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​¿Por qué odio a todo el mundo? Causas y posibles soluciones


La misantropía, o el odio a todas las persona en general, puede llegar de muchas formas. Sin embargo, siempre tiene que ver con experiencias pasadas; nadie está predestinado a llevarse mal con la humanidad.

Saber esto es muy importante porque, al igual que el "odio a todo el mundo" aparece de forma adquirida mediante el aprendizaje y la interpretación de lo que nos va pasando, también es posible desaprenderlo, reconciliarse con los demás.

¿Y por qué iba un misántropo o misántropa a querer cambiar? Bueno, desde luego no todos tienen por qué desear eso, pero aquellos que hayan entrado a este artículo por el título es muy posible que, como mínimo, sientan curiosidad por los mecanismos psicológicos que explican este fenómeno y por cómo se pueden revertir.

Cuando se menosprecia a los demás de forma sistemática

Hay personas que, por defecto, menosprecian a los demás o simplemente aborrecen la compañía. Esto puede hacer que, paradójicamente, se sientan solas e incomprendidas y que, además, noten que esto les afecta en su faceta profesional, estudiantil o civil en general.

Es por eso que muy posiblemente sean muchos quienes se plantean cómo salir de ese círculo vicioso de odio.

Las causas

El odio a los demás puede entenderse como una forma de indefensión aprendida. Este concepto sirve para designar casos en los que se ha aprendido a disociar lo que se hace con lo que se obtiene en un sentido negativo, es decir, que se ha llegado a asumir que, se haga lo que se haga, no se va a obtener nada bueno de ello.

En este caso, aquello que no produce ningún beneficio (o que produce más inconvenientes y malestares que experiencias agradables)es la vida social, en general . A partir de las experiencias pasadas, se ha asumido que todo el mundo traiciona, miente o intenta aprovecharse de los demás.

Dicho de otro modo, se asume que los demás tienen una moralidad corrupta o que son incompetentes y que eso forma parte de la esencia mayoritaria de las personas, y esto hace que uno mismo deje de buscar experiencias alegres y estimulantes con los demás y, en muchos casos, se tienda a vivir en un relativo aislamiento.

Cómo dejar de odiar y reconciliarse con el resto

Hay formas de darle la vuelta a la situación y dejar de odiar de forma sistemática a quienes nos rodean.

En casos de misantropía basados en traumas graves, es muy posible que sea necesario acudir a psicoterapia, pero en casos más moderados en los que se nota que la relación con un gran número de personas conocidas es inusualmente mala, se puede optar por cambiar de filosofía vital por propia cuenta.

Algunos puntos por los que empezar son los siguientes:

1. Piensa en el contexto de tus recuerdos

Imagina los recuerdos que crees que influyen más en tu percepción de los demás y analiza en contexto en el que se produjeron. ¿Fue hace mucho? ¿Tenían los demás toda la culpa? Se mostraron realmente crueles, o esa idea nace de las exageraciones que aparecieron después de que ocurriera?

2. Haz listados de rasgos positivos

Utiliza la imaginación y piensa en características positivas de quienes te caen mal u odias, por extrañas que te parezcan, pero que creas que se ajustan a la realidad.

3. Reflexiona acerca de cómo juzgas a los demás

Párate a pensar en tu modo de atribuir características negativas a los demás. ¿Lo haces teniendo toda la información necesaria sobre ellas? ¿Tienes en cuenta el contexto y las normas sociales que también tú sigues cuando te relacionas con otros?

4. Analiza tus expectativas

¿Qué características básicas crees que debería tener alguien para que te agradase su compañía y su afecto? ¿Son razonables, o son demasiadas y demasiado precisas?

5. Piensa desde el punto de vista de alguien bueno que te quisiera conocer

Imagina que eres una persona que cumple las características básicas que debería cumplir alguien (en la teoría) para que te sintieses bien a su lado. ¿Serías capaz de reconocerla si actuases tal y como lo haces siempre al conocer a alguien nuevo?

6. Sal más y relaciónate con personas afines

Auto-oblígate a relacionarte más con los otros, sal de tu zona de confort. Márcate objetivos sociales concretos (como ir a una cena a la que te han invitado) y cúmplelos a rajatabla, haz que sea una prioridad. Si empiezas tratando con personas con las que compartes gustos independientemente de su personalidad, es más fácil que llegues a conectar con algunas de ellas. Más adelante podrás proponerte expandir tus horizontes sociales.

7. Rodéate de gente alegre

Busca personas que sean genuinamente alegres y pasa tiempo con ellas. De este modo asociarás la compañía de los otros a los momentos de humor y de pasarlo bien y tendrás más ganas de repetir la experiencia, con lo cual será más difícil que asumas que vas a estar odiando a los demás siempre.