Tópicos Teoría Emoción Sociedad Evolución

La Teoría de la Amenaza de la Información: ¿por qué sentimos vergüenza?


La vergüenza es una emoción muy humana. Todos nos hemos sentido avergonzados alguna vez, tanto por cosas que hemos hecho como por cosas que han hecho los demás y que nos hacen ruborizar. Sin embargo, también sucede que sentimos vergüenza por cosas que no hemos hecho, pero que la gente cree que sí ¿por qué?

De primeras podríamos pensar que esto no tiene sentido, que no hay motivo alguno para sentir vergüenza por algo que sabemos que no hemos hecho y, por lo tanto, sabemos que no hemos actuado mal. Sin embargo, aún así, no podemos evitar sentir esta emoción.

La teoría de la amenaza de la información es un planteamiento que ha iluminado bajo una nueva luz la idea de la vergüenza humana. Descubramos por qué...

¿Qué es la Teoría de la Amenaza de la Información?

La vergüenza es un estado emocional humano. Todo el mundo, en algún momento de su vida, ha sentido esta experiencia, ya sea causada por algo que ha hecho o dicho o por algo que han hecho los demás y que, al ser testigos de ello, nos provoca algún tipo de incomodidad. Es un estado emocional que puede surgir por muchas causas, pero la mayoría de ellas suelen coincidir en ser algo de lo que nos arrepentimos de haber dicho o hecho.

Una de las explicaciones más conocidas y clásicas sobre el por qué de que sintamos vergüenza viene de las teorías atribucionales, las que sugieren que esta emoción surge cuando se cumplen dos condiciones.

La primera es vivir o sentir que se ha dado un evento o un resultado que es incongruente con las representaciones que tenemos de nosotros mismos, de nuestro yo ideal. Por ejemplo, sentimos vergüenza cuando, deseando ser uno de los mejores estudiantes de nuestra clase, resulta que suspendemos un examen. Aquí ha pasado que nuestro yo ideal no solo no ha sido alcanzado, sino que además nos hemos alejado de esa imagen idealizada que queremos llegar a ser. Sentimos vergüenza por no conseguir aquello que deseamos ser.

La segunda condición en la que aparecería la vergüenza sería cuando uno atribuye ese evento o resultado como algo inestable de su yo global o real, un rasgo que considera negativo y que considera que es poco plausible cambiar. Por ejemplo, sentiríamos vergüenza de nosotros mismos al suspender un examen y considerar que realmente es porque somos poco inteligentes o no valemos para los estudios.

¿Por qué a veces sentimos vergüenza?

En base a estas dos condiciones defendidas por los modelos atribucionales, la vergüenza surgiría como resultado de sentir que uno ha fallado a sus propios estándares o aspiraciones.

Existe la discusión sobre qué es la vergüenza y qué es la culpa. Popularmente, se coincide en considerar a la vergüenza como una emoción pública, surgida interactuando con los demás, mientras que la culpa sería vivida de forma más privada. Las teorías atribucionales rechazan esta idea, considerando que no tiene por qué ser así, pudiendo sentirse tanto una como otra emoción al margen de si otras personas conocen o no aquello por lo que sentimos vergüenza o culpa.

Sin embargo, las teorías atribucionales sí que dan explicaciones sobre qué es aquello que provoca vergüenza y aquello que provoca culpa. La vergüenza sería activada mediante atribuciones de eventos negativos relacionados con el yo global y elementos de nuestro yo considerados como estables, esto es rasgos de nuestra personalidad o forma de ser que percibimos como negativas e indeseables y creemos que son difíciles de cambiar. En cambio, la culpa sería activada por atribuciones de eventos negativos inestables, aspectos momentáneos de nosotros que creemos que podemos cambiar.

Por ejemplo, si suspendemos un examen, sentiríamos vergüenza al pensar que es debido a que no somos suficientemente inteligentes (rasgo estable), mientras que sentiríamos culpa al pensar que es porque no hemos estudiado suficiente (rasgo inestable).

La cuestión es que cuando nos sentimos avergonzados, de acuerdo con las teorías atribucionales, vemos a nuestro yo global como defectuoso. Sentimos dolor emocional al sentir que no hemos conseguido cumplir con nuestro yo ideal, motivo por el cual se dice que la vergüenza es una emoción fuertemente desagradable y aversiva. Por este motivo, esta emoción se asocia también con la activación de varios mecanismos de defensa como culpar a los demás, sentir ira, agredir objetos y personas, mientras que también se viven problemas como ansiedad, depresión e ideaciones suicidas.

Pero pese haber sido tan usadas las teorías atribucionales a la hora de explicar la vergüenza, estas no son capaces de explicar por qué aparece esta emoción en situaciones donde el individuo que la siente sabe conscientemente que no ha obrado mal ni cometido acto moralmente cuestionable alguno. Es decir, los modelos atribucionales parece que no puedan explicar por qué personas inocentes, que no tienen motivos para sentirse mal, pueden sentir vergüenza por un comportamiento que los demás creen que han hecho pero que él o ella sabe que no es así.

Es aquí donde entraría en acción la teoría de la amenaza de la información, un interesante paradigma que aporta luz a esta cuestión. De acuerdo con Theresa E. Robertson y su equipo investigador, autores del artículo “The true trigger of shame: social devaluation is sufficient, wrongdoing is unnecessary”, la vergüenza adquiere una función de supervivencia social fascinante, una emoción que puede aparecer incluso sin que seamos nosotros culpables de nada porque está pensada más hacia el que dirán que no hacia nuestros remordimientos ni acciones.

La amenaza de la información

Según los autores del paper, la vergüenza es una emoción que constituye un sistema cognitivo moldeado por la selección natural, cuyo objetivo es el de limitar la probabilidad y costes asociados de ser desvalorizado socialmente a causa de la expansión de información negativa sobre nuestra persona, al margen de si es verdadera o falsa. Que digan cosas malas de nosotros es información amenazante en tanto que nos arriesga a perder estatus, beneficios y atención social en el seno de nuestros grupo o entorno social.

Las personas que son poco valoradas entre sus congéneres tienen menos posibilidades de ser debidamente atendidas cuando lo requieran. Una persona cuyo grupo social de referencia lo menosprecia o considera que tiene mala fama corre el riesgo de no recibir ayuda cuando la necesita e, incluso, ser ignorada o marginada a posta. También se es más propenso a ser víctima de explotación si la gente cree algo malo sobre nosotros, y se sospecha que, en tiempos prehistóricos, ser socialmente desvalorizado por la manada suponía un duro hándicap para la supervivencia del individuo.

De acuerdo con la teoría de la amenaza de la información de la vergüenza, esta emoción se activa en la mente del individuo cuando nota que las demás personas se han dado cuenta (o le da la sensación de que se dan cuenta) de que conocen información negativa sobre él, sea información verdadera o no. De acuerdo con esta hipótesis, esta emoción tendría una funcionalidad evolutiva, la finalidad adaptativa para conseguir que el individuo no se quede de brazos cruzados al ver que su reputación está manchada pero que tampoco siga cometiendo actos que pongan en riesgo su supervivencia social e individual.

Tres serían las funcionalidades de la vergüenza de acuerdo con este paradigma.

La primera es que la vergüenza aparecería para que la persona se comportara de forma especialmente cuidadosa una vez se ha dado cuenta de la información amenazante que se está diciendo de ella. El individuo deberá cuidar qué hace o dice, no vaya a ser que empeore la situación más de lo que ya está. El objetivo es evitar que se sea socialmente más desvalorizado de lo que está en estos momentos y, así, evitar entrar en una situación social todavía más precaria.

Vergüenza

La segunda sería que, con tal de evitar que su reputación empeore todavía por causa de que más personas conozcan la información negativa acerca su persona, el individuo trataría de limitar la expansión y divulgación de la susodicha información. Esta información es un punto clave en la teoría, puesto que supone en sí misma la amenaza de la información que da nombre al paradigma, unas opiniones, comentarios, pensamientos o datos que, independientemente de lo verdaderos o falsos que sean, son potencialmente dañinos.

Por último, y para intentar recuperar un poco el estatus previo a la amenaza, el individuo trata de limitar y paliar los costes de cualquier consiguiente desvalorización social. Puede que no lo consiga del todo, pero su objetivo es intentar neutralizar la información negativa que se haya compartido sobre él y anticiparse en caso de que sepa que puede llegarle a otras personas, para así darles una versión o una refutación suya de lo que se está diciendo de él o ella.

Así pues, la teoría de la amenaza de la información sostiene que no es que sintamos vergüenza por arrepentirnos de algo que hemos dicho o hecho, sobre todo en caso de que realmente no hayamos hecho nada. Cualquier persona inocente puede sentir vergüenza por el simple hecho de saber o sospechar que otras personas las ven de forma negativa, al margen de si se corresponde o no con cómo son o lo que han hecho en realidad. La vergüenza sería fruto de las creencias y pensamientos negativos de los demás hacia nosotros, que nos incomodan y nos hacen temer por nuestra integridad social.

El problema de la desvalorización

En las sociedades más pequeñas, basadas en economías de subsistencia y sistemas sociales con pocos miembros, son muy negativas las potenciales consecuencias de no ser socialmente valorado.

En estas sociedades, si uno de los miembros es socialmente desvalorado apenas cuenta con beneficios sociales, algo que se convierte en un gran problema en caso de encontrarse en una situación en la que requiera ayuda, como por ejemplo caer enfermo o ser víctima de un accidente. Tiene pocas posibilidades de que el resto del grupo acuda en su ayuda y, por lo tanto, más posibilidades de no sobrevivir.

Debido a los beneficios evolutivos que supone ser altamente valorado y el riesgo para nuestra supervivencia que no sea así, la selección natural ha hecho que la mente humana disponga de una serie de mecanismos que se aseguren de que, cuando sea necesario, nos comportemos de manera que mejoremos nuestra imagen social, nos motive a hacer que los demás nos valoren y busquemos a personas que dispongan de un estatus social mayor que el nuestro.

Además de esto, disponemos de habilidades cognitivas para identificar y tratar de conseguir habilidades percibidas en el grupo como socialmente deseables, como pueden ser disponer de buena forma física, tener un empleo, participar en un voluntariado o ser el que mejor pesca en el río al lado de la aldea. Sea la sociedad que sea en la que vivimos, en todas ellas existen habilidades y méritos socialmente bien valorados y que hacen que las personas que las poseen sean también tenidas muy en cuenta.

La teoría de la amenaza de la información sugiere que la vergüenza es también parte de esta dotación evolutiva y que este estado emocional ha surgido para solucionar los posibles problemas adaptativos y de supervivencia que surjan a causa de sentir que uno es desvalorizado.

¿Cómo nos protege de la desvalorización la vergüenza?

Ser socialmente desvalorizado implica correr el riesgo de recibir menos beneficios sociales, además de incurrir en más costes en caso de situación de necesidad a causa de no recibir la ayuda de los demás. Esto trae consigo una reducción de las perspectivas de supervivencia y reproducción.

Se cree que la desvalorización social era una situación muy recurrente en tiempos antiguos y, teniendo en cuenta que en ese momento las sociedades eran más pequeñas, la transmisión de información negativa suponía un fenómeno mucho más perjudicial al no poder recurrir tan fácilmente a personas que no estuvieran al tanto de la mala reputación del individuo del que se hablaba mal.

Debido al riesgo que supone para nuestra supervivencia que los demás nos vean como socialmente poco deseables, se cree que la selección natural ha creado los mecanismos para detectar y anticipar la desvalorización social y, así, limitar las posibilidades de que ocurra y sus costes asociados. Entre ellas se incluyen los mecanismos para minimizar la filtración y propagación de información desacreditadora, y mejorar la cualidad socialmente valorada que haya sido comprometida, luchar para ser tratado mejor en caso de injusticia y tolerar cierta reducción del estatus.

A parte de los comportamientos asociados con estas situaciones, la teoría de la amenaza de la información predice una serie de respuestas cognitivas, motivacionales, afectivas y fisiológicas enfocadas hacia el objetivo de amortiguar la desvalorización y enfrentarse hacia la situación social adusta provocada por la transmisión de información negativa.

Esto daría sentido a los comportamientos asociados a la vergüenza, que la teoría los entiende como conductas para minimizar al mínimo el daño reputacional. Nos comportamos tratando de evitar que el daño reputacional vaya a más; no hablamos con las personas que han transmitido la información negativa hasta que no pensamos una contrainformación o disculpa o, directamente, nos alejamos de situaciones sociales por un tiempo. Todas ellas se orientan a prevenir que el conocimiento negativo sobre nosotros empeore, y consecuentemente sintamos más vergüenza.