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Las 4 estrategias de toma de decisiones en la empresa


Existen una serie de modelos y técnicas que proponen estrategias de toma de decisiones en la empresa, y que tienen el objetivo de simplificar ciertas decisiones.

Cuando tomamos decisiones, debemos tener en cuenta que existen muchas variables que podremos controlar, pero muchas otras que no dependerán de nosotros. Además, a nivel probabilístico, siempre habrá un grado de incertidumbre en toda decisión que tomemos.

En este artículo conoceremos diferentes modelos de toma de decisiones y otras estrategias que se pueden implementar en la empresa.

Estrategias de toma de decisiones en la empresa: modelos

Los modelos que repasaremos a continuación, y que contemplan las estrategias de toma de decisiones en una organización pretenden, entre otras cosas, disminuir el impacto coste/beneficio en las decisiones “equivocadas”, para finalmente conseguir el objetivo planteado por la empresa.

Estos modelos ayudan a escoger la mejor opción dentro de las opciones disponibles a la hora de decidir teniendo en cuenta ese grado de incertidumbre o posibilidad de equivocarse, que siempre estará presente (aunque se puede disminuir, como hemos dicho).

1. Modelo Maximin (o de Wald)

El modelo Maximin o de Wald propone que, a la hora de tomar una decisión, nos focalicemos o fijemos en las valoraciones más bajas (malas) dentro de todas las soluciones posibles. Es decir, “gráficamente” quedaría así: las valoraciones más bajas serían 1 para la solución A, 2 para la B y 3 para la C. Así, dentro de este rango escogeríamos la C, ya que es la solución “más alta entre las peores”.

Sin embargo, escoger a través de este modelo no nos asegura que decidamos “correctamente” al 100%, ya que podemos perder información importante, al no tener en cuenta las demás soluciones. Eso hace que la “mejor opción dentro de las peores” no siempre tenga que ser la más buena o la que encaja a la perfección con nuestro problema.

Según Wald, se trata de un modelo de toma de decisiones “pesimista”.

2. Modelo Maximax

El modelo Maximax sería el opuesto al anterior (se trata pues de un modelo “optimista”); propone escoger o trabajar con los datos o soluciones que mayor puntuación han obtenido.

Por ejemplo, si en nuestro cuadro de datos la solución A ha obtenido 8 puntos, y en cambio la B tiene 10 puntos, y la C 9 puntos, según el modelo Maximam, escogeríamos como la mejor solución la B, ya que su puntuación es la más alta, y por lo tanto superior a todas las demás. Es decir, basaríamos nuestra decisión en este razonamiento.

De igual forma que en el modelo anterior, escoger a través de este modelo no nos asegura una decisión correcta, ya que “dejamos de lado” mucha información (soluciones con menos puntuaciones) y podemos estar escogiendo una decisión que a la práctica, no es la mejor.

Otras estrategias para elegir la mejor solución

Aparte de estos modelos que hemos visto, existen otras técnicas o estrategias de toma de decisiones en la empresa. Algunas de ellas son:

1. Valorar la situación global

Para tomar una decisión, de forma que reduzcamos lo máximo posible el grado de incertidumbre del que habláblamos, otra estrategia que podemos utilizar es la de valorar la situación en toda su globalidad, de forma general, teniendo en cuenta las variables intervinientes más relevantes.

Para ello, es importante tomar cierta perspectiva en relación al problema o a la situación, intentar verlo desde “fuera”, valorando la situación de la forma más objetiva posible. Además de centrarse en la situación presente, será importante mirar más allá, entendiendo las causas pasadas que han podido generar la situación, y visualizando posibles soluciones a corto y largo plazo.

De esta forma, una visión integral de la situación nos ayudará a barajar todas las opciones posibles de forma más objetiva.

2. Generar alternativas en paralelo

Esta segunda de las estrategias de toma de decisiones en la empresa que planteamos se centra en tener un plan B (incluso un plan C) por si el plan A fallará; es decir, por un lado, lógicamente deberemos apostar fuertemente por el plan A, por nuestra decisión, y confiar en que funcionará. Sin embargo, nunca está de más disponer de alternativas por si las cosas no salieran como esperábamos.

Siempre habrá variables, por muy mínimas que sean (ya sea de la propia organización, de los trabajadores, de los competidores, etc.), que nos costará controlar, o que directamente no tendremos la opción de hacerlo. Por ello tener otras opciones en el tintero permitirá que actuemos con cierta sensación de seguridad, ya que, si el plan A falla, existen otras opciones que ya hemos contemplado. Además, el plan B o el plan C pueden ser circunstanciales o temporales, es decir, pueden tratarse de soluciones a aplicar mientras no se resuelve la situación de forma definitiva.

Así, si utilizamos una estrategia de creación de alternativas en paralelo, será más fácil adaptarse a los problemas que surjan y no tener que paralizar todo el proyecto.

Conclusión

Decidir, al fin y al cabo, implica poder planificar el futuro y organizar todos los elementos que en él intervienen con el objetivo de conseguir fines específicos.

El hecho de que las empresas tengan que decidir constantemente entre una u otras opciones, y que tengan que actuar en diferentes ámbitos de la organización (trabajadores, inversiones, rentabilidad, plan de negocio, ingresos y costes, etc.) para garantizar que todo funciona como un perfecto engranaje, hace que el proceso de toma de decisiones resulte francamente importante, y que deba meditarse bien la situación en cada caso.

Sin embargo, equivocarse forma parte del proceso, y deberá contemplarse como algo posible y de lo que aprender para poder avanzar día a día.