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Estrés traumático secundario: síntomas, causas y tratamiento


El trastorno por estrés postraumático es ampliamente conocido, manifestándose en personas que han sido víctimas o testigos de un evento altamente estresante. Estas personas deben ser ayudadas con tratamiento psicológico, dado que el acontecimiento les provoca secuelas.

Sin embargo, vivir un evento trágico no es la única forma de sufrir estrés traumático. Las personas quienes ayudan, tanto en una emergencia como en consultas, pueden sufrir síntomas asociados al TEPT, pese a no haber vivido el acontecimiento estresante de primera mano.

El estrés traumático secundario es un cuadro psicológico muy común en personas quienes realizan trabajos humanitarios. A continuación veremos más a fondo qué es, cuáles son sus factores de riesgo, intervención y prevención.

¿Qué es el estrés traumático secundario?

El estrés traumático secundario es definido como un cuadro psicológico en el que se dan emociones y conductas negativas al enterarse de un evento traumático experimentado por otra persona.

Es decir, se da cuando una persona que trabaja con frecuencia con personas que se han visto damnificadas, habitualmente en el sector humanitario, se ve afectada por ese dolor ajeno de forma patológica. A este fenómeno psicológico también se lo conoce como traumatización vicaria, traumatización secundaria, persecución secundaria y tensión secundaria traumática.

Los desastres naturales, abusos sexuales y guerras pueden afectar a nivel psicológico a muchas personas. A primera vista, puede parecer que solo afecte a los directamente afectados, como heridos, víctimas sexuales o personas que han perdido el hogar, además de sus familias y testigos presenciales del acontecimiento. Sin embargo, también puede afectar a los ayudantes y trabajadores especializados en situaciones de emergencia y las personas que, en una consulta médica o psicológica, atienda a los damnificados.

Conocer las tragedias de otras personas es fuente de estrés, un estrés que, acumulado, puede ocasionar un cuadro auténticamente psicopatológico. El estrés traumático secundario es la materialización de ese estrés acumulado, el cual no se ha podido reducir ni liberar a causa de no haber pedido ayuda.

El motivo por el que muchos trabajadores humanitarios no busquen ayuda profesional tiene que ver con la propia mentalidad de los colectivos que intervienen en personas víctimas de tragedias, asociada a la idea de que quienes ayudan deben ser fuertes, no solicitantes de ayuda. Ya sea por una dificultad en reconocer que se padece estrés o porque se teme la estigmatización dentro de su grupo de trabajo, muchas personas auxiliadoras no solicitan intervención sobre su estrés hasta que no le ha causado un enorme sufrimiento físico y psicológico.

Factores de riesgo

Como hemos visto, las personas quienes suelen sufrir estrés traumático secundario son trabajadores que ayudan a otras personas, ya sean en situaciones de emergencias como tratándolas en consulta, tanto médica como psicopatológica.

Entre los factores que pueden incrementar el riesgo a manifestarlo, encontramos a quienes tienden a eludir los problemas o sentimientos conflictivos propios, ya sea culpando a los demás de sus dificultades o que se alejan cuando las cosas se ponen difíciles.

No hace falta ser un trabajador humanitario para padecer este estrés. Las personas quienes han sufrido una experiencia traumática, es decir, que han vivido estrés traumático primario, tienden a identificarse más estrechamente con personas quienes también hayan sufrido una situación traumática, pudiendo sufrir estrés traumático secundario. Es decir, sufrirían por doble.

No disponer de un buen apoyo social puede ocasionar que se dé este cuadro al conocer eventos traumáticos ajenos y, además, que éste empeore. No poder hablar libremente de lo que se siente o tener miedo al qué dirán, como es el caso de muchos trabajadores humanitarios, es el principal factor de riesgo en profesionales de emergencias y ciencias de la salud.

También relacionado con las profesiones en las que se ayuda a otras personas, el hecho de que el profesional tenga unas expectativas muy altas de cómo se debe auxiliar a otra persona, ya sea en una situación traumática, enfermedad médica o trastorno mental, y ver que éstas no se cumplen es un gran fuente de ansiedad. Esto puede alterar el sistema de creencias, pensando que no se vale para el trabajo que se desempeña y teniendo remordimientos por creer que no hizo todo lo que podía.

Evaluación del estrés traumático secundario

Desde tiempos del DSM-III (APA, 1980) se ha ido estableciendo al estrés traumático secundario como un cuadro clínico diagnosticable, desarrollándose, desde una perspectiva multidimensional, varios instrumentos de evaluación y diagnósticos de este trastorno en concreto. Ha sido partiendo desde este enfoque multidimensional lo que ha hecho que se desarrollen cuestionarios, entrevistas y medidas psicofisiológicas variadas.

Entre algunos de los instrumentos de evaluación podemos mencionar la “Mississippi Scale for Combat-related Posttraumatic Stress Disorder”, la “PTSD Symptom Scale”, la Escala de Gravedad de Síntomas del TEP, el “Harvard Trauma Questionnaire” y el “Penn Inventory for PTSD”. Estas escalas tienen la peculiaridad de que son específicas, validadas en poblaciones concretas, como refugiados y víctimas de guerras o catástrofes naturales.

En cuanto a las herramientas de evaluación en formato entrevista, podemos encontrar la “Posttraumatic Stress Disorder Interview” y la “Structured Clinical Interview for DSM-III”. Como medida psicofisiológica, podemos encontrar como marcadores del estado del TEP el Test de la Clonidina.

Sin embargo, a pesar de que las similitudes en los criterios diagnósticos ya establecidos a partir del DSM-IV entre el trastorno por estrés postraumático (TEPT) y el estrés traumático secundario, el foco de atención se ha centrado en el primero, dejando un poco de lado al otro problema psicológico. La investigación se ha centrado más en tratar a las personas quienes han sido directamente víctimas de un acontecimiento traumático en vez de trabajar con aquellas personas quienes trabajan con este tipo de víctimas.

Es por esto que en 1995 Charles R. Figley y a B. Hudnall Stamm decidieron elaborar el “Compassion Fatigue and Satisfaction Test”, un cuestionario desarrollado como herramienta para medir específicamente síntomas de estrés traumático secundario en profesionales humanitarios.

Este instrumento consta de 66 ítems, 45 que preguntan aspectos de la persona en sí y 21 relacionados con el ambiente de ayuda, relacionados con el contexto de profesional del rescate. El formato de respuesta consiste en una escala Likert de seis categorías, yendo de 0 (nunca) hasta 5 (siempre). Como medidas del estrés traumático secundario, el cuestionario evalúa tres escalas.

1. Satisfacción de compasión

Esta escala evalúa el grado de satisfacción del profesional humanitario con respecto a aquellas personas a quienes presta ayuda, constando de 26 ítems. Puntuaciones altas indican un alto grado de satisfacción ayudando a otras personas.

2. Burnout

La escala de burnout evalúa el riesgo de que el profesional humanitario sufra este síndrome. Está formada por 17 ítems con los que, a mayor puntuación obtenida, mayor riesgo hay de que el profesional esté quemado con su trabajo.

3. Fatiga de compasión

La escala de fatiga de compasión está formada por 23 ítems que evalúan los síntomas de estrés postraumático relacionado con el trabajo o la exposición a material altamente estresante, (p. ej., vídeos pornográficos infantiles requisados a un pedófilo, fotografías de la escena de un crimen)

Tratamiento

Las líneas de intervención del estrés traumático secundario son muy parecidas a las del TEPT. El tratamiento más destacable, especialmente diseñado para este tipo de estrés en concreto, es el Programa de Recuperación Acelerado de Desgaste por Empatía de J. Eric Gentry, Anne Baranowsky y Kathy Dunning de 1992.

Programa de Recuperación Acelerado de Desgaste por Empatía

Este programa ha sido desarrollado para ayudar a los profesionales a establecer estrategias que les permitan recuperar su vida personal y profesional, tratando de solucionar tanto los síntomas como la fuente del estrés traumático secundario.

Son varios los objetivos de este programa:

  • Identificar y entender los factores que han disparado su sintomatología.
  • Revistar las habilidades que la mantienen.
  • Identificar los recursos disponibles para desarrollar y mantener buena resiliencia.
  • Aprender técnicas innovadoras para la reducción de la activación negativa.
  • Aprender y dominar habilidades de contención y mantenimiento.
  • Adquirir habilidades para el establecimiento del autocuidado.
  • Aprender y dominar el conflicto interno.
  • Desarrollo de la auto-administración posterior al tratamiento.

El protocolo del programa consiste en cinco sesiones, con las que se intenta cubrir todos estos objetivos.

Durante la primera sesión se parte de la evaluación con la escala Figley Compassion Fatigue Scale-Revised, combinadas con otras tales como Silencing Response Scale de Baranowsky (1997) y Solution Focused Trauma Recovery Scale de Gentry (1997).

Llegada la segunda sesión, se establece un programa de vida personal y profesional, precisándose los objetivos del programa y entrenando al paciente en técnicas de relajación y visualización, como relajación guiada, técnica de Jacobson…

Durante la tercera sesión se revisan las situaciones traumáticas y se trata de detectar estrategias de autorregulación, así como introducir y llevar a cabo el entrenamiento en diversas técnicas y terapias, como la terapia del tiempo limitado al trauma, la terapia de pensamiento de campo, la desensibilización y el video-diálogo, visualización visual.

Después, durante la cuarta sesión, se revisan todas las estrategias y habilidades adquiridas, detectando las posibles áreas del ámbito profesional en donde se requiera aplicarlas.

En la quinta sesión se hace inventario de los objetivos cumplidos, se establecen líneas de autocuidado y mantenimiento de lo que se ha ido aprendiendo durante el programa, junto con las habilidades que se han mejorado.

Los resultados de este programa muestran que los trabajadores, una vez han sido sometidos a la misma, están mejor preparados para hacer frente a las secuelas del estrés traumático, tanto el primario como el secundario. Además, consiguen desarrollar un estado adecuado para ejercer su profesión, tanto en el sector de las emergencias como de cara a personas traumatizadas por eventos pasados

Prevención

Prevenir la aparición del estrés traumático es complicado, dado que influir en cómo ocurre una emergencia o una desgracia a otra persona es un aspecto prácticamente imposible. Sin embargo, sí que es posible reducir su aparición en aquellas personas que no trabajan directamente en situaciones humanitarias emergentes, como pueden ser los médicos o psicólogos de consulta.

Una de las propuestas, ofrecida por llevadas a cabo por D. R. Catherall, es la de reducir el número de pacientes en tratamiento, evitando que el profesional se sobresature ante la escucha situaciones de gravedad, como pueden ser el haber sufrido abusos sexuales, el sufrir un trastorno psicológico grave o padecer una enfermedad terminal.

Referencias bibliográficas:

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