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Las 8 características de la parentalidad positiva


La parentalidad positiva es la modalidad educativa de reciente desarrollo que cada vez es más aplicada y recomendada por parte de los profesionales de la psicología.

Se fundamenta en una idea tan simple como, teniendo en cuenta la evolución histórica de los modelos de crianza, revolucionaria: propone una crianza sin violencia ni comportamientos autoritarios basados en la unilateralidad.

Si te interesa saber más acerca de esta forma de entender la crianza, sigue leyendo; aquí hablaremos de las características principales de la parentalidad positiva.

¿Cuáles son las principales características de la parentalidad positiva?

La parentalidad positiva es una manera de ver la paternidad y la maternidad que promueve el concepto de Buenos Tratos en la crianza. Allí donde otros modelos de educación en casa asumían que los niños y las niñas son versiones “inacabadas” de las personas adultas, esta aproximación defiende la idea que tanto los derechos como los puntos de vista de los pequeños deben ser respetados.

Esto no significa darles la razón en todo o no establecer límites y normas, sino partir de la base de que ellos mismos deben implicarse en las buenas dinámicas familiares para que se sientan integrados y felices, gozando de un entorno que promueve su desarrollo físico y psicológico.

Esta manera de apoyar y cuidar a los hijos es cada vez más utilizada en todo el mundo y se basa en una serie de características relativamente sencillas que deben ser de aplicación diaria en la educación y crianza de los pequeños.

1. Afecto

De acuerdo con los expertos en psicología educativa e infantil, la parentalidad positiva tiene como estructura esencial el vínculo afectivo con los hijos, un afecto que debe mostrarse abiertamente siempre que sea posible para que se sientan queridos. Y es que muchos padres y madres caen en la trampa de expresar únicamente las emociones negativas fruto de la frustración y el estrés que en ocasiones les produce la crianza.

El afecto y cariño que brindamos a nuestros hijos resulta muy necesario para que crezcan sanos física y mentalmente, y es un elemento indispensable que contribuye muy positivamente a conformar su personalidad futura como adultos.

Las muestras de cariño pueden ser físicas, como abrazos y besos, o bien verbales, es decir, felicitaciones ante logros de cualquier tipo o comentarios elogiosos hacia su persona. No hay que descuidar ninguna de estas dos maneras de expresarse.

2. Cuidados que van más allá de las necesidades de supervivencia

Además de una crianza basada en el afecto y el cariño, los cuidados en cualquier ámbito de la vida del niño también resultan de gran importancia en un modelo de parentalidad positiva.

Esto se traduce en una atención global del bienestar del niño o la niña, así como a cualquier alteración o malestar que pueda presentar, tanto a nivel personal y social como de salud o académico.

Cuidar también tiene que ver con servirles de guía y servir de ejemplo modélico para que en el día de mañana nuestros hijos se conviertan en hombres y mujeres que vivan con bienestar y plenitud.

Eso sí, no es recomendable estar permanentemente “encima” de los pequeños en aquellos contextos en los que puedan aprender por su cuenta de manera segura: esto forma parte de la experiencia estimulante de aprender desde el motor de la propia curiosidad.

3. Respeto

El respeto es esencial en cualquier relación interpersonal y adquiere una gran importancia cuando hablamos de la educación de los hijos, quienes aprenden integran diariamente los valores y las pautas de comportamiento que asimilan en casa.

Ser respetuosos con nuestros hijos, es decir, con sus opiniones, planteamientos, preferencias y gustos, también propiciará que el niño o la niña crezca con un buen nivel de autoestima y sintiéndose valorado por su familia. Las correcciones deben hacerse de manera clara y asertiva, pero sin ningunear sus ideas, opiniones y creencias, y sin burlas.

Cómo es la parentalidad positiva

4. Normas y límites

Los cuidados y la protección mencionados anteriormente no deben faltar en ningún hogar cuyos padres quieran poner en práctica una parentalidad positiva; sin embargo, para lograrlo también es importante establecer normas y límites.

El establecimiento de normas y límites basados en el respeto y el cumplimiento de las obligaciones diarias nos servirá para educar a los hijos de manera positiva, lógica y sin emplear la violencia de ningún tipo, pero debemos dar ejemplo y cumplirlas nosotros mismos o, en el caso de que ciertas normas no se apliquen a los adultos, debe quedarles claro el porqué de esto.

5. Evitar el castigo físico

La parentalidad positiva se basa en aplicar sanciones cuando es necesario y evitando siempre los castigos físicos a los que han sido sometidos en algunas ocasiones las generaciones anteriores.

Estas sanciones se basan siempre en el bien superior del niño o la niña y tienen como objetivo que aprenda de manera proporcionada de sus errores.

6. Comunicación

Una comunicación fluida y abierta con nuestros hijos es la base para establecer un vínculo emocional y afectivo de calidad, y también nos permite ser partícipes de su vida y conocer en profundidad su mundo interior.

Hablar diariamente con los hijos o las hijas sobre sus preocupaciones, sus problemas y mostrar apoyo ante sus dificultades, logros o metas es la mejor forma de contribuir positivamente a su desarrollo físico e intelectual, así como al de su autoestima.

7. Hacer partícipe al niño

Los niños y las niñas que participan en las decisiones que se toman en el contexto familiar, crecen con una actitud más positiva y con un apoyo del que carecen aquellos niños a los que nunca se les tiene en cuenta para nada.

De igual manera, cuando existen conflictos familiares leves relacionados con desencuentros u opiniones encontradas es aconsejable llegar a un acuerdo que satisfaga a todas las partes implicadas.

8. Responsabilidad Parental

La responsabilidad parental es la base de la parentalidad positiva, y se basa la aplicación en conjunto de todas las características que hemos mencionado anteriormente.

Practicando diariamente la responsabilidad parental con nuestros hijos lograremos una autoridad legitimada ante ellos, basada en el respeto, el afecto, el cuidado y muchos elementos positivos, en lugar de en el miedo, la violencia o la coacción.

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