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4 hábitos psicológicamente sanos para vencer al miedo a tomar decisiones


Se dice que el conocimiento crea ignorancia: nuestra capacidad de responder preguntas hace que al responder a una incógnita, surjan muchas más en nuestra mente, partiendo de todas aquellas cosas nuevas que sabemos.

Algo similar ocurre con nuestra capacidad para tomar decisiones, que es un arma de doble filo. Por un lado, se nos da tan bien trabajar con varias opciones o hipótesis y prever las consecuencias de elegir cada una de ellas, pero a la vez, esta tarea tiene tantas implicaciones que a veces nos resulta intimidante y hace que las emociones nos desborden. Es por eso que algunas personas aspiran a no tener que decidir nada, lo cual puede degenerar en un verdadero problema psicológico. En este artículo veremos varios hábitos que ayudan a afrontar y gestionar ese miedo a tomar decisiones.

¿En qué consiste el miedo a tomar decisiones?

Desde hace muchos años, se ha extendido una serie de creencias acerca del ser humano que nos llevan a tener una visión muy sesgada de nosotros mismos y que no parten de una perspectiva realista o informada por la ciencia, sino más bien de prejuicios y discursos impulsados por motivos ideológicos. Uno de estos mitos sobre el Homo sapiens, que nos coloca en una posición de superioridad con respecto al resto de los animales, es que somos una especie eminentemente racional, y que nuestra mente ha evolucionado para tomar decisiones partiendo de la lógica y la consideración de costes y beneficios casi desde la pura matemática.

Esta idea encaja muy bien si lo que queremos es sentirnos bien con nosotros mismos y ser capaces de encontrar una explicación aparentemente racional a todo aquello que hacemos. Es reconfortante y “cómoda”, e invita al optimismo. Sin embargo, como casi siempre, la realidad es mucho más compleja que eso. Tanto el día a día como la Historia están llenos de ejemplos de personas que se comportan de una manera altamente irracional, generando mucho más malestar que bienestar, o incluso desencadenando situaciones en las que desde el principio estaba claro que ninguno de los involucrados tenía nada que ganar sino mucho que perder.

En este sentido, merece la pena plantearse la siguiente pregunta: ¿si el ser humano es un animal puramente racional, cómo se explica que en ciertas circunstancias prefiramos tener pocas opciones entre las que elegir que tener algunas más? ¿Por qué es habitual que agradezcamos tener a alguien que tome las decisiones por nosotros, incluso si estas son relativamente importantes? El miedo a tomar decisiones es también una muestra de que muchos procesos psicológicos no circulan sobre los raíles de la lógica, sino que se ven influidos por aspectos muy diversos, algunos de los cuales provienen de nuestro lado emocional.

En este caso, lo que observamos es un patrón de evitación: la persona siente ansiedad y todo tipo de sentimientos ligados a la angustia cuando se encuentra en una situación en la que debe tomar una decisión, e intenta por todos los medios aplazar esa tarea o delegarla en otra persona. Se trata de un fenómeno multicausal, en el que pueden jugar un papel los siguientes fenómenos psicológicos:

  • Temor a dar una mala imagen si la decisión o resulta acertada.
  • Creencia de que no se es lo suficientemente inteligente como para decidir teniendo en cuenta todos los aspectos relevantes a considerar.
  • Temor a sentir culpa justo después de tomar la decisión.
  • Anticipación de la ansiedad por el propio miedo a tomar decisiones (efecto de círculo vicioso).

Miedo a decidir

Hábitos para vencer al miedo a tomar decisiones

La manera más eficaz de afrontar este tipo de miedos e inseguridades consiste en acudir al psicólogo, pero también puedes aplicar estos hábitos a tu día a día (siempre que no choquen con las indicaciones del profesional que atienda tu caso específico).

1. Márcate reglas fijas para no caer en la evitación

La manera más fácil de mitigar momentáneamente el miedo a tomar decisiones es no tomarlas o bien presionar a alguien más para que las tome por nosotros. Por eso, para empezar, memoriza estas dos reglas: nunca delegar decisiones en tu vida personal (no profesional) y nunca demorar una toma de decisión más allá de u número determinado de horas. Es importante que solo te fijes estas dos reglas básicas, para que tengas muy claro qué es lo que no se debe hacer y puedas construir un nuevo estilo de vida sobre estos patrones de conducta.

2. Abraza tus imperfecciones y hazlas visibles

Para no tener al miedo a dar una mala imagen o a sentirte mal con tus habilidades y con tu criterio, es fundamental que te desprendas de la pretensión de ser una persona perfecta. Asume que es normal equivocarte y haz visible esta parte de ti, hablándoles a los demás de ocasiones en las que te equivocaste, reconociendo tus errores cuando te des cuenta de ellos… y sobre todo, disculpándote. Si normalizas la disculpa, será más sencillo que la aceptes como un componente fundamental de la vida, y que te recuerden que la mayoría de errores no pesan como una losa constantemente.

3. Lleva al día una agenda

La organización horaria es importante para vencer al miedo a tomar decisiones. Si dejas de asociar al malestar el hecho de tener decisiones en “lista de espera” (durante un tiempo limitado), es más probable que dejes de intentar evitarlas. Para eso, llevar al día una agenda puede ser una muy buena rutina.

4. Haz un repaso habitual de tus aciertos

Si ganas consciencia acerca de aquellas decisiones que tomaste y que resultaron ser un acierto, tendrás una visión más matizada y realista de esta clase de experiencias y las normalizarás.

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