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​La obligación de ser (o parecer) felices


¿Quién no quiere ser feliz?

Yo.

Hoy esa pregunta recorre las calles, golpea las puertas de las casas y entra en la cabeza de cualquier persona. La felicidad ya no es un objetivo o un simple estado del que disfrutar, la felicidad es una obligación. Hay que ser felices a todas horas, por todo y, en la medida de lo posible, hacer partícipes a los demás de esa felicidad.

Hallar la felicidad en los libros de autoayuda

No existe un consenso sobre un ideal de felicidad. Sin embargo eso no impide que las librerías aparezcan infestadas de autoayuda. Que si al final esto va de autoayudarse… ¿por qué nos iba a servir a todo el mundo el libro del mismo charlatán vendehúmos? Los libros no distan mucho entre sí, ni distan tampoco de la doctrina neoliberal que impregna esta Europa del XXI. “Usted hágalo todo por sí mismo que yo seguiré dando conferencias pagadas con dinero público de sus impuestos”.

Al final te encuentras a alguien que trabaja 10 horas al día haciendo horas extra gratis y que, a través de sus impuestos o de lo que deja de ganar, se paga a un tipo que va a la empresa a decirles que tienen que ser más felices, más empleables, más positivos, con actividades para fomentar el “teambuilding” que citando al Nega se traduciría en “hacer el mamón”.

La felicidad no es aquello que nos han contado

Vuelvo a decir que no quiero ser feliz. Si la felicidad era esto. Entiendo que la felicidad tendría que cimentarse en otras cosas. Para Freud o Flaubert en la estupidez como base de la misma. Prefiero, como decía la canción, pensar en salud, dinero y amor. En tiempo para poder disfrutar. Y poco más. No es mucho pedir. O sí, hoy en día parece que es mucho pedir.

Pero una cosa es que tener dinero o tiempo sea complicado y otra, bien diferente, es que tengas que estar feliz por no poder pagar la casa. Entendiendo la felicidad como ese estado de perpetuidad de la sonrisa, del optimismo y del buen rollito. Evidentemente en cualquier vida caben momentos buenos, de alegría pese a las dificultades. Pero se hace imposible ante determinadas circunstancias alcanzar la felicidad 24 horas al día non stop que proponen los gurús del New Age, la autoayuda, el coaching y demás coelhismo.

La dictadura del parecer normal

Decía Sartre: “No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro”. No me atrevería a decir que hubo tiempos mejores, pues esta época ha supuesto grandes avances, sobre todo en esperanza de vida (podríamos valorar si alargar la vida es bueno o malo en según qué condiciones pero parece claro que casi todo el mundo quiere vivir más).

Lo que sí creo es que hay vidas mejores, gente que tiene más suerte (nacer es casualidad) pero no podemos intercambiarnos por tanto hemos de intentar vivir lo mejor posible la nuestra, la que tenemos. Pero que no venga nadie a exigirnos nada y mucho menos ser felices bajo sus ideales de supuesta felicidad. A la famosa frase de “cada persona tiene lo que se merece” habría que responder con violencia. Digamos no al postureo de querer aparentar ser feliz.

He decidido que no quiero ser feliz

No quiero ser feliz. Siempre que me he visto delante de un plato que pintaba apetitoso he pensado en comerlo y no en hacerle fotos, cuando he estado de fiesta he pensado en seguir bebiendo y disfrutando no en pararme a hacer selfies y si he salido a correr, al gimnasio o a cualquier lugar que implicase hacer actividad deportiva he pensado en hacerlo y luego en ducharme, no en escribir hashtags.

No soy por tanto un ejemplo de felicidad, más bien de todo lo contrario. La cosa es…¿y tú?