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Los 5 modelos pedagógicos fundamentales


Educar y aprender son conceptos comunes, relativamente fáciles de identificar y que vemos reflejados en nuestro día a día a menudo y en casi todo lo que hacemos. Sin embargo, comprender que significa el aprendizaje y que debe pretender inculcarse con la educación tanto formal como informal (especialmente en niños y personas en desarrollo), así como el cómo llevarlo a cabo, es más complejo de lo que aparente.

Las diferentes maneras de ver la educación han ido generando que a lo largo de la historia hayan ido surgiendo y aplicándose diferentes modelos pedagógicos. En este artículo vamos a observar algunos de los principales modelos al respecto.

Los principales modelos pedagógicos

Existen numerosas maneras de conceptualizar el aprendizaje, teniendo cada una de ellas diferentes repercusiones en función de qué efectos prácticos tenga dicha concepción. Muchas de las ideas respecto a cómo funciona o cómo debe realizarse el proceso educativo se han elaborado y se han constituido como un modelo pedagógico más o menos sólido.

Estos modelos son la representación del conjunto de relaciones que permiten explicar un fenómeno concreto, en este caso el aprendizaje. Tener un modelo pedagógico nos permite no solo tener una explicación al respecto, sino también elaborar una serie de pautas que nos lleven a educar y potenciar determinados aspectos en función del tipo de modelo elegido. Existen gran cantidad de modelos pedagógicos, entre los cuales destacan los que os mostramos a continuación.

1. Modelo tradicional

El modelo pedagógico tradicional, el más empleado a lo largo de la historia, propone que el papel de la educación es la de transmitir un conjunto de conocimientos. En esta relación entre alumno, educador y contenido el alumno es únicamente un recipiente pasivo, absorbiendo los contenidos que el educador vierte sobre él. El rol protagonista recae sobre el educador, que será el agente activo.

Este tipo de modelo propone una metodología basada en la retención memorística de la información, a partir de la repetición continuada de tareas y sin precisar de un ajuste que permita la otorgación de un sentido al material aprendido.

Asimismo, se evaluará el nivel de logro de los aprendizajes a través del producto del proceso educativo, calificando al alumno en función de que sea capaz de replicar la información transmitida. Se le da una elevada importancia al concepto de disciplina, siendo el docente una figura de autoridad, y el conocimiento se transmite sin espíritu crítico y aceptando lo transmitido como verdadero. Se basa en la imitación y el desarrollo ético y moral.

2. Modelo conductista

El modelo pedagógico conductista considera también que el papel de la educación es la de transmisión de saberes, viéndola como una manera de generar la acumulación de aprendizajes. Se basa en el paradigma conductista en su vertiente operante, proponiendo que a todo estímulo le sigue su respuesta y la repetición de esta se ve determinada por las posibles consecuencias de dicha respuesta. A nivel educativo se pretende el aprendizaje por modelamiento de la conducta, fijando la información a través del refuerzo.

El rol del alumno bajo este paradigma es también pasivo, si bien pasa a ser el foco principal de atención. El maestro sigue estando por encima del alumno, en un rol activo en el que emite las situaciones e informaciones que sirven de estímulo. Abunda el uso de metodología memorística y imamitivo-observacional. Los procedimientos técnicos y las destrezas suelen ser bien aprendidos bajo esta metodología a un nivel procedimental, considerándose el aprendizaje como cambio de conducta.

Se trabaja a través de una evaluación sumativa en que se tienen en cuenta los niveles de conducta esperada y el análisis de los productos elaborados a lo largo de la evaluación (como los exámenes).

3. Modelo romántico/naturalista/experiencial

El modelo romántico parte de una ideología humanista que pretende tener en cuenta al educando como parte protagonista y activa del aprendizaje y centralizado en el mundo interior del menor. Se basa en la premisa de no directividad y máxima autenticidad y libertad, suponiendo la existencia de suficientes capacidades internas por parte del aprendiz para ser funcional en su vida y buscando una metodología de aprendizaje natural y espontánea.

Bajo este modelo se promueve que el desarrollo de los menores debe ser natural, espontáneo y libre, centrando el aprendizaje en la experiencia libre y en los intereses del menor, siendo únicamente el educador un posible auxilio para este en caso de necesidad. Lo importante es que el menor desarrolle sus facultades internas de manera flexible. No es teórico sino experiencial: se aprende haciendo.

En este modelo, se propone que el sujeto no debe ser evaluado, comparado ni clasificado, señalando la importancia de que se pueda aprender libremente sin interferencias. Como mucho se propone una evaluación cualitativa, dejando de lado la cuantificación para observar como se ha ido desarrollando el sujeto.

4. Modelo cognoscitivista/desarrollista

Basado en la concepción piagetiana del desarrollo, este modelo se diferencia de los anteriores en que su principal objetivo no es el de cumplir con el currículo, sino contribuir y formar al sujeto de tal manera que adquiera habilidades cognitivas suficientes para ser autónomo, independiente y capaz de aprender por sí mismo. La educación se vive como un proceso progresivo en el que se van modificando las estructuras cognitivas humanas, modificaciones que pueden alterar la conducta indirectamente.

El papel del docente pasa a evaluar el nivel de desarrollo cognitivo y orientar a los alumnos de cara adquirir la capacidad de otorgar sentido a lo aprendido. Se trata de un facilitador en la estimulación del desarrollo del aprendiz, siendo la interacción maestro alumno bidireccional. Se trata de generar experiencias y ámbitos donde poder desarrollarse, evaluando cualitativamente al sujeto aprendiz.

5. Modelo educacional-constructivista

El modelo educacional constructivista es uno de los que mayor utilización y aceptación tiene en la actualidad. Basado como el anterior en autores como Piaget pero también junto con las aportaciones de otros autores destacados como Vigotsky, este modelo centra su atención en el alumno como principal protagonista del proceso educativo, siendo un elemento activo imprescindible en el aprendizaje.

En este modelo la tríada profesor-alumno-contenido es vista como un conjunto de elementos que interactúan de manera bidireccional los unos con otros. Se busca que el alumno pueda construir de manera progresiva una serie de significados, compartidos con el profesor y con el resto de la sociedad, en base a los contenidos y orientación del docente.

Un elemento fundamental para esta perspectiva es que el aprendiz pueda atribuir sentido al material aprendido y también al propio proceso de aprendizaje, actuando el docente como guía del aprendizaje y teniendo este último en cuenta la necesidad de proporcionar una ayuda ajustada a las necesidades del aprendiz.

Se trata de optimizar al máximo posible las capacidades de éste, de tal manera que se acerque al máximo nivel potencial en vez de limitarse a su nivel actual real (es decir, que alcance el nivel al que puede alcanzar con ayuda). El control se va cediendo progresivamente al alumno según va dominando el aprendizaje, de tal manera que se va logrando una mayor autonomía y capacidad de autogestión.

Referencias bibliográficas:

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  • Flórez Ochoa, R. (1999). Evaluación pedagógica y cognición. McGraw-Hill Interamericana S.A. Bogotá.
  • Vergara, G. y Cuentas, H. (2015). Actual vigencia de los modelos pedagógicos en el contexto educativo. Opción, Año 31 (Especial 6): 914-934.