Tópicos Testimonio Cultura

Sònia Cervantes: entrevista a la psicóloga de Hermano Mayor


Sònia Cervantes es conocida especialmente por su rol en el programa de televisión Hermano Mayor, en el que orientaba a jóvenes con problemas a la hora de relacionarse con los demás y a las familias de estos. 

Pero más allá de su faceta mediática (que no se limita a sus apariciones en dicho programa) Sònia es, fundamentalmente, psicóloga y terapeuta.

Encuentro con Sònia Cervantes, psicóloga y escritora

De esta faceta suya, que tiene que ver con la curiosidad por entender el funcionamiento de la mente humana no solo ha nacido su carrera profesional como psicóloga, sino también, a día de hoy, dos libros: Vivir con un adolescente y ¿Vives o sobrevives? Este último ha sido publicado recientemente, y a través de esta entrevista a Sònia pretendemos explorar algunas de las ideas que han dado forma al contenido de sus páginas.

Adrián Triglia: Si tuvieras que poner un solo ejemplo que plasmase la diferencia entre el "vives" y el "sobrevives", ¿cuál sería?

Sònia Cervantes: Sobrevivir implica ir cada día al mismo restaurante, con el mismo menú e incluso con la probabilidad de que te vuelva a sentar mal porque a veces los platos no son del todo saludables; pero lo tienes cerca de casa y es lo único que conoces. Sobrevivir implica probar distintos restaurantes, variar el menú, atreverte a probar nuevos sabores a riesgo de que alguno de ellos no te guste y decidir diariamente cuál de ellos te apetece más. Salir de la zona de confort. Que no esté mal, o incluso que sí lo esté pero es lo que hay y lo conocido, no significa que esté bien.

A.T.: ¿Qué clase de experiencias de las que has vivido en tu consulta crees que te han influido más a la hora de escribir el libro?

S.C.: Todas aquellas en las que las personas que tenía delante hicieron un esfuerzo grandioso para intentar no sufrir y paradójicamente han acabado sufriendo. La peligrosísima tríada: pensar demasiado, perfil dependente con baja autoestima y patrón evitativo de personalidad. El cóctel molotov para acabar sufriendo inútilmente pues no es sufrimiento productivo sino todo lo contrario, bloqueante y paralizador.

A.T.: En tu libro también señalas que la atención puede hacer que nos quedemos "atrapados" pensando constantemente en las posibles consecuencias negativas de nuestros actos. ¿Cuáles crees que son las claves para solucionar esto?

S.C.: Vivir aquí y ahora sin convertirnos en adivinos persistentes de desgracias futuras. Dejando de vivir en Ysilandia. ¿Y si me equivoco?, ¿Y si me sale mal?, ¿Y si fracaso?...yo les diría: ¿Y si sale bien? O mejor aún ¿Y si ocurre, qué harás?. Es la eterna lucha entre el afrontamiento y la evitación. La ansiedad anticipatoria, lejos de prepararnos para lo peor (algo que siempre nos han dicho) nos pone en la peor de las situaciones: en el modo supervivencia.

A.T.: Hay varios elementos que suelen vincularse con la conformidad y la permanencia perpetua en lo que se conoce como zona de confort. Por ejemplo, la procrastinación, o la tendencia a pensar que todo lo malo que ocurre no se puede controlar ni evitar. ¿Cuál dirías que es más dañino?

S.C.: Ambas ya que te anclan a la inactividad y al sufrimiento. Si hicieras una lista de tus principales 10 miedos, 9 de ellos no ocurrirían jamás. La no realidad que te montas en tu cabeza es muchísimo peor que la realidad existente, si es que existe esa película que te has formado. Si está en tus manos cambiar, ponte manos a la obra; si no lo está, acepta la situación o bien cambia la actitud con la que le haces frente. No esperes que las cosas ocurran, haz que ocurran pero tampoco construyas realidades que todavía no han ocurrido. Cuando vengan, ya te ocuparás.

A.T.: En el libro también hablas acerca de las relaciones tóxicas. ¿Crees que este es un problema básicamente de cómo se está educando dentro y fuera de las escuelas?

S.C.: Casi todo tiene su origen en la no educación o la mala educación y al mismo tiempo casi todo tiene su solución en la educación o la reeducación. Creo que educamos todos: escuela, familia y sociedad. No toda la responsabilidad puede recaer sobre el contexto escolar. La creciente presencia de relaciones tóxicas en menores de 18 años ha ido creciendo de forma alarmante y exponencial durante los últimos años. Algo debemos estar haciendo mal para que la generación con más acceso a la información de la historia de la humanidad y con mayor educación en igualdad esté retrocediendo a comportamientos machistas típicos de hace 60 ó 70 años. La sobreprotección, el mal uso de las redes sociales y ciertos referentes sociales de lo que debe ser una relación de pareja están haciendo mella en esta generación. Estamos fomentando perfiles inseguros, dependientes y con baja autoestima que fácilmente caerán en relaciones de tipo tóxico.

A.T.: La actitud pasiva que señalas como un elemento que nos estanca en nuestra manera de vivir la vida puede estar reforzada por distracciones. Crees que el uso de Internet, con toda la información que se puede encontrar a través de la red, hace que las personas lo tengan más fácil a la hora de encontrar nuevos objetivos y aficiones que les produzcan bienestar? ¿O tiende a ser utilizado como una distracción para matar tiempo, más bien?

S.C.: Un exceso de información se puede convertir en una auténtica infoxicación. Estamos altamente estimulados y bombardeados diariamente pero también está en nuestras manos desconectarnos más a menudo. No son las redes sociales ni el hecho que exista internet la causa del problema, lo es el mal uso o el sobreuso que hacemos de todo ello. Deberíamos aprender a poner el off diariamente a partir de una hora determinada y dedicarnos a otras actividades y a relacionarnos con quienes tenemos alrededor. Hacer “limpieza” de teléfono y dispositivos tampoco está nada mal. ¿Se acaba el mundo si quitamos la aplicación de Whatsapp, la de Facebook o Twitter de nuestros dispositivos? Para nada. Podemos llamar a quienes whatsapeamos y podemos consultar nuestros perfiles en las redes desde la tablet o el ordenador, sin necesidad de llevarlas en el móvil las 24 horas del día. Probadlo una semana y luego decidís si queréis seguir encadenados a vuestro smartphone o no.

A.T.: ¿Qué opinas sobre esa vertiente de la psicología que ha sido llamada "psicología positiva"? ¿En qué medida crees que puede resultar útil?

S.C.: Está claro que la clave de nuestro bienestar y también de nuestro malestar psicológico, a falta de acontecimientos altamente estresantes que puedan explicarlo, está en nuestros pensamientos y en nuestra manera de interpretar la realidad, porque incluso en los malos momentos no todo el mundo responde de la misma manera. Cierto es que positivar nuestra mente tiene efectos muy beneficiosos sobre nuestras emociones y nuestro cuerpo en general; pero un exceso de positivismo también puede ser perjudicial. No me gusta vender humo o la moto con frases del tipo “debes ser feliz”, “no pasa nada, piensa en positivo” porque no siempre es posible. Hay que aprender a estar mal, a lidiar con el sufrimiento y a aceptar nuestras tormentas mentales siempre con el compromiso de cambio. La aceptación sin compromiso es resignación. Es útil lo que nos ayuda a afrontar el sufrimiento, no a evitarlo o hacer ver que no pasa nada.

8. Existen fuertes críticas dirigidas contra la filosofía de los pensamientos positivos, y uno de ellos tiene que ver con la idea de que, si creemos que nuestras experiencias dependen básicamente de nuestro modo de pensar, si nos sentimos mal será por nuestra culpa como individuos. ¿Crees que en ciertos contextos el optimismo puede ser dañino?

S.C.: No somos solo lo que pensamos, ni siquiera lo que sentimos o lo que hacemos. Somos el conjunto de todo ello más las experiencias vividas. El reduccionismo a que todo está en nuestro pensamiento puede llegar a tener el efecto paradójico de volvernos hiperreflexivos, obsesivos y generarnos un gran sentimiento de culpa. Sí que es cierto que nuestra manera de procesar la información puede ser fuente de bienestar o sufrimiento, eso no lo niego pero también es cierto que debemos vernos como algo global, aceptar nuestras debilidades y dejar de intentar SER felices para buscar ESTAR lo más felices posible a lo largo de nuestro día a día. Tenemos derecho a estar tristes, a enfadarnos, a quejarnos, a ser gruñones e incluso a tener pensamientos negativos.

A.T.: Muchas personas que se dedican directa o indirectamente a la psicología creen que el rol de los psicólogos está mitificado. ¿A qué crees que se debe?

S.C.: No comparto esa opinión pero en caso de que así sea se puede deber a muchos años de adoctrinamiento por parte de ciertos profesionales en vez de el acompañamiento y la reeducación que necesita un paciente. Hay mucho “gurú” y profeta en esta profesión que se endiosan, perjudicando gravemente a la profesión en particular y a sus pacientes en general. No debemos decir a la gente qué es lo que deben hacer, debemos hacerles reflexionar acerca de lo que hacen y darles herramientas si se comprometen a realizar cambios en sus vidas. Buscar tres cosas fundamentales: Autoconocimiento, aceptación y compromiso. No olvidemos que un psicólogo es otra persona más que también sufre y está triste. Sólo juega con una ventaja: conoce herramientas para poder acabar o al menos lidiar con ese sufrimiento. ¿O acaso un dentista no puede tener caries?