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¿Qué es la perspectiva de género en tratamiento de adicciones?


El tratamiento de las adicciones no es un simple proceso mecánico en el que los profesionales de la salud realicen intervenciones siguiendo un manual de instrucciones para curar a las personas. Esta manera unilateral de afrontar las patologías sería un fracaso, porque cada individuo vive la enfermedad de una manera diferente y está atravesado por variables y particularidades que requieren un tratamiento a medida.

En definitiva, es importante adaptarse a cada caso y saber escuchar, pero no solo eso; también hay que preguntarse si el modo en el que hay que enfocar el tratamiento se fundamenta en presuposiciones infundadas acerca de lo que esa persona quiere y necesita. Y en este sentido, tener en cuenta el género es primordial.

Es por eso que en este artículo vamos a ver un resumen acerca de para qué sirve la perspectiva de género en el tratamiento de las adicciones.

¿Qué implica adoptar la perspectiva de género en el tratamiento de las adicciones?

Los trastornos de tipo adictivo se caracterizan por su complejidad y por el hecho de que, aunque esta clase de enfermedades tienen una base orgánica evidente, en ellas también juega un papel fundamental la dimensión psico-social que experimentan las personas.

Es decir, que tras una adicción hay variables de tipo biológico como por ejemplo las predisposiciones genéticas o el mal funcionamiento de varios componentes del cuerpo humano, como el sistema nervioso o el endocrino, pero más allá de esto, también participa en ella el modo en el que la persona interactúa con el entorno (y el tipo de entornos a los que se expone).

En este sentido, la perspectiva de género es una herramienta analítica muy importante, porque nos lleva a preguntarnos por el modo en el que el género como construcción social y modelos de organización de las personas se plasma en diferentes maneras de desarrollar y experimentar adicciones.

En concreto, pone énfasis en las implicaciones que el género tiene en la salud de las personas que no son hombres cisgénero, dado que, históricamente, se ha asumido que “ser humano” es prácticamente un sinónimo de hombre heterosexual que se identifica con el género que le ha sido asignado al nacer.

Así pues, la perspectiva de género aplicada al tratamiento de las adicciones nos lleva a plantearnos si realmente todas las personas que se apartan de ese “modelo” sufren los trastornos adictivos de una manera equiparable al asociado al género masculino.

Hay que tener en cuenta que la perspectiva de género es el campo de investigación desde el que se cuestionan “ideas por defecto” asociadas a la presuposición de que el hombre cisgénero es la medida de todas las cosas, que todos los problemas que afectan a los seres humanos deben ser abordados desde la perspectiva de esta parte de la población. Es por ello que nos ayuda a ampliar nuestra perspectiva sobre aquello que debe ser investigado, el tipo de problemas a los que hay que dar solución, y las diferentes maneras que hay de ayudar a las personas.

¿Para qué sirve en la atención a pacientes?

La perspectiva de género da cuenta de las diferencias que existen a la hora de vivir y experimental la realidad dependiendo del género de las personas. En este sentido, tiene en cuenta tanto diferencias correspondientes al sexo biológico como a la identidad de género y el dispositivo de género que se aplica al individuo (es decir, las formas de presión social o incluso las diferentes maneras en las que se aplican las normas dependiendo de si se nos ve como hombres o como mujeres).

Algunos ejemplos de lo que significa esto a la hora de ayudar a las personas con adicciones son las siguientes.

1. Las mujeres tienden a usar algunas drogas para calmar la ansiedad

Se ha comprobado que en el consumo de drogas como el tabaco, las mujeres tienen una mayor predisposición que los hombres a usar la nicotina para aliviar las emociones negativas como la ansiedad, mientras que los hombres muestran mayor predisposición a hacerlo por el sentimiento de satisfacción que les aporta la experiencia de fumar (una vez ya se ha consolidado la adicción).

Esto tiene implicaciones en el modo en el que esta clase de adicciones debe ser abordada tanto desde la medicina como desde la terapia psicológica.

2. Las mujeres embarazadas son más vulnerables ante las adicciones

El hecho de poder tener un embarazo es una de las diferencias cualitativas entre el sexo femenino y el masculino. Además, durante la gestación, las embarazadas son más vulnerables a las consecuencias negativas de las adicciones, tanto por las complicaciones que pueden surgir en el embarazo como por la presión que implica velar por la salud no solo de una misma, sino también del bebé. Esto no es fácil de gestionar emocionalmente.

Perspectiva de género y embarazo

3. Las mujeres tienen un mayor riesgo de caer en el consumo de drogas ilegales si han sufrido abusos en la infancia

Otra de las maneras en las que el género influye en le desarrollo de adicciones tiene que ver con los roles asignados a las mujeres, entre los cuales destaca la idea de que la conformidad y el espíritu de sacrificio es una virtud; por ello, muchas tienen más problemas que los varones a la hora de afrontar situaciones de abuso infantil o maltrato en casa, lo cual predispone a adoptar manera de gestión de las emociones de tipo autodestructivo.

4. Las personas transgénero están más desamparadas

El género también influye mucho en el modo en el que la sociedad trata a las personas dependiendo de si son cisgénero o no. En este sentido, se sabe que las personas transgénero son víctimas de una fuerte estigmatización y de dinámicas sociales de discriminación, lo cual favorece la aparición de trastornos psicológicos y complicaciones como las adicciones. Además, el riesgo de sufrir maltrato en los contextos de atención a la salud es mayor en esta parte de la población.

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