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Síndrome de ilegitimidad: qué es y cómo nos afecta


Por cosas de la vida, uno puede empezar estudiando psicología y, después, estudiar ingeniería. Otros empiezan con el diseño gráfico y terminan con el grado de filología clásica. No son pocos quienes acumulan formaciones dispares solo por el mero deseo de aprender, pero olvidándose de vislumbrar un rumbo formativo claro y objetivo.

El síndrome de ilegitimidad está cada vez más presente, sobre todo en personas cuyas mentes son inquietas y desean saber de todo un poco, pero nada en profundidad. Este síndrome suele ocurrir cuando recurrimos a una formación académica difusa y heterogénea.

Este síndrome puede ser un obstáculo a la hora de buscar empleo, tanto por el hecho de que en el mercado laboral se suelen buscar perfiles especializados como por la autopercepción de sentir que se es menos experto que los demás. Veamos más a fondo cuáles son las características del síndrome de ilegitimidad.

¿Qué es el síndrome de ilegitimidad?

Cada vez son más las personas cuyos currículums vitae son de lo más variopinto, acumulando títulos que no parecen tener mucha relación entre ellos. Personas que, por ejemplo, primero estudiaron ingeniería y, después, decidieron probar con bellas artes. O gente que primero hizo filología hispánica para después hacer Psicología. Hay quienes primero hicieron la carrera de química y después la de filosofía. La lista de ejemplos es infinita, con todas las combinaciones posibles.

Lo que tienen en común todas las personas cuyos historiales formativos son así de dispares es que saben de muchas cosas pero no a un nivel de expertez como se esperaría de alguien quien hubiera continuado por un único y mismo camino.

Su pasión por estudiar y no querer encuadrarse en una única profesión o rama ha hecho que se hayan aventurado en el aprendizaje de muchas cosas diferentes, a veces dándoles la sensación de ni siquiera dominar los conocimientos que sí poseen. Sienten que su ansia de conocimiento les ha hecho no valer en nada, y por ello sufren el síndrome de ilegitimidad.

El síndrome de ilegitimidad se podría resumir en una sola frase: me gusta todo, pero nada se me da bien. Este peculiar síndrome define cada vez a más personas, mentes inquietas que desean saber de todo pero en la práctica sienten que no saben de nada en profundidad. Ocurre cuando hemos ido estudiando de todo, teniendo una formación académica dispersa y heterogénea. Sin darnos cuenta, vamos acumulando cursillos de temáticas muy dispares, realizados por el mero deseo de aprender, pero perdiendo de vista el rumbo profesional claro y organizado que deberíamos tener.

Por ejemplo, una persona que ha estudiado Psicología quiere cambiar de aires y ahora decide prepararse para ser profesor de educación física porque le gusta mucho el deporte. Termina esos estudios y decide seguir con su formación, esta vez con un idioma. Empieza estudiando alemán pero, al cabo de poco, opta por otro idioma más sencillo. Al final de todo esto y a pesar de tener la formación, le da la sensación de no ser experto en nada y, cuando va a solicitar un empleo de psicólogo o de profesor de gimnasia, siente que tiene que competir con otros muchos profesionales cuyos currículos son más especializados.

Efectos del síndrome de ilegitimidad

Esta trayectoria dispersa y, por qué no decirlo, caótica termina siendo problemática pues se ha invertido un montón de dinero y tiempo en ser una persona que, básicamente, es experta en nada. Y en el mundo que nos ha tocado vivir, tener curriculums extremadamente dispersos es una enorme desventaja, a pesar de que cuanto más conocimientos tengamos, mejor.

La sociedad se vuelve cada vez más competitiva, ofertando todo tipo de puestos extremadamente especializados. Se necesitan perfiles muy concretos, que dominen con expertez una disciplina o rama determinada. Se requiere de personas que, tras haber acabado su grado, ciclo formativo o formación que sea, han continuado estudiando por el mismo camino y han ido concretándose cada vez más como profesionales expertos en una materia. En términos laborales, cuanto más experto en algo, mejor.

Psicólogos clínicos, ingenieros eléctricos, auxiliares de farmacia, otorrinolaringólogos, profesores de educación infantil… todas estas y muchas otras profesiones son perfiles de personas que primero estudiaron una carrera y, después, continuaron estudiando algo relacionado. De esta forma se han ido convirtiendo en profesionales expertos en materias de algo que ya habían estudiado con anterioridad, asentando bien el conocimiento.

El caso contrario, personas con estudios muy variopintos, no necesariamente tienen que tener poco éxito laboral. Sin embargo, la sensación que puede darles el haber estudiado de todo contribuirá a que se formen la idea de que como no son expertos en algo concreto no lo valen y, como hemos comentado, esto juega en su contra.

Además, si su curriculum es extremadamente variado y no hay muestras de expertez por ningún sitio, su éxito laboral va a ser menor. Es poco probable que se necesite un psicólogo que haya hecho el grado de filología catalana o un médico que se haya sacado el título de economía, por ejemplo.

Los estudios generalistas

Llegados hasta aquí comprendemos la importancia de haber realizado varias formaciones que estén relacionadas las unas con las otras pero, también pasa que hay carreras que de por sí mismas son muy generalistas. Un caso de ellas es la Psicología, cuyo grado universitario ofrece un variado abanico de asignaturas que tocan de todo sobre la mente y comportamientos humanos: psicología clínica, de la educación, estadística, biología, social, psicolingüística…

Los estudiantes de psicología, una vez han acabado el grado, tienen la sensación de muchas cosas, pero con poca profundidad, es decir, sienten el síndrome de ilegitimidad. Y si encima les da la sensación de que el título de psicología les viene grande, algo propio de otro famoso síndrome, el del impostor, esto puede desmotivarles mucho a buscar empleo y adquirir experiencia. Incluso puede hacer que se planteen empezar otra carrera creyendo que los cuatro años que han dedicado a obtener el título de psicólogo no les ha servido de mucho.

Por fortuna, esto tiene fácil solución decidiendo apuntarse a una formación de postgrado, un máster o buscando empleo de lo que han estudiado directamente. La sensación del síndrome de ilegitimidad acabará desvaneciéndose una vez vean que se están construyendo como expertos en una determinada materia, sea de psicólogos o sea de cualquier otra carrera.

¿En qué consiste el síndrome de ilegitimidad?

El síndrome de ilegitimidad se puede manifestar de muchas maneras. Es importante no confundirlo con el síndrome del impostor, condición en la que una persona sí es experta en una determinada temática pero le da la sensación de que no posee suficiente conocimiento o experiencia con la misma.

En el caso del síndrome de ilegitimidad realmente no hay expertez o, en caso de haberla, ésta queda oculta debajo de otros títulos y formaciones que no tienen nada que ver. Hay la sensación de que se sabe de mucho pero con poca profundidad, como ya hemos comentado.

Las personas que sufren el síndrome de ilegitimidad tienen perfiles percibidos como demasiado generalistas, acumulando muchas competencias, estudios y habilidades. Como acaba dándoles la sensación de que quien mucho abarca, poco aprieta, empiezan a percibirse como un fraude. Esa formación demasiado heterogénea y poco profunda, combinada con su inseguridad, puede situarlos en cierta desventaja ante profesionales que sí tienen un perfil especializado.

Hoy en día la demanda de profesionales especialistas es cada vez más elevada, algo que tiene sus orígenes en la Segunda Guerra Mundial. Tras el conflicto muchas ciudades quedaron devastadas, tanto que si bien toda mano de obra era bienvenida, se necesitaba de personas que supieran cómo reconstruirlas de forma inteligente y eficaz. Era necesaria mano de obra hábil, experta y eficaz en áreas concretas. Esta perspectiva originó un nuevo marco en el ámbito del trabajo y la formación, que sigue vigente a día de hoy.

El síndrome de ilegitimidad y el talento

Como íbamos diciendo, las personas con síndrome de ilegitimidad se perciben como individuos que saben un poco de todo pero nada de forma profunda, fruto de haber querido estudiar cosas muy variadas. El problema de esto, dejando de lado las implicaciones laborales, es que piensan que carecen de talento porque no sobresalen en algo concreto. No son genios de las matemáticas ni las letras, pero sí mentes curiosas que saltaban de una materia a otra.

Esta percepción es el resultado de una idea equivocada de lo que es el talento. Es habitual que en las escuelas se diga que un niño es talentoso cuando destaca en una asignatura. No obstante, las investigaciones en esta materia señalan algo importante con respecto a lo que es el talento, como es el caso de una investigación llevada a cabo en la Universidad Mendel en Brno (República Checa).

Desde su estudio, se entiende al talento como una destreza que debe educarse mediante la motivación. Sin esfuerzo ni voluntad, una aptitud puede quedarse en nada. Las personas con conocimientos variados y heterogéneos son movidas por la curiosidad, por el ansia de tener conocimiento, lo que sucede es que si hay algo que los motiva en un principio al cabo de un tiempo les despierta interés otra cosa y por ese motivo su currículo puede ser tan variado.

Cuando una persona tiene conocimientos de varios ámbitos pero no siente que sobresalga en nada realmente puede autopercibirse como un fraude. Esto puede tener como consecuencia negativa que opte por trabajos que requieren menos formación de la que tiene, trabajos inferiores que él o ella considera aptos porque se percibe como un “no experto” y, por lo tanto, los podrá desempeñar.

Repercusiones a la hora de encontrar trabajo

El síndrome de ilegitimidad es experimentado por muchos estudiantes que justo acaban de terminar su grado u otras formaciones, especialmente si son carreras del estilo psicología cuyo currículums formativos son muy variados ya de por sí.

Esto hace que se perciban a sí mismos como poco válidos. Cuando miran las ofertas de empleo sienten que no están a la altura. La falta de experiencia y la percepción de no haber adquirido todavía las competencias que se exigen les frena a la hora de aplicar para cualquier propuesta laboral relacionada con lo que han estudiado.

Esto pasa tanto a los recién graduados como a quienes tienen formaciones muy heterogéneas. Cuando uno tiene experiencia y conocimientos pero dispersos, asume que será difícil que le contraten. Son personas que dudan de su legitimidad porque no creen que sean expertos en nada. Aquí entra en juego la comparación social de Leon Festinger, un psicólogo social que explicó muy bien como las personas nos obsesionamos a veces en pensar que los demás son mejores que nosotros. Minimizamos nuestras capacidades solo porque no tenemos una trayectoria que creemos que sería la especializada.

Heterogeneidad como ventaja

Si bien lo ideal es tener un currículum especializado, esto no quiere decir que ser una persona curiosa, ávida de conocimiento e interesada en todo tipo de cosas deba ser un problema. Vivimos en un momento en el que si bien se valora la especialización, también se requieren de profesionales que sean flexibles y estén dispuestos a aprender cosas nuevas, ya sea para expandir su campo de intervención o para actualizar sus conocimientos.

En una sociedad dinámica, los perfiles generalistas y heterogéneos son valiosos. Cierto que un perfil demasiado heterogéneo puede indicar que la persona es indecisa en cuanto a lo que quería estudiar, pero también puede pasar que esté interesada en tantas cosas que simplemente haya ido haciendo un poco de todo a su ritmo. Puede que disponga de múltiples competencias y habilidades transversales, que realmente sea experto en algunas de ellas y que lo que ha pasado es que, simplemente, posee una mente curiosa que ha querido ir más allá de un campo de estudio en concreto.

Las personas que tienen interés por muchas cosas y encima sobresalen en ellas son lo que se ha denominado personalidades T o renacentistas, hábiles en varias áreas. Detrás de ellas pueden haber altas capacidades y talentos, o también un gran esfuerzo y motivación por aprender. Son cada vez más y pueden ser una mina de oro laboral, un diamante en bruto que no debe ser ignorado. La especialización no lo es todo en esta vida.