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Posmodernidad: qué es y qué filosofía la caracteriza


Para explicar y comprender las transformaciones sociales que nos atraviesan, en las sociedades occidentales hemos generado distintos marcos de conocimiento, que incluyen conceptos y teorías distintas Es así cómo hemos generado y dividido la historia de las ideas a partir de ramas que generalmente van de los orígenes de la filosofía griega hasta la época actual.

A esta última, la época actual, se le ha nombrado de muchas y muy distintas maneras, entre las que se encuentra el concepto de posmodernidad. En este artículo veremos algunas definiciones de dicho término, así como algunas de sus principales características.

¿Qué es la posmodernidad?

La posmodernidad es el concepto que hace referencia al estado o el clima sociocultural por el que atraviesan las sociedades occidentales actualmente. Esto último incluye una dimensión subjetiva e intelectual, pero también tiene que ver con la organización política y económica, así como con la actividad artística. Y es así porque todas ellas hacen referencia a los distintos fenómenos que se configuran en nuestras sociedades, y que al mismo tiempo hacen que nuestras sociedades se configuren.

Por otro lado, se llama “posmodernidad” o “postmodernidad” porque el prefijo “post” hace posible establecer puntos de ruptura con la época anterior, a la que conocemos como “modernidad”. Esto quiere decir que no se trata de que la modernidad se haya terminado, sino que más bien se ha atravesado: hay algunos elementos globales que han tenido transformaciones importantes, con lo que se han transformado también algunos fenómenos locales y subjetivos.

Además, el uso de ese prefijo también implica que la posmodernidad no va en contra de la modernidad, sino que en su síntesis es necesaria la etapa de la modernidad, si bien desborda esta categoría.

El cuestionamiento de las metanarrativas

Hay que tener en cuenta, de todos modos, que el concepto de postmodernidad hacía referencia en un principio a un movimiento artístico y cultural, más que político. Sin embargo, sirvió de inspiración para movimientos sociales que incorporaron el cuestionamiento de los metarrelatos (las explicaciones del funcionamiento de la sociedad con pretensión de universalismo) a su manera de enfocar la política.

Además, al ser un concepto tan ambiguo (porque su idea nuclear es un tipo de relativismo radicalizado), tampoco pueden existir consensos sobre lo que significa ser postmoderno. Esto implica que más allá de la crítica al concepto de verdad universal, no hay mucho más que los elementos postmodernos de la sociedad tengan en común; ni siquiera la idea de que todas las narrativas son igualmente válidas es aceptada por todo el movimiento postmoderno.

Así pues, si hay algo que caracteriza al movimiento posmoderno, es el cuestionamiento de las meta-narrativas, que son algo así como las maneras hegemónicas de interpretar las ideologías y las formas de concebir la realidad y los acontecimientos históricos. Desde esta filosofía se tiende a ver con escepticismo las maneras de pensar que pretenden explicarlo todo, ofreciendo teorías cerradas sobre lo que ocurre en el mundo.

¿Posmodernidad o posmodernismo?

La diferencia entre ambos conceptos es que el primero se refiere al estado cultural y a cómo las instituciones y los modos de vida que eran característicos de la modernidad, se han modificado dando lugar a nuevos procesos y modos de vida.

El segundo concepto, el del posmodernismo hace referencia a las nuevas formas de comprender el mundo en términos de producción de conocimiento.

En otras palabras, el primer concepto hace una referencia más clara a los cambios en la configuración social y cultural; mientras que el segundo hace referencia a los cambios en la forma de generar conocimiento, lo que involucra nuevos paradigmas epistemológicos que impactan la producción científica o artística, y que finalmente repercuten en las subjetividades.

Por decirlo aún más resumido, el término de “posmodernidad” hace referencia a una situación sociocultural de una época en concreto, que es la de finales del siglo XX e inicios del XXI (las fechas varían según el autor). Y el término “posmodernismo” hace referencia a una actitud y a una posición epistémica (para generar conocimiento), que es asimismo resultado de la situación sociocultural de la misma época.

Orígenes y características principales

Los inicios de la posmodernidad varían según la referencia, el autor o la tradición concreta que se analiza. Hay quienes dicen que la posmodernidad no es una época distinta, sino una actualización o una extensión de la modernidad misma. Lo cierto es que los límites entre una y otra no están completamente claros. No obstante, podemos considerar distintos eventos y procesos que fueron relevantes para generar transformaciones importantes.

1. Dimensión político-económica: la globalización

El término “posmodernidad” se diferencia del término de globalización en tanto que el primero da cuenta del estado cultural e intelectual y el segundo da cuenta de la organización y expansión global del capitalismo como sistema económico, y la democracia como sistema político.

No obstante ambos son conceptos relacionados que tienen distintos puntos de encuentro. Y es así porque la posmodernidad ha inició en parte por el proceso de transformación política y económica que ha generado lo que podemos llamar “sociedades posindustriales”. Sociedades donde las relaciones de producción pasaron de estar centradas en la industria a estar principalmente centradas en la gestión de tecnología y la comunicación.

Por su parte, la globalización, cuyo auge se hace presente en la posmodernidad, hace referencia a la expansión global del capitalismo. Entre otras cosas, esto último ha tenido como consecuencia la reformulación de las desigualdades socioeconómicas desplegadas por la modernidad, así como estilos de vida fuertemente basados en la necesidad de consumo.

2. Dimensión social: los medios de comunicación y las tecnologías

Aquellas instituciones que en épocas anteriores definían nuestra identidad y sostienen la cohesión social (porque nos dejaban muy claros nuestros roles en la estructura social casi sin posibilidad de imaginar algo distinto), pierden estabilidad e influencia. Dichas instituciones quedan sustituidas por la entrada de los nuevos medios de comunicación y las tecnologías.

Lo anterior crea una sujeción importancia hacia dichos medios, porque se posicionan como los únicos mecanismos que nos permiten conocer “la realidad”. Algunas teorías sociológicas sugieren que esto crea una “hiperrealidad” donde lo que vemos en los medios es incluso más real que lo que vemos fuera de estos, lo que hace que concibamos de una manera muy estrecha los fenómenos del mundo.

No obstante y según cómo se utiliza, las nuevas tecnologías también han generado el efecto contrario: han servido como una herramienta de subversión y cuestionamiento importante.

3. Dimensión subjetiva: fragmentos y diversidad

Después de la segunda guerra mundial, la época que conocemos como la modernidad entró en un proceso de quiebre y de transformación que debilitó los pilares del orden y el progreso (características principales de las revoluciones científicas y sociales), por lo que a partir de entonces se expande la crítica a la racionalidad excesiva, así como una crisis de los valores que habían marcado las relaciones tradicionales.

Esto tiene como uno de sus efectos una gran cantidad de dispositivos de construcción de las subjetividades: por un lado se genera una fragmentación importante de las mismas subjetividades y de los procesos comunitarios (se refuerza el individualismo y se generan también vínculos y estilos de vida acelerados y fugaces, que se reflejan por ejemplo en la moda o en la industria artística y musical).

Por otro lado se hace posible visibilizar la diversidad. Los individuos entonces somos más libres para construir tanto nuestra identidad como nuestras articulaciones sociales y se inauguran nuevas formas tanto de comprender el mundo como a nosotros y nosotras mismas.

Es decir, desde el pensamiento posmoderno se rechaza el ideal de alcanzar una manera de pensar lo más objetiva posible y por tanto ajustada a la realidad en sus aspectos más fundamentales y universales. Se prioriza dar voz a relatos alternativos que explican facetas de la realidad que no son los más habituales ni los que reciben más atención.

Por otro lado, este rechazo a las narraciones con pretensión de universalidad ha sido criticado por ser considerado una excusa para legitimar el relativismo de todo tipo, algo que deja fuera del debate "saberes populares" asociados a culturas no occidentales o ajenos a la herencia de la Ilustración: medicina china, creencia en espíritus, movimientos identitarios radicales, etc.

Referencias bibliográficas

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