean quebrantadas por nadie de la familia para que así demos ejemplo y se interioricen bien. Un buen consejo es requisar todos los dispositivos electrónicos, como tablets o móviles, por la noche para evitar que nadie se conecte a las redes sociales cuando toca dormir. Durante el día es también recomendable restringir el uso de estos dispositivos, en la medida de lo razonable.

4. Ser críticos con las redes

Por último, es muy importante hablar con los más jóvenes sobre la necesidad de ser críticos con lo que vemos en las redes sociales. Se debe enseñar a los adolescentes y jóvenes adultos que muchas de las fotos de sus influencers de referencia, donde exhiben cuerpos ideales como los de un dios olímpico, son meras ilusiones, no se corresponden con la realidad.

También se debe hablar sobre la importancia de no creerse cualquier comentario que vean escrito en las redes y tampoco deben tomarse como personal un comentario desagradable vertido por alguien escondido tras un avatar. No deben permitir que la opinión de gente que ni han visto en persona influya en sus sentimientos. Deberá aprender a ser crítico con los mensajes que llegan a su perfil, y poner fin a cadenas de mensajes o vídeos que rocen el delito o sean de mal gusto.