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Ética protestante del trabajo: qué es y cómo la explica Max Weber


Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Alemania… todos estos países son naciones que se consideran económicamente prósperas. Los europeos del norte y las regiones del mundo colonizadas por ellos tienen en común ser sociedades bastante ricas.

Max Weber, allá por los comienzos del siglo XX, quiso entender qué era lo que hacía que estos países, culturalmente y geográficamente distintos, fueran lugares ideales para el desarrollo del capitalismo y, un día, se le iluminó la bombilla: el protestantismo.

¿Puede ser que una religión influya en cómo de rica y próspera es una nación? Según Weber sí, argumentando que fue la ética protestante del trabajo lo que hizo que las naciones que hemos mencionado tuvieran tanto desarrollo económico. Veámoslo a continuación.

¿Qué es la ética protestante del trabajo?

La ética protestante del trabajo, término acuñado por el filósofo alemán Max Weber, es un concepto usado en sociología, economía e historia que se basa en la noción de que el énfasis calvinista en la necesidad de trabajar duro como componente atractivo explicaría el por qué los países de mayoría protestante han triunfado económicamente. Según el calvinismo, el trabajo duro y el éxito personal son señales de haber recibido la salvación y la gracia de Dios, idea ya presente en las ideas de Martín Lutero.

Antes de la irrupción del protestantismo y sus múltiples corrientes Europa occidental era mayormente católica. La visión clásica dentro del catolicismo es que para conseguir la gracia de Dios y obtener la salvación es necesario que buenas obras en vida hagamos. Ya sea ayudando a los desfavorecidos o no cometiendo delitos ni pecados, seremos considerados buenas personas merecedoras del buen trato divino y así entraremos en el reino de los Cielos cuando muramos.

No obstante esta visión fue sustituida en varios lugares de Europa cuando apareció el protestantismo. De hecho, sus tesis se podrían considerar más bien contrarias a las católicas cuando se habla de la salvación. No es que el protestantismo, o al menos su mayor parte, esté en contra de las buenas obras pero sí que considera que da igual si las hacemos o no, puesto que la salvación y la gracia divina son aspectos que los decide Dios al momento de nacer o incluso antes, no durante nuestras vidas.

Para los protestantes, concretamente el calvinismo, la relación entre salvación y ser una persona generosa, bondadosa y exitosa en la vida está invertida. No es que la salvación sea la consecuencia de portarnos bien en vida, sino que es ella la causa de que seamos personas de bien. Dios predestina nuestra salvación y, consecuentemente, nuestra forma de ser. Es decir, los teólogos protestantes, sobre todo los calvinistas y los luteranos, predicaban que solo podíamos ser salvados si así lo decidía Dios, no por las obras que hiciéramos.

No es posible saber si una persona ha recibido esta salvación pero sí se puede discernir si se nos ha sido otorgada o no en base a cómo nos comportamos en vida. Los protestantes defendían que se podía averiguar si una persona había sido escogida por Dios para ser salvada si ella era atractiva, tenía éxito en los negocios, era trabajadora, fiel devota al Señor, buena persona… señales que atraían al resto de los seguidores del protestantismo, puesto querían codearse con aquellos que hubieran sido escogidos por Dios.

El vínculo entre ética protestante y capitalismo

El motivo por el que Max Weber relacionó el protestantismo con el desarrollo económico tiene bastante sentido si se observa el contexto económico mundial de su época, a principios del XX. El mundo germánico y anglosajón, especialmente Estados Unidos, Reino Unido, Alemania (Prusia) y Escandinavia, estaba viviendo un desarrollo inmenso. Además, sus gentes eran conocidas por ser muy trabajadoras y productivas, aspecto que sin lugar a dudas tenía que haber repercutido positivamente en las economías de esas regiones.

Este espíritu trabajador estaba directamente relacionado con la ética protestante del trabajo, puesto que en todas esas regiones la mayoría de la población seguía alguna corriente protestante, sobre todo el calvinismo y el luteranismo. Así pues Max Weber expresó estas ideas en su libro “La ética protestante del trabajo y el espíritu del capitalismo” (1905) libro el cual, una vez traducido al inglés, fue considerado casi una Biblia económica en los Estados Unidos, además de ser usado como argumento a favor de la supremacía de la religión protestante frente a la católica.

No es de extrañar que este libro haya tenido tanto éxito en Norteamérica, puesto que más de la mitad de sus habitantes se identifican con algún culto protestante. Si bien en la actualidad son más bien pocos los norteamericanos quienes siguen corrientes calvinistas sí que lo hicieron muchos de sus antepasados puritanos, considerados los fundadores de los Estados Unidos. Los calvinistas ingleses se instalaron en la bahía de Massachusetts para poder practicar su credo, considerado en Europa un tanto extremo. Estas gentes influyeron mucho en el desarrollo económico y social de Norteamérica.

Como decíamos antes, la corriente de Juan Calvino proponía que el destino de los hombres ya estaba preestablecido por Dios. Nuestros actos no son los que deciden si vamos o no al cielo, sino que esto ya lo ha decidido Dios al momento de nacer. En función de su decisión nos comportaremos de una forma más o menos asociada con la propia de una persona a quien se le ha otorgado la salvación. Si somos buenos, exitosos y triunfamos en la vida es porque Dios nos la ha dado y, como consecuencia de ello, somos personas de provecho.

Son varios los signos exteriores que el calvinismo considera que son pruebas de haber recibido la gracia de Dios. Si una persona se esfuerza para tenerlos, la lógica protestante dirá que es porque realmente recibió la salvación nada más nacer y que, tarde o temprano, tenía que manifestarlos. Aunque la persona protestante se haya esforzado para tener un buen cuerpo, un negocio exitoso o tener una vida de provecho ella lo interpretará que ha sido Dios, y no ella, quien ha hecho que sea así.

Es esta idea la que usó Weber como argumento de la superioridad económica del protestantismo frente el catolicismo. Los creyentes protestantes, con la idea de demostrar que han recibido la gracia divina, se esforzarán más para hacer que sus negocios sean los más prósperos, puesto que no quieren aceptar la idea de no haber recibido la gracia de Dios. Por medio de su esfuerzo alcanzan la gloria y acaban teniendo la “certeza” de que Dios los ha escogido.

Otro aspecto interesante del protestantismo que Weber lo relaciona con el desarrollo del capitalismo es su idea sobre la riqueza. Mientras que en el catolicismo estaba mal visto tener mucho dinero, no es así en el protestantismo, eso sí, no se puede malgastar el dinero en lujos superfluos. Los protestantes ven trabajar como un valor ético, algo que deben agradecer a Dios, a diferencia del catolicismo que lo veía como un castigo celestial por el pecado original. Los protestantes ven el trabajar y ahorrar dinero como una forma de devoción a Dios.

Está también relacionado con el calvinismo una idea bastante turbia y controversia sobre la caridad. Muchos protestantes, basándose en que Dios nos da su gracia de forma predestinada, ven a los mendigos como personas que no han recibido la salvación. Como consecuencia de ello viven una vida miserable y así debe ser porque Dios lo ha decidido así. Bajo la óptica calvinista más radical darles dinero a estos mendigos de forma caritativa va en contra de los designios de Dios, por mucho dinero que nos sobre.

Como los protestantes no pueden gastar su dinero en caprichos para ellos ni tampoco deben darlo a los más débiles, puesto que va en contra de los designios de Dios, los creyentes más adinerados se veían en la obligación de ahorrar e invertir. Era por medio de estas dos acciones que sus patrimonios fueron incrementándose, pudiendo crear negocios más poderosos y disfrutar de un estilo de vida más acomodado pero siempre con abstinencia y moderación.

Críticas a las ideas de Max Weber

Las ideas de Max Weber han sido largamente debatidas incluso en la época en las que las dio a conocer. Afirmar que era la ética protestante del trabajo lo que había garantizado la aparición del capitalismo en los países donde el protestantismo era la religión mayoritaria era una afirmación falaz. Sin ir mucho más lejos, en la Europa de su tiempo habían regiones de mayoría católica donde el capitalismo estaba prosperando: Cataluña, País Vasco, Padania, Baviera, Renania, la mayor parte de Francia...

Uno hubiera podido pensar que estas regiones estaban prosperando porque sus empresarios habían adoptado la ética protestante, con o sin adoptar su religión, pero esto también parecía ser falso. De hecho, existen pruebas que apuntan que el capitalismo podría haberse iniciado antes de las reformas protestantes durante el Renacimiento. Los estados católicos renacentistas de Lombardía, Génova y Venecia eran regiones ricas y prósperas, con una importante producción artesanal y relaciones comerciales sin parangón.

Max Weber ignoró un importante detalle que, siendo alemán, debería conocer y que echaba por tierra toda su teoría. Su Prusia natal, antecesora de la actual Alemania, era una región rica y próspera que él afirmó que así era porque era protestante pero ¿qué pasaba con su hermana? Austria era la nación hermana y rival de Prusia durante la unificación germánica. Era básicamente una Alemania del sur donde también se hablaba alemán y se estaba desarrollando una rica y próspera economía. En lo único que se diferenciaba era que era una nación fuertemente católica.

Max Weber podría haber incorporado en sus hipótesis ser alemán como el otro factor que garantiza que una economía sea próspera, ideas que sí fueron acuñadas por varios filósofos y economistas partidarios del nazismo décadas después. El problema de esto es que otra gran nación, Francia, también estaba desarrollándose fuertemente y ni era alemana ni era protestante. De hecho, cuando el país galo era todavía un reino, se convirtió en la nación más rica de Europa hasta que ascendió al trono Luis XIV y arruinó el país gastándose el presupuesto en todo tipo de guerras.

Y por último tenemos el panorama actual que si lo hubiera visto Max Weber se hubiera quedado de piedra. No únicamente hay países católicos europeos cuyo desarrollo económico es elevadísimo sino que, también, los hay que ni son blancos ni cristianos. El Lejano Oriente nos demuestra que un país puede ser próspero sin tener una filosofía ni cultura basada en los valores cristianos, como es el caso de Japón, Taiwán, Hong Kong, Singapur y Corea del Sur, además de la República Popular China que, aunque teóricamente comunista, su desarrollo es equiparable al de una gran economía capitalista.

Referencias bibliográficas:

  • Weber, Max (1905). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Chas. Scribner ''s sons.
  • Green, Robert, (1973). The Weber Thesis Controversy. D.C. Heath
  • Maestro Cano, Ignacio C. (2018). La tesis de Weber en torno al capitalismo en el 500 Aniversario de la Reforma Protestante. Ilu. Revista de ciencias de las religiones 23: 149-174.