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Bullying por homofobia: sus dañinos efectos en la sociedad


Las relaciones entre compañeros, lo que en un principio es (según los adolescentes) uno de los aspectos más gratificantes del contexto escolar y una de las principales fuentes de apoyo emocional y social, puede terminar siendo un elemento muy perjudicial y doloroso para los jóvenes.

En la literatura científica liderada por Olweus se aprecia que las víctimas de bullying suelen tener una serie de factores de riesgo individuales que los diferencian de los agresores (p. ej., género, curso escolar, razones étnicas, preferencias religiosas, nivel socioeconómico, habilidades sociales deficientes, habilidades sociales “superiores”, logros académicos reducidos, etcétera).

Desgraciadamente, uno de los elementos que dispara la atención de los agresores suele ser la orientación sexual (o las dudas sobre la misma) de los adolescentes victimizados, a lo que denominaremos “bullying por homofobia”.

¿Qué es el bullying por homofobia?

Definiremos el bullying por homofobia como cualquier tipo de maltrato físico, social, o verbal voluntario y dirigido con la intención de generar malestar en la víctima por su orientación sexual. Existe desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima, y el maltrato suele ser prolongado en el tiempo.

Se considera que la responsabilidad de este fenómeno recae no únicamente en el agresor, sino en las instituciones educativas y en la sociedad en su globalidad, debido a los valores sociales dominantes en relación a la sexualidad en general. Es decir, todavía hoy, nuestra sociedad interpreta en términos de “normalidad” a la heterosexualidad, mientras que la homosexualidad (y la bisexualidad) se interpreta como lo “anormal, raro, extraño, excéntrico”. De esta forma, todas aquellas manifestaciones diferentes a lo heterosexual se tachan de desviadas y anormales.

Seríamos ingenuos si creyéramos que este pensamiento imperante en la sociedad no es absorbido por los niños y adolescentes, quienes reproducen estos estándares sociales en su ambiente particular: los colegios e institutos. Todo aquello que es considerado como “fuera de lo normal o de lo común” dentro del contexto escolar, suele ser objeto de burla o mofa, y como hemos explicado anteriormente, la orientación sexual es uno de los motivos que “disparan” las agresiones hacia las víctimas.

Consecuencias de este tipo de agresiones

Las personas LGTB y/o aquellos que dudan sobre su orientación afectivo-sexual configuran una población susceptible de padecer más problemas de salud mental que el resto. ¿Por qué? Muy sencillo: esta población tiende a padecer un mayor nivel de estrés a lo largo de casi toda su vida.

Pensemos en las cosas que deben afrontar: integrar y aceptar su orientación afectivo-sexual, hablar con su familia y sus amigos, miedo al rechazo y a la no aceptación, manejar las situaciones homofóbicas, aguantar el estigma social asociado… Digamos que es un estrés particular que las personas heterosexuales no necesariamente tienen que sufrir.

Como todos sabemos, la infancia y la adolescencia son las épocas en las que se conforma nuestra personalidad y en la que más vulnerables nos solemos sentir, y es una etapa realmente difícil de atravesar.

Ahora imaginemos a lo que se debe enfrentar, más a más, un/a joven homosexual o bisexual. Por si no era suficiente con los cambios hormonales/descubrir su identidad/intentar encajar en el grupo de iguales/rendir en el instituto/lidiar con cambios físicos, etcétera, ahora imaginemos el estrés que debe sentir al pensar en el posible rechazo o no aceptación por parte de las personas a las que más quiere: su familia y sus amigos.

Y si además se produce una situación de bullying por homofobia (con la consiguiente pérdida de apoyo social entre sus iguales), se están introduciendo los ingredientes “perfectos” para generar caldo de cultivo que provocará problemas psicológicos que perdurarán en el tiempo, como la construcción de una baja autoestima, sentimientos de vergüenza hacia uno mismo, depresión, ansiedad, trastorno por estrés postraumático, aislamiento, autolesiones, etcétera. En un estudio (Rivers, 2004) se afirmó que las víctimas de bullying por homofobia tenían más probabilidades de sufrir depresión en comparación a las víctimas de bullying heterosexuales.

En varios estudios se ha visto que (p. ej., Bontempo y D’Augelli, 2002) los niveles de victimización eran mayores en alumnos LGTB o que tenían dudas acerca de su orientación afectivo-sexual. Dentro del tipo de victimización, en general suelen ser más victimizados a nivel verbal (insultos, motes, comentarios despectivos…).

Intervención en este problema

Aunque seguramente es un proceso largo que necesita del paso de varias generaciones, es necesario educar a la sociedad para eliminar la dicotomía de “normal = heterosexual”, “anormal = gay, lesbiana, bisexual, transexual o transgénero”.

De forma más específica, en los colegios se debe aportar educación sexual de calidad e inclusiva, que aborde temas como la homosexualidad y la transexualidad (y que no aborde únicamente las enfermedades de transmisión sexual o el embarazo), ejercicios de empatía hacia las víctimas, habilidades sociales para poder detener el acoso…

El objetivo principal es modificar las actitudes negativas hacia los colectivos minoritarios como el LGTB, y adoptar una visión más inclusiva con valores como la aceptación, el igualitarismo, la libertad y la empatía hacia los iguales. Si en los colegios/institutos no se aborda este tema de forma natural, dejando de lado los temas “tabú”, se está contribuyendo a que la población LGTB siga siendo vista como algo extraño, y que se siga perpetuando la discriminación.

Al fin y al cabo, el colegio es un elemento educativo muy potente en la sociedad, y es considerado uno de los principales agentes de socialización junto con la familia, por lo tanto éste debe fomentar el pensamiento tolerante en nuestros jóvenes, potenciando el nacimiento de valores positivos hacia las distintas formas de expresión sexual y diversidad de género.