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Jiddu Krishnamurti: biografía de este filósofo


Jiddu Krishnamurti ha sido una de las grandes luces espirituales del siglo XX, despertador de conciencias y admirado por muchos. Inicialmente visto como un nuevo mesías, en un momento de su vida hubo un cambio tan profundo que rechazó cualquier título de maestro o autoridad.

Su máxima fue la de que el descubrimiento personal no viene de fuera, en formas de dogmas y religiones, sino mirando hacia dentro, en nuestro interior, que es el lugar de donde tendremos la respuesta a la cuestión sobre quienes somos.

La vida de Jiddu Krishnamurti es un largo trayecto, con sus giros y altibajos, en los que tuvo el honor de codearse con grandes figuras de su época e influyó en el pensamiento filosófico del siglo XX.

Veamos en profundidad quién fue este gran pensador a través de una biografía de Jiddu Krishnamurti.

Breve biografía de Jiddu Krishnamurti

De ser un niño hindú cualquiera a ser visto como el nuevo mesías, el “instructor del mundo”. Esta sería la respuesta más breve y sencilla a la pregunta “¿quien fue Jiddu Krishnamurti?”.

Dando más detalle, diríamos que fue un conocido escritor y orador en filosofía y espiritualidad, nativo de la India pero que tuvo la ocasión de viajar a países como Inglaterra y Estados Unidos, además de influir en el movimiento separatista hindú. Su vida es muy extensa, de 90 años llenos de experiencias místicas de todo tipo.

Primeros años: bautizado en honor al dios pastor

Jiddu Krishnamurti nació el 12 de mayo de 1895 en Madanapalle, en el actual estado de Andhra Pradesh, al sur de la India. Al ser el octavo hijo de la familia Jiddu recibió el nombre del dios pastor Krishna, con quien compartía esta característica.

Su padre fue Jiddu Naraniah, un funcionario público de poca importancia pero que develó una vocación espiritual en 1882 al incorporarse a la Sociedad Teosófica. Su madre, Sanjeevamma, aseguraba tener poderes psíquicos, diciendo que experimentaba visiones y podía ver los colores del aura de las personas. La madre se entregó con gran dedicación al pequeño Krishna, quien era débil de salud, atacado por frecuentes ataques de malaria.

Sanjeevamma dedicaba sus tardes a ilustrar a Jiddu Krishnamurti leyéndole las escrituras sagradas hindúes, hablándole sobre el dios del que recibía su nombre, del Karma y la reencarnación. La madre de Krishnamurti aseguraba ver en el jardín de casa a una hija que había muerto prematuramente, preguntándole a su hijo si él también la veía.

Las tardes que pasaba con su madre fueron siempre un grato recuerdo para Krishnamurti y, cuando esta falleció en 1905, le invadió un terrible dolor. Krishna apenas tenía 10 años cuando su madre partió pero, sabiendo que ella era psíquica y que se reunía con los espíritus, le sirvió para superar la terrible pérdida y sentir que, en cierta manera, estaba con él.

El joven Jiddu Krishnamurti no destacó en los estudios. Su falta de interés en clase y su actitud un poco alienada hizo que sus profesores pensaran que tenía algún tipo de discapacidad intelectual. Su mal rendimiento académico y la muerte de su madre se sumó a otra mala noticia que fue la jubilación obligada del padre, cuya pensión apenas daba para mantener a la familia.

Traslado a Adyar y contacto con la Sociedad Teosófica

Viendo que solo trabajando conseguiría que la familia siguiera para adelante, el patriarca se vio obligado a pedir trabajo en la sede de la Sociedad Teosófica, ubicada en la ciudad de Adyar. La directora de la entidad, Annie Besant, decidió darle trabajo, presionada por su incansable insistencia.

La Sociedad Teosófica había sido fundada por madame Helena Petrovna Blavatsky, ciudadana rusa que había vivido en el Tíbet y que había estado en contacto con los Maestros de la Hermandad Oculta. Esta señora posteriormente conocería al coronel Henry Steel Olcott, un investigador psíquico de los EE.UU., y juntos fundarían la organización, que tenía la misión de estudiar las antiguas sabidurías y la exploración de fenómenos paranormales.

Dado el nuevo trabajo del padre, la familia Jiddu se trasladó a Adyar para estar más cerca de la sede de la Sociedad Teosófica. En ese momento la institución estaba pasando por un momento crítico, puesto que había adquirido fuerza el planteamiento de la venida de un nuevo mesías en muchos círculos esotéricos. Blavatsky, años atrás, había postulado que el propósito de la Sociedad era preparar ese advenimiento que no iba a tardar mucho en llegar, pese a que ella moriría sin poderlo ver en 1891.

Tras el fallecimiento del coronel Olcott en 1907 Annie Besant se convertiría en la presidenta de la Sociedad y decidiría reincorporar en un cargo de alta responsabilidad a Charles Webster Leadbeater, ex clérigo anglicano que aseguraba tener poderes de clarividencia. La figura de Leadbeater sería clave para la vida de Krishnamurti, puesto que este clérigo sería el que, gracias a una serie de coincidencias, creyera ver en la figura del joven Krisha la llegada del advenimiento tan esperado en la Sociedad.

Estando la familia Jiddu en Adyar el 1908 Krishnamurti asistía a un colegio de la zona y, por las tardes, jugaba con sus hermanos junto al río, cerca de la sede. Fue a orillas del río en el que Leadbeater descubrió al joven, viendo en él un aura singular, carente de egoísmo alguno. Esto hizo creer a Leadbeater que sería un gran orador y maestro espirtual. Es por esto que el ex clérigo solicitó a su padre que permitiera encargarse de la educación de Krishnamurti y su hermano pequeño Nitya.

Leadbeater estaba convencido de que Krishnamurti era el mesías tan esperado por la Sociedad y círculos esotéricos asociados, mientras que su hermanito Nitya sería su acompañante espiritual en vida. Leadbeater predijo que ambos serían grandes, que sería fundamentales para la historia, y que en sus vidas anteriores fueron discípulos del mismísimo Buda.

Annie Besant escuchó las afirmaciones de Leadbeater, convenciéndose y yendo todavía más allá. Besant creía que Jiddu Krishnamurti era ni más ni menos “el instructor del mundo”, el Bodhisattva Maitreya, que se estaba manifestando a través del cuerpo del joven. Aprovechando el respaldo de Besant y su fanatismo, Leadbeater logró sacar a los dos hermanos de su casa paterna y llevarlos a vivir a la sede de la Sociedad Teosófica.

Nada más llegar a la organización, la Sociedad construyó un muro protector alrededor del joven futuro mesías Krishnamurti y su acompañante espiritual Nitya. Fue así como empezaron a ser introducidos en todo tipo de prácticas espirituales y, muy pronto, Krishnamurti otorgó a Annie Besant el título de madre.

Sin embargo, muchos vieron en la Sociedad una institución que pretendía hacer negocio del mesías. La Sociedad dependía, en su mayor parte, de donaciones y nadie hubiera considerado extraño que hubieran aprovechado el cuento de que el joven Krishna era el mesías para sacar provecho. Además, surgió el rumor de que Leadbeater era homosexual y que intentó sacar placer sexual del pequeño Krishna.

Cuando en 1911 Besant intentó llevarse a Krishnamurti a Inglaterra, su padre, quien había escuchado los rumores, inició un juicio para recuperar a sus hijos, juicio que acabó perdiendo. Así fue como el “mesías” inició su peregrinaje por el mundo entero, “protegido” por una organización que, más que escuela filosófica, tenía una visión propia de una secta.

Viaje a Inglaterra

Lo que iba a convertirse en un simple viaje hacia Inglaterra, de quizás poco más de un año, se convirtió en una estadía de diez, prolongandose hasta 1921. Jiddu Krishnamurit, quien hasta hacía nada era simplemente un niño hindú normal y corriente se había convertido en el futuro “mesías”, deambulando como huésped de las casas de grandes socios ricos de la Sociedad Teosófica. Estaba lejos de su familia, solamente acompañado de su hermano pequeño Nitya, descubriendo el mundo occidental en todo su esplendor.

Asistía a todo tipo de galas de sociedad, iba al teatro y era el centro de atención. Rodeado de todo tipo de lujos y nuevas experiencias, su vida estaba lejos de ser la propia de una mesías. se compraba ropa cara, desarrolló gusto por los coches y parecía que la vida espiritual había sido sustituida por una más terrenal.

Pero los caminos del destino son inescrutables y, en 1922, todo cambió. Ese año viajó junto con su hermano a Estados Unidos, concretamente a una propiedad ubicada cerca de Santa Bárbara, en California. Sería allí donde el joven Krishnamurti iba a despertar espiritualmente, cambiando el curso de su vida.

El joven empieza a padecer fuertes dolores, se desmaya y llama a su madre en su lengua nativa, pidiendo que lo lleven a un bosque de la India en donde decía haber seres poderosos. Entre sus dolores tenía visiones de Buda, de Maitreya y otros maestros de la jerarquía oculta. Es, tanto de acuerdo con su hermano Nitya como por el propio Krishnamurti, la apertura de su tercer ojo.

Tras ello, mantuvo una agenda bastante ocupada, viajando a diferentes países para asistir a convenciones preparadas por la Sociedad Teosófica, acompañado de su hermano. Pero, a diferencia de lo que Leadbeater y Besant le habían predicho, su hermano no iba a seguir acompañándolo más puesto que, un triste 13 de noviembre de 1925, el joven Nitya abandonó este mundo.

La pérdida de su hermano lo destrozó. Lloraba, gemía y sollozaba a gritos, recordando a su querido hermano. Parecía que su vida eran todo desgracias: primero, muere su madre; luego, lo separan de su padre y hermanos una organización misteriosa y turbia; y, finalmente, el único familiar que tenía a su lado, que le había estado acompañando 15 años, fallece repentinamente.

La muerte de Nitya despierta un gran cambio en la vida de Jiddu Krishnamurti y a la forma en cómo se veía a sí mismo. Besant y Leadbeater le habían dicho que él era el mesías, el instructor del mundo, y que su hermano iba a ser su acompañante, tal y como habían visto en sus predicciones. Pero una de ellas había fallado claramente, puesto que Nitya estaba muerto. Es entonces cuando duda sobre si es el mesías y, especialmente, de los poderes de sus dos maestros en la Sociedad Teosófica.

La ruptura con la Sociedad Teosófica

Tras la muerte de Nitya, Jiddu Krishnamurti empieza a distanciarse de la Sociedad Teosófica. Se independiza de las jerarquías impuestas por la organización y adopta un discurso y un mensaje más centrado en sí mismo. Demostraba su independencia en las convenciones que ofrecía, exponiendo su nuevo punto de vista aunque Annie Besant estuviera presente.

Al dar su más libre y pura opinión sentía como iba siendo cada vez más independiente, y compartió su visión de ser una misma unidad con el universo. Es a partir de 1927 cuando podemos decir que Krishnamurti empieza a hablar de una forma radicalmente opuesta a cómo promulgaba la Sociedad Teosófica sus enseñanzas. Estas nuevas nociones molestaron a la Sociedad, la cual empezó a difundir que no era el Señor Maitreya quien estaba hablando a través de Krishnamurti, sino espíritus malignos.

Krishnamurti defendía que cada uno solo puede encontrarse buscando en su interior, dejando de lado cualquier influencia exterior. Sean libros, amigos, escuelas de pensamiento o cualquier filosofía, todo ello no nos puede llevar a descubrir quiénes y cómo somos. Cómo somos solo lo obtendremos mirando en nuestro interior.

Era partidario de abandonar todas las fuentes de autoridad y, en especial, aquella que lo había designado como “el Instructor del Mundo”. Pasaba de ser un mesías que iba a guiar a todo el mundo a alguien que defendía que cada uno debía seguir su propia luz interior. Dijo, explícitamente, que deseaba que aquellos que quisieran comprenderle fueran libres, que no le siguieran, que no convirtieran sus pensamientos en una religión, en una secta.

Esta nueva forma de ver las cosas fue un escándalo en la Sociedad Teosófica. Jiddu Krishnamurti empezó a ser considerado un filósofo hostil a todas las creencias religiosas y renunció a la Sociedad Teosófica en 1930. Tan solo tres años después, su madre de adopción, Annie Besant, moriría.

Aislamiento del mundo

Hizo de la propiedad cerca de Santa Bárbara su hogar permanente y centro de prácticas. Entre 1933 y 1939 viajó varias veces a la India para ofrecer auditorios, pero el mundo y los medios de comunicación ya habían perdido el interés por este “instructor del mundo”. La Segunda Guerra Mundial lo encontró en Ojai, California, en donde pasó casi ocho años relativamente aislado.

Como era extranjero, el contexto de la guerra no le era favorable en territorio norteamericano y se le prohibió ofrecer conferencias, además de que debía presentarse con regularidad ante la policía. Pero pese a ser tiempos difíciles tuvo la ocasión de codearse con grandes personajes de la época, entre los cuales se encontraban Aldous Huxley, Greta Garbo, Charlie Chaplin y Bertrand Russell.

Pese a que 1945 fue el fin de la sangrienta guerra y momento feliz a nivel mundial, Jiddu Krishnamurti no pudo decir lo mismo, puesto que cayó gravemente enfermo. Padeció problemas urinarios, tuvo altas fiebres y pasó la mayor parte de los días inconsciente. Los médicos lo examinaron, pero fueron incapaces de diagnosticar ni tratar su enfermedad. Pero de la misma manera que vino, la enfermedad se fue como por arte de magia, sin razón explicable. Esto lo aprovechó Krishnamurti como ejercicio para su espiritualidad.

Pensador de la India independiente

El 15 de agosto de 1947 la India proclama su independencia tras una larga lucha no violenta conducida por Mahatma Gandhi. Krishnamurti volvería a su tierra natal tan solo dos meses después que esta se hubiera separado del Imperio Británico y convertido en un nuevo estado. Pese a la libertad, la India pasaba por una crisis política que la había dividido socialmente, pero Krishnamurti sirvió de apoyo espiritual para todos que habían hecho posible la independencia.

Sin embargo, Krishnamurti se atrevió a decir a sus seguidores, entre los cuales habían luchado con todas sus fuerzas por la independencia, que la acción política y social jamás podría cambiar al mundo profundamente. Era el individuo mismo quien debía transformarse radicalmente para poder cambiar al sistema, y si esperaba que fuera el sistema quien cambiar a las personas, su espera era tiempo perdido.

Pese a sus críticas con la idea de la autoridad, Mahatma Gandhi recibió muy bien a Jiddu Krishnamurti y, de hecho, el gobierno de la India independiente tomó mucha consideración por lo espiritual. El primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru, se reunía con Jiddu Krishnamurti para intercambiar ideas sobre el destino del país.

Tuvo también una muy estrecha relación con Indira Gandhi, hija de Jawaharlal Nehru. Compartieron muchas misivas, cuestionándose si el mundo había llegado a un punto muerto, si era necesario, promover un cambio de acción desde el individuo. Lamentablemente, la relación se rompió cuando Indira fue asesinada un 31 de octubre de 1984 a manos de su propio guardaespaldas. En ese momento, Krishnamurti quedó gravemente afectado.

Últimos años

Tras la muerte de Indira Gandhi, Krishnamurti volvió a padecer dolores físicos. Se desmayaba, le dolían las muelas y sentía un fuerte dolor en la nuca, en la coronilla y en la espina dorsal. Era bastante optimista, puesto que verdaderamente pensaba que el origen de estos dolores era que algún tipo de fuerza sobrenatural le estaba limpiando el cerebro completamente, vaciándolo. Fuera como fuera, nada aliviaba su dolor, que venía y se iba a su libre voluntad.

Krishnamurti vinculaba estos dolores con su crecimiento espiritual. Pese a que eran verdaderamente fuertes, no cesó nunca sus actividades de difusión de su enseñanza ni transformó su mensaje, en el que postulaba el crecimiento espiritual basado en el conocimiento procedente del interior de cada ser humano y no de dogmas externos.

Aunque ya hacía mucho tiempo de cuando pensaban que era un nuevo mesías, Jiddu Krishnamurti había adquirido una notable celebridad e importancia a nivel mundial. Aún teniendo 90 años no paraba, viajando y dando conferencias. Lamentablemente, el fin se acercaba y en enero de 1986, quizás viendo muy cerca la muerte, dio sus últimas charlas en la India y se despidió de sus discípulos.

El 10 de enero de ese mismo año quiso volver a pasear por la playa de Adyar, la misma ciudad en donde, 75 años atrás, había sido descubierto por Leadbeater como el “instructor del mundo”. Poco después, el 17 de febrero de 1986, afectado por un cáncer de páncreas, Jiddu Krishnamurti daba su último aliento en Ojai, Estados Unidos.

Referencias bibliográficas:

  • Lutyens, M. (1990). The life and death of Krishnamurti (1st UK ed.). London: John Murray. ISBN 978-0-7195-4749-2.
  • Lutyens, M. (1995). The boy Krishna: the first fourteen years in the life of J. Krishnamurti (pamphlet). Bramdean: Krishnamurti Foundation Trust. ISBN 978-0-900506-13-0.