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Hipervigilia: ¿qué es y cuáles son sus causas?


Trastornos psicológicos como la esquizofrenia y la manía o el consumo de drogas alucinógenas y de agonistas noradrenérgicos puede causar hipervigilia, es decir, el aumento patológico del nivel de conciencia, que causa una sensación subjetiva de lucidez pero también distraibilidad.

En este artículo describiremos qué es la hipervigilia y cuáles son sus causas principales.

¿Qué es la hipervigilia?

Podemos definir la hipervigilia como un fenómeno que consiste en el aumento del nivel de alerta, de atención y de conciencia. Aunque el concepto suele estar asociado a la psicopatología, en particular al espectro de la psicosis y a los episodios de manía propios del trastorno bipolar, también puede darse hipervigilia en personas sin alteraciones de este tipo.

No obstante, en general el término se utiliza para hablar de hechos psicopatológicos. En este sentido, la hipervigilia ha sido descrita sobre todo como pródromo del desarrollo de ciertos trastornos psicológicos, relacionados tanto con la actividad mental consciente como con la alteración temporal o permanente de su base biológica: el sistema nervioso central.

Desde un punto de vista conceptual, la hipervigilia se enmarca dentro de la categoría de los trastornos de la consciencia. De modo más concreto, se trata del fenómeno más representativo de las alteraciones positivas (o por ampliación) de la consciencia. Por contra, la disminución del nivel de alerta forma parte de los trastornos deficitarios de la conciencia.

Las personas que experimentan hipervigilia suelen referir una sensación subjetiva de aumento de la claridad de consciencia acompañada por un incremento en el número de movimientos, incluyendo los que son necesarios para el lenguaje hablado; en relación a este último punto la hipervigilia se asocia con la taquipsiquia (aceleración de la actividad mental).

Sin embargo, los estudios revelan que el aumento en el nivel de conciencia no implica una mejora en las tareas de atención: las experiencias de hipervigilia normalmente se producen de forma simultánea con un estado de distraibilidad, por el cual los sujetos tienen una mayor facilidad para cambiar el foco de atención en respuesta a estímulos no necesariamente relevantes.

Causas de este trastorno de la consciencia

Existen dos conjuntos de causas principales que pueden provocar hipervigilia. El primero de ellos incluye dos grupos de alteraciones psicológicas con una clara base biológica: los trastornos psicóticos y los episodios maníacos.

La otra gran causa de hipervigilia es el consumo de sustancias psicoactivas como la cocaína, la anfetamina y los alucinógenos.

1. Esquizofrenia y otras psicosis

Según los manuales diagnósticos DSM, los trastornos psicóticos se caracterizan por la presencia de alucinaciones (que suelen ser auditivas en las alteraciones funcionales), ideas delirantes rígidas, desorganización del lenguaje (manifestado por ejemplo en la fuga de ideas) y de la conducta, así como por síntomas negativos como el aplanamiento afectivo.

Los brotes psicóticos son episodios en los que se produce una ruptura del contacto con la realidad, normalmente a causa de estrés intenso y/o del consumo de sustancias, sobre todo si tienen efectos alucinógenos en algún grado (lo cual incluye al cannabis). En ocasiones se da hipervigilia en el contexto de un brote, que puede o no preceder a un diagnóstico de esquizofrenia.

2. Episodios maníacos

La manía se define como un incremento patológico de los niveles de energía, de alerta y de activación cerebral, así como del estado de ánimo. Cuando se producen episodios maníacos repetidos en una misma persona se utiliza el diagnóstico de trastorno bipolar; para esto resulta más clave la aparición de manía que la de depresión, también característica.

La hipervigilia es uno de los signos más evidentes de los episodios maníacos. En estos casos es muy habitual que la persona muestre un comportamiento hiperactivo y poco reflexivo, un aumento en el ritmo del pensamiento y del habla, distraibilidad ante la aparición de estímulos externos irrelevantes o una reducción de la necesidad subjetiva de dormir.

3. Sustancias alucinógenas

Los alucinógenos, psicodélicos o psicotomiméticos son un grupo de sustancias psicoactivas que provocan alteraciones significativas en la percepción, en la cognición y en la emoción. Su nombre resulta engañoso, puesto que raramente provocan verdaderas alucinaciones; por ejemplo, muchos alucinógenos causan un aumento de la sensibilidad visual o la distorsionan.

La sustancia más característica de este grupo es el ácido lisérgico o LSD, que fue muy popular a mediados del siglo XX. El mecanismo de acción de esta droga se relaciona con su capacidad para interactuar con receptores de dopamina, adrenalina y serotonina, y por lo general su consumo genera una sensación de euforia y de aumento de la conciencia del yo.

Otros alucinógenos muy conocidos son la mescalina (que se obtiene del cactus peyote), la ayahuasca (asociada a experiencias de trascendencia personal), la psilocibina (conocida normalmente por el nombre “hongos alucinógenos”) y el éxtasis o MDMA, una droga sintética que sigue siendo popular a día de hoy en entornos de ocio nocturno.

4. Agonistas de la noradrenalina

La noradrenalina es uno de los neurotransmisores más importantes del sistema nervioso central humano, además de actuar como hormona en el sistema endocrino. Sus funciones se relacionan con la excitación (o activación) cerebral; entre estas encontramos el mantenimiento del estado de vigilia, la gestión del foco de atención o las respuestas de lucha y huida.

Las dos principales sustancias psicoactivas con efectos agonistas en la noradrenalina son la cocaína y la anfetamina. La cocaína bloquea la recaptación de noradrenalina, así como la de dopamina, la de serotonina y la de adrenalina, por parte de los terminales presinápticos; la anfetamina tiene efectos similares pero también potencia la liberación de dopamina.

Por otro lado, también existen varios medicamentos cuyo uso ha sido aprobado y que, dado que potencian la actividad noradrenérgica, podrían provocar hipervigilia si se consumen en dosis excesivas. Antidepresivos como los IMAO, los tricíclicos o la reboxetina (el principal inhibidor selectivo de la recaptación de noradrenalina) son buenos ejemplos de esto.