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5 señales de que estás pasando por una crisis existencial


Una crisis existencial es tan intensa emocionalmente como complicada de entender e incluso de detectar. Por ello, muchas personas sufren el malestar asociado a esta clase de experiencias sin ser conscientes de lo que les ocurre, y asumiendo que no pueden hacer nada para mejorar su bienestar.

En las siguientes líneas encontrarás un resumen de las ideas clave para saber detectar una crisis existencial, que es el primer paso para ponerle remedio.

¿En qué consiste sufrir una crisis existencial?

Definir lo que es una crisis existencial es complejo, y de hecho es una tarea que ha supuesto un reto tanto para la filosofía como para la psicología. El motivo de esto es que hace referencia a nuestra manera de experimentar los pensamientos más abstractos (y, por ello, difusos y cambiantes) que hay: los del sentido de la vida. De un modo resumido, una crisis existencial es el malestar que sentimos al notar la ausencia de algo que dé sentido y/o finalidad a nuestra existencia.

Parte de lo que explica que podamos sentirnos de esta manera tiene que ver con nuestra capacidad para pensar a largo plazo, por un lado, nuestra consciencia de que nuestra vida llegará a su fin, por el otro, y nuestra predisposición a sentir aversión a la incertidumbre. Como podemos pensar a largo plazo y sabemos que somos mortales, podemos pensar en nuestras vidas como un proyecto con inicio y final, una cadena de etapas que llevan a la obtención de un resultado.

Pero, a la vez, no tenemos referencias para saber en qué debe consistir ese proyecto de toda nuestra vida, de toda nuestra existencia, y eso produce una intensa incertidumbre que va de la mano de la angustia.

Por otro lado, el concepto de crisis existencial es tan complejo que hay filósofos que han partido de él para desarrollar sus maneras de entender el mundo. Desde el existencialismo, por ejemplo, autores como Jean Paul-Sartre han llegado a defender la idea de que los seres humanos vivimos siempre en mayor o menor medida en una crisis existencial, ya que el simple hecho de existir no va de la mano de una finalidad o un motivo concreto para vivir, algo a lo que tiendan nuestras acciones de manera natural.

Desmotivación por crisis existencial

5 señales de alerta para identificar una crisis existencial

Como hemos visto, la crisis existencial tiene que ver con la falta de referencias para saber cuál es la finalidad o el valor de lo que hacemos, y de nuestras vidas en general. Por ello, muchas veces esta idea es asociada al concepto de nihilismo, aunque no es exactamente lo mismo.

La persona que sufre una crisis existencial (por ejemplo, al abandonar la religión en la que ha sido socializada y educada desde la infancia) nota una tensión entre el deseo de notar que hay una intención genuina y con valor tras sus acciones, y la creencia de que al menos en ese momento, no la hay. Por el otro lado, una persona nihilista no tiene por qué desear encontrar un sentido a su existencia, simplemente niega que puedan existir un “sentido de la vida” y otros principios rectores de la existencia humana, como por ejemplo una moral válida universalmente.

Así, quien pasa por una crisis existencial quiere cambiar esta situación, o al menos hacer que quede mitigada, pero no siempre es fácil reconocer cuál es la fuente del malestar. Por ello, aquí repasaremos las principales señales para identificar una crisis existencial, aunque no tienen por qué aparecer todas en una misma persona.

1. Dejas que sean los demás quienes imponen las referencias de vida

Vivir una crisis existencial también significa adoptar una actitud de pasividad y conformismo a la hora de decidir qué hacer. Como no hay valores o ideas fuertes que guíen la propia conducta, se actúa por imitación y buscando la manera más fácil de adaptarse a corto plazo a las circunstancias en las que uno vive.

2. Sientes envidia de quienes parecen comprometidos con una causa

Las personas que pasan por una crisis existencial experimentan un nivel significativo de envidia por quienes se sienten estimulados y muy involucrados en un proyecto en el que participan, incluso aunque no simpaticen con las causas de esa persona. Es decir, se envidia no aquello en lo que participan, sino el hecho de poder participar activamente en algo, conectando con una serie de valores y de finalidades a largo plazo.

3. Sufres un problema de soledad

La soledad no buscada es una de las consecuencias más notables de la crisis existencial.

Incluso aunque te rodees de muchas personas en el día a día y tengas un trato amigable con ellas, la falta de valores y de un sentido de finalidad de la vida hace que la conexión emocional con los demás sea complicada, aunque la empatía siga estando ahí.

Esto ocurre porque la crisis existencial nos hace tender a la introspección, a cuestionarnos aspectos de nuestra existencia como individuos, y lo social queda en segundo plano.

4. Te resulta casi imposible visualizar cuál será tu futuro

Ante la falta de referencias sobre el sentido de la vida, el futuro pasa a ser solamente una gran incógnita, ya que no nos vemos escalando por él a través de proyectos que hablen de nosotros y de lo que queremos.

5. Te cuesta identificarte con tu “Yo” del pasado

Todo aquello que te interesaba profundamente antes de desarrollar la crisis existencial pierde su sentido, y por eso, en retrospectiva, todo lo que hacías y creías que era importante para ti pasa a parecer extraño.

¿Qué hacer para afrontar este tipo de malestar?

La mejor manera de gestionar esta desagradable experiencia es acudir a psicoterapia. Asistir al psicólogo no es algo que deba hacerse solo cuando sospechamos que hemos desarrollado un trastorno mental: también se da apoyo a personas que sienten formas de malestar más difusas, no psicopatológicas.

En las sesiones de terapia psicológica se exploran las posibles actividades y proyectos capaces de ilusionar a la persona, estudiando sus valores, intereses y predisposiciones. También se identifican los aspectos del día a día que pueden estar alimentando ese sentimiento de que nada importa o tiene interés. A partir de ahí, se pone en marcha un programa de intervención basado en nuevos hábitos, maneras de gestionar las emociones, y cuestionamiento de creencias disfuncionales. De esta manera, una manera distinta de vivir la vida da lugar a una nueva manera de interpretar las cosas y un modo más rico y lleno en matices de apreciar la vida.