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​Psicología del conflicto: las teorías que explican la guerra


Tras los últimos días, nos sentimos desolados. Los atentados en París han sido de tal brutalidad que todos nos hallamos en shock y heridos. Sintiendo las decenas de fallecidos, hoy somos millones las víctimas del dolor que nos han causado los sucesos. Nuestra mayor solidaridad a Francia, París, víctimas, familiares y todos aquellos heridos en el alma.

Ahora mismo, navegamos canal tras canal para que alguien nos explique por qué suceden estas cosas. Como homenaje a todos los que somos víctimas, trataremos de acercar algunas teorías que desde la psicología explican la naturaleza de los conflictos; intentando dejar de lado los prejuicios para ofrecer la información más objetiva.

La teoría realista del conflicto de Sherif

Muzafer Sherif (1967, 1967) analiza el conflicto desde la psicología social con una perspectiva de relaciones intergrupales. Expone que el conflicto surge de la relación que establecen dos grupos por la obtención de recursos. Según el tipo de recursos, desarrollan diferentes estrategias.

  • Recursos compatibles: su obtención es independiente para cada grupo, es decir, cada grupo puede conseguir sus objetivos sin influir en los del otro.
  • Recursos incompatibles: su obtención se realiza a expensar del otro grupo; que un grupo consiga sus recursos impide la consecución por parte del otro.

Asimismo, dependiendo del tipo de recursos a los que los grupos quieran acceder, se desarrollan diferentes estrategias de relación entre ambos para su obtención:

  • Competición: ante recursos incompatibles.
  • Independencia: ante recursos compatibles.
  • Cooperación: ante recursos que necesitan de esfuerzo conjunto (meta supraordenada).

Desde esta perspectiva, el conflicto se traduce en “cómo conseguir los recursos que necesito”. Por tanto, la estrategia a seguir depende de cómo son los recursos. Si son ilimitados, no hay relación entre los grupos, ya que pueden conseguirlos independiente de lo que haga el otro sin necesidad de ponerse en contacto. Ahora bien, si los recursos son escasos, los grupos entran en competición. El hecho de que uno de ellos alcance sus objetivos, implica que los demás no puedan, por lo que por inercia tratan de ser los únicos que accedan.

Una teoría que tiene en cuenta el concepto de competencia

Podríamos entenderlo como dos personas ante una entrevista de trabajo. Si hay varias plazas en oferta, los pretendientes no tienen por qué para relacionarse con el otro: se enfocan en su desarrollo individual. En cambio, en el caso de que sólo se oferte una plaza, ambas personas tienden a tenerse en cuenta mutuamente. Se han convertido en competidores y es importante conocer al rival para desarrollar la estrategia oportuna y ser seleccionado

Ahora bien, también existe una tercera opción: la cooperación. En este caso, no se especifica el tipo de recursos, porque es indiferente su cantidad. La importancia recae en la naturaleza del recurso, si para su obtención es necesaria la participación conjunta de ambos grupos. Es así como se define la meta supraordenada, un objetivo final que se supedita a los intereses individuales de cada uno y que necesita la aportación de ambos para lograrlo.

El conflicto por la paz de Galtung

Una perspectiva complementaria a Sherif es la de Johan Galtung, desde el evolucionismo social. En este caso, para entender el conflicto es necesario entender su existencia desde los inicios de la humanidad. Con este sentido, el conflicto es inherente a la sociedad, siempre van a existir conflictos, por lo que el foco recae en su resolución y en cómo propiciarán cambios en la sociedad. Es así como el conflicto no es un fin, sino un medio necesario para la paz.

Siguiendo la dirección que marca Galtung (citado en Calderón, 2009) en todo conflicto hay varios participantes. Cada uno de ellos tiene sus propios pensamientos y emociones, se comporta de una forma concreta y tiene su propia interpretación de la naturaleza del conflicto. Sobre estos tres vértices, se vertebra la lógica del conflicto para el autor.

  • Actitudes: pensamientos y emociones de cada uno de los involucrados.
  • Contradicción: diferencias en las interpretaciones de la naturaleza del conflicto.
  • Comportamiento: manifestación de los implicados, cómo tratan con el otro.

Estos puntos permiten explicar el conflicto como algo normal. Es normal que, al ser personas diferentes, se desarrollen diferentes emociones y pensamientos –actitudes-, diferentes interpretaciones sobre los sucesos –contradicción- y diferentes acciones –comportamiento-.

Ahora bien, si todo es tan natural, ¿por qué se dan los conflictos? Parece que entender que todos somos diferentes es sencillo, pero el problema surge cuando no dejamos ver que somos diferentes. Para Galtung, los anteriores factores pueden existir en dos planes distintos: pueden ser manifiestos, expresándose al otro; o latentes, manteniéndose ocultos en cada implicado.

  • Plano manifiesto: los factores del conflicto se expresan.
  • Plano latente: los factores del conflicto no se expresan.

La clave está en la interpretación de los actos del otro

Por tanto, cuando lo que pensamos, sentimos e interpretamos de la realidad nos lo callamos y comenzamos a relacionarnos con el otro sin dejarle saber nuestra posición, lo más probable es entrar en conflicto. Un simple hecho como anular una cita puede despertar diferentes formas de entenderlo; y si no nos dejamos entender es cuando puede aparecer el desentendimiento.

Es en este punto donde entran en juego los procesos para su resolución: la trascendencia y la transformación. Con trascendencia se hace referencia a un cambio de la percepción del conflicto como un suceso individual, a verlo como un proceso que engloba a diferentes participantes; el conflicto no sólo nos afecta a nosotros. Una vez con esta perspectiva se desarrolla la transformación, un cambio en la estrategia de resolución, incluyendo las perspectivas ajenas. Es decir, entender que el conflicto es cosa de todos e integrarlos en su resolución.

Procesos de resolución de conflictos según Galtung

Galtung propone estos procesos que conducen a la resolución de los conflictos:

  • Trascendencia: perspectiva global del conflicto.
  • Transformación: integración en la solución del resto de implicados.

Una vez vemos que el conflicto no sólo nos afecta a nosotros y actuamos teniendo en cuenta a los otros, podemos llegar a desarrollar las estrategias hacia la paz. Tras los procesos de trascendencia y transformación, el camino a la paz pasa por tres características que superan las barreras de los anteriores factores:

  • Empatía para comprender las actitudes ajenas.
  • No-violencia para gestionar los comportamientos.
  • Creatividad para resolver las contradicciones.

Las negociaciones de Selman

El tercer enfoque que presentamos se centra directamente en las estrategias de resolución del conflicto. Roger Selman (1988) propone que las partes implicadas con toda acción que desarrollan muestran su estrategia de resolución. Es decir, el intercambio de acciones que toman los involucrados se transforman en un proceso de negociación del conflicto. En este sentido, no sólo lleva a la paz, sino que la negociación también puede ser causa o agravante del conflicto.

Dichas acciones que los involucrados desarrollan se basan en tres componentes muy parecidos a los propuestos por Galtung: perspectiva propia, objetivos y control del conflicto. En base a estos tres componentes pueden darse dos posicionamientos al resolver un conflicto.

Estrategias de negociación, según Selman

Roger Selman propone las distintas estrategias de negociación:

  • Autotransformante: intentar cambiar actitudes propias.
  • Heterotransformante: intentar cambiar las actitudes del otro.

Es decir, podemos ser autotransformantes, decidiendo cambiar nuestra forma de pensar o actuar para resolver el conflicto. En cambio, con la heterotransformante incidimos en hacer cambiar al otro e imponerle nuestra perspectiva. Ahora bien, el conflicto seguirá latente si en ninguna de las dos estrategias se tiene en cuenta al otro; obedecer sin rechistar o imponerse autoritariamente no trata el problema y tarde o temprano resurgirá de alguna otra forma.

Por tanto, para llegar a una solución satisfactoria es necesario tener en cuenta a ambos participantes. Justamente este es el factor que media el grado de su efectividad; la capacidad de empatía y de tomar perspectiva del otro para hallar conjuntamente la solución. En base a ello, Selman establece cuatro niveles de coordinación de los puntos de vista de los implicados.

  • Nivel 0 - Indiferencia Egocéntrica: cada miembro tiene reacciones impulsivas e irreflexivas ajenas al otro. Mientras que el heterotransformante utiliza la fuerza para imponerse, el autotransformante se somete impulsivamente por miedo o protección.
  • Nivel 1 – Diferencia Subjetiva: las acciones no son impulsivas, pero siguen sin hacer partícipe al otro. Ambos continúan con las estrategias de imposición/sumisión, pero sin ser acciones de fuerza y reacciones de temor.
  • Nivel 2 – Reflexión Autocrítica: hay una tendencia a la naturaleza de la estrategia de cada parte, pero se es consciente de su uso. En este caso, el heterotransformante intenta influenciar y persuadir conscientemente al otro. A su vez, el autotransformante es consciente de su propia sumisión y de dejar pasar primero los deseos ajenos.
  • Nivel 3 – Descentración Mútua: se trata de una reflexión compartida de uno mismo, del otro y del conflicto, que extingue los diferentes posicionamientos. Ya no se intenta ni cambiar uno mismo, ni influenciar, sino en obtener conjuntamente una solución para los objetivos compartidos.

Por tanto, la naturaleza heterotransformante lleva a imponer y la autotransformante a someterse. En los niveles más bajos, estos comportamientos son impulsivos y en niveles mayores cada vez se reflexiona más sobre ellos. Finalmente, la solución acaba por compartir y coordinar; por dejar de lado la tendencia auto-hetero para incluir al otro y desarrollar conjuntamente la estrategia adecuada para solventar el conflicto.

De la Psicología del Conflicto a la Psicología por la Paz

Las anteriores teorías son sólo unas pocas de las muchas que explican los procesos del conflicto. Pero de la misma forma que explican los problemas, también lo hacen con sus soluciones. Es más, el estudio del conflicto no surge de la pregunta “¿Cómo se genera el conflicto?” sino de “¿Cómo se soluciona un conflicto?”.

Para ello, Sherif propone objetivos compartidos entre las partes, Galtung un proceso de empatía para ver que el conflicto no sólo es nuestro y Selman el diálogo para desarrollar una negociación conjunta. En todos los casos, un tema clave es el de “compartir”, el co-crear la solución ya que, si el conflicto no surge sólo de una de las partes, tampoco va a salir de sólo una su solución.

Por esa misma razón es importante qué hacer cuando se dé el conflicto; su gestión. Desde esta perspectiva y por los sucesos de París, no queremos instar al diálogo con terroristas. Pero sí el tener en cuenta las acciones que se lleven a cabo y los prejuicios que puedan despertar. Porque sí que puede ser cierta la existencia de un conflicto con una sección terrorista, pero no existe con una religión ni un pueblo. Aunque unas personas hayan sacado armas en nombre de un dios, el conflicto no es contra ese dios, porque ningún dios da armas a sus creyentes.

El conflicto es natural de la humanidad, siempre ha existido y siempre existirá. Con ello no pretendemos trivializar los sucesos, en absoluto. Sino hacer hincapié en la importancia de las consecuencias, en que todo conflicto cambia el rumbo de la humanidad y que el actual no nos lleve hacia la deshumanidad. Como bien dice una gran profesional y amiga, “No hay cambio sin conflicto1”. Hoy toca pensar qué cambio queremos.

1María Palacín Lois, Profesora Área de Grupos del Dpto. Psicología Social (UB) Dtra. Master Conducción de Grupos. Presidenta de la SEPTG.

Referencias bibliográficas:

  • Calderón, P. (2009). Teoría de conflictos de Johan Galtung. Revista paz y conflictos, 2, 60-81.
  • Selman, R. (1988). Utilización de estrategias de negociación interpersonal y capacidades de comunicación: una exploración clínica longitudinal de dos adolescentes perturbados. En R. Hinde, Relations interpersonnelles et developpment dessauciva.
  • Sherif, M. (1966). Group Conflict and Co-operation. Their Social Psychology, Londres: Routledge & Kegan Paul
  • Sherif, M. (1967). Conflicto y cooperación, en J. R. Torregrosa y E. Crespo (comps.): Estudios básicos de Psicología Social, Barcelona: Hora, 1984.