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Niños y niñas, adolescentes y divorcio


Cuando terminamos una relación, solemos percibirlo como un fracaso en nuestra vida.

Pero si tenemos hijos/as con la persona de la que vamos a separarnos todo resulta mucho más complicado y nos asaltan numerosas dudas sobre cómo gestionar el proceso de separación.

¿Les afectará a mis hijos el divorcio?

La respuesta es sencilla: sí, a nuestros hijos/as les va a afectar, les va a doler. Tiene que hacerlo, porque es una situación no deseada y triste para todos/as, pero podemos amortiguar el golpe que supone para ellos/as y es una situación que superarán y les enseñará que a veces las relaciones de pareja no funcionan y se pueden terminar de forma cordial.

Esto es un aprendizaje fundamental para sus futuras relaciones. Muchas veces hay parejas que no se separan por no hacer daño a sus hijos e hijas; sin embargo, discuten, gritan y no tienen una relación cordial. Este modelo de relación que les transmitimos es mucho peor que separarnos. En ocasiones creemos que no se están enterando de nada porque no discutimos delante de ellos/as. Pero la realidad es que perciben que algo no está bien y lo sufren igualmente.

¿Qué podemos hacer por el bienestar de los hijos o las hijas?

La buena noticia, dentro de que la situación no es agradable para ningún miembro de la familia, es que podemos llevar a cabo una serie de conductas para favorecer el bienestar de nuestros hijos. Son las siguientes:

  • Tratar de tener una relación amigable con su ex pareja, en la medida que se pueda, mínimo cordial.
  • Tratar de no someter a los hijos e hijas a muchos y diferentes cambios como resultado del divorcio. Lo ideal es mantenerlos en la misma casa y en el mismo centro escolar.
  • Evitar las discusiones y las peleas delante de ellos/as. Este es el aspecto más importante relacionado con la manera en que los hijos se adaptan a la nueva situación de vivir separados.
  • Es muy importante que tanto en casa de mamá como en casa de papá la disciplina sea consistente. Es decir, que ambos padres tengan normas y métodos similares. Somos padres en conjunto, no en paralelo. Ya no somos pareja, pero debemos seguir siendo equipo.
  • No usar a nuestros/as hijos/as de mensajeros ni de espías. Somos adultos y si queremos hablar o preguntar algo debemos hacerlo nosotros/as mismos/as.
  • No hablar negativamente el uno del otro delante de los niños. Recordar que ante todo el/la otro/a es padre o madre de su hijo/a.
  • Hablar abiertamente con ellos/as sobre la ausencia de uno de los padres (el que no esté en ese momento). La otra persona no ha desaparecido, vive en otra casa, pero sigue formando parte de nuestras vidas.
  • Debemos permanecer vigilantes ante cualquier situación que hasta ahora no se hubiese producido, como: mostrar un comportamiento más irritable o agresivo, cambio de rendimiento en el colegio/instituto, cambios en el sueño y en el apetito, vuelve a mojar la cama cuando ya no lo hacía, quejas físicas (enfermedades, dolor de cabeza, molestias estomacales).

Niños tristes por el divorcio de los padres

¿Qué necesita mi hijo/a durante la separación?

Ten en cuenta estas necesidades que debes saber atender durante el proceso de divorcio y en la nueva etapa que empieza.

  • Poder querer a su padre y a su madre sin culpabilidad, presión ni rechazo. Sin que les hagamos sentir desleales, cuanto más amor reciba mejor.
  • Una estabilidad diaria, es decir, una rutina normal cada día de la semana, no cantidad de reglas alternas y cambios.
  • Necesita pasar tiempo con los dos, sin importar lo que quieran o deseen los adultos en cuanto a conveniencias, dinero o sus sentimientos. Las visitas les pertenecen a ellos/as, son su derecho, no el de su padre/madre.
  • Quizás esté enfadado/a, triste o asustado/a y necesite expresar esos sentimientos. Es importante mostrarnos disponibles para acompañarlos.
  • No tiene que buscar culpables, ni tomar partido por uno u otro.
  • No tiene que tomar decisiones de adulto, no lo es.
  • Necesita seguir ocupando el lugar que le corresponde, el de niño/niña o adolescente, y no convertirse en padre/madre y/o llevar a cabo sus deberes, ni ser amigo/a o compañía del adulto, ni por supuesto ser quien ofrece consuelo.
  • No puede encargarse de elegir con quién vive. Esta decisión les corresponde a los adultos. El tener que tomar esta decisión siempre va a herir a alguien. No pueden elegir.
  • Necesitan que creemos para ellos/as una atmósfera de cariño y seguridad.