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Las 7 partes de la nariz más importantes, y sus características


La nariz es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo puesto que, a través de ella, podemos respirar y oler. Es la principal entrada de aire al sistema respiratorio y se encuentra más o menos a mitad de nuestro rostro, sobresaliendo por encima de la boca.

Gracias a la nariz y al sistema respiratorio introducimos en nuestro organismo el oxígeno que tanto necesitamos para que las células puedan realizar sus procesos metabólicos y poder seguir viviendo

A continuación veremos las partes más importantes de la nariz, cuáles son sus funciones y su ubicación exacta tanto en la parte externa como interna de este órgano.

¿Cuáles son las partes de la nariz?

La nariz es una estructura muy importante para nuestro organismo puesto que representa la principal entrada del aire. Este aire, que contiene oxígeno, acabará yendo a los pulmones en donde será introducido en la sangre y viajará a todas las células del organismo, permitiendo que se dé la respiración celular y los procesos metabólicos asociados.

Aunque la boca también puede introducir aire en el organismo, la nariz es la entrada más segura, puesto que dispone de mecanismos para protegernos de patógenos aéreos.

Cuando introducimos aire a nuestro cuerpo estamos haciendo la inhalación. El aire fluye desde nuestro alrededor y va a parar a las fosas nasales para, luego, viajar hacia la cavidad nasal. Después pasa por la parte de atrás de nuestra garganta, por la tráquea y, finalmente, alcanza los pulmones. Al exhalar, es decir, expulsar el aire, básicamente hacemos este mismo proceso pero a la inversa, iniciándose en los pulmones y saliendo por las fosas nasales.

Pero la nariz no solo se implica en la función respiratoria, sino que, además, es el lugar en el que se asienta un sentido fundamental para detectar si un alimento es o no es comestible: el sentido del olfato. Las células encargadas de transformar los estímulos olfativos en impulsos nerviosos tienen comunicación directa con el sistema nervioso central, permitiendo dar una respuesta rápida y eficiente ante un estímulo agradable, como el olor del pan recién hecho, o un estímulo desagradable, como el olor a cadáver.

A continuación vamos a entrar en detalle sobre las diversas partes que constituyen la nariz, tanto en su sección más externa como en la interna, además de ver cuáles son sus funciones y cómo se conectan con el sistema respiratorio y el sistema sensorial.

Partes externas

Las partes de la nariz que podemos ver y que sobresalen de la cara conforman la estructura nasal externa. Básicamente, la parte externa está constituida por un armazón de hueso y cartílago cubierto por músculos muy delgados que, a su vez, están forrados de una fina capa de piel.

1. Raíz y surco

Anatómicamente hablando, la nariz comienza en el surco, que se trata de la región ubicada sobre el labio superior, y termina en la raíz, que es la parte que se encuentra entre las cejas, justo en la parte superior del rostro.

Surco de la nariz

2. Puente y dorso

La forma piramidal que tiene la nariz humana es debida a dos estructuras, ambas ubicadas entre la raíz y la porción más puntiaguda de esta estructura: el puente y el dorso. La principal función de estas dos estructuras es proteger a la parte interna de la nariz.

El puente es una estructura que tiene como característica principal ser la parte dura de la nariz. Está conformada de unos pequeños huesos que le dan rigidez, aunque cabe decir que son bastante frágiles y, en caso de traumatismos o de algún tipo de enfermedad, pueden deformarse y dañarse, dificultando la respiración.

El dorso, también llamado pirámide nasal, es la parte cartilaginosa de la nariz externa. Es una estructura bastante firme pero, a diferencia del puente, dispone de un mayor grado de flexibilidad. En su parte más cercana al labio, con una forma redondeada y parcialmente puntiaguda, encontramos el lóbulo nasal.

3. Aletas o alas nasales

En la punta de la nariz podemos encontrar unos fragmentos de tejido conectados con el resto del rostro. Estas estructuras son las aletas o alas nasales las cuales, en función de su grosos, determinan la apertura de las narinas.

4. Narinas

Las fosas nasales se comunican con el exterior a través de las narinas, que son las aberturas externas de la nariz, es decir, son los agujeros de la nariz. Lo abiertas que estén dependen mucho del grosor de las alas nasales. Las narinas, si están muy cerradas, pueden ser un problema respiratorio serio que requiera cirugía correctiva.

Partes internas

La nariz no es únicamente los dos agujeros y la estructura piramidal que podemos ver en medio de la cara. También tiene partes profundas que conectan con la tráquea y el cerebro, permitiendo que el aire llegue a los pulmones y se envíe información nerviosa a los centros olfativos del cerebro.

1. Fosas nasales

Si las narinas son la puerta de entrada a la nariz, las fosas nasales son la habitación. Se trata de la parte profunda de los agujeros nasales, en donde ingresa el aire con todas sus partículas en suspensión.

2. Tabique nasal

Las dos fosas nasales están separadas la una de la otra por medio de una estructura llamada el tabique nasal. En su parte más profunda, cercana al cerebro, está formada por huesos muy delgados, mientras que en la parte más superficial y cercana a la punta de la nariz está conformada por cartílago. Cuando esta estructura se deforma y desvía puede hacer que una cavidad nasal sea más grande que la otra, dando problemas a la hora de respirar.

3. Cavidad nasal

La cavidad nasal es un espacio que conecta la nariz con la región posterior de la garganta. Se trata de uno de los primeros lugares del sistema respiratorio por donde fluye el aire que respiramos para, así, iniciar su recorrido a los pulmones, transportado a través de la tráquea. Su forma es más o menos cilíndrica, dividida por la mitad por el tabique nasal y rodeada por los senos paranasales.

Cavidad nasal

4. Senos paranasales

Alrededor de la cavidad nasal encontramos unas estructuras en forma de bolsas llenas de aire que se llaman senos paranasales, cerca de las fosas nasales. Al igual que las fosas nasales, los senos están revestidos por membranas mucosas. Podemos distinguir cuatro tipos.

Por un lado están los senos etmoidales. Están ubicados dentro del rostro, alrededor de la zona del puente de la nariz. En el momento del nacimiento están desarrollados y siguen creciendo.

Los senos maxilares están ubicados dentro del rostro, alrededor de la zona de las mejillas. También se encuentran desarrollados en el momento del nacimiento y van creciendo posteriormente.

En tercer lugar están los senos frontales, que están dentro del rostro, alrededor de la zona de la frente. No se empiezan a desarrollar hasta los 7 años de edad.

Finalmente, los senos esfenoidales están ubicados en la profundidad de la cara, justo detrás de la nariz. No se desarrollan hasta la adolescencia.

Ha habido un amplio debate sobre si los senos paranasales se pueden considerar órganos vestigiales, puesto que se los ha asociado con una mayor probabilidad de sufrir enfermedades infecciosas. No obstante, se ha defendido en varias ocasiones que podrían desempeñar múltiples funciones fundamentales para nuestra salud:

  • Amortiguar traumas faciales
  • Humedecer y calentar el aire aspirado
  • Aislamiento térmico
  • Incrementar la resonancia de la voz
  • Defensa inmunológica frente ciertas enfermedades
  • Disminuir el peso relativo del cráneo.

5. Membrana mucosa

Todas las estructuras internas de la nariz están recubiertas por un tejido llamado membrana mucosa o mucosa respiratoria. Su principal función es la de mantener un ambiente húmedo dentro de la nariz, haciendo que el aire aspirado se humedezca y caliente. Esto es fundamental, puesto que si aspiráramos el aire frío y seco la superficie interna de los pulmones podría verse gravemente dañada.

Además, la mucosa produce, como su propio nombre viene a indicar, moco. Aunque el moco visualmente no es algo muy agradable cumple con una función muy importante para nuestra salud, puesto que es la principal barrera de protección de nuestro sistema respiratorio frente a patógenos, polvo y otras partículas en suspensión, las cuales podrían infectarnos y provocarnos enfermedades. Los seres humanos estamos constantemente produciendo moco y, cuando estamos sanos, producimos de media un litro al día.

6. Cilios

Dentro de la nariz podemos encontrar miles de pelitos microscópicos llamados cilios. Su principal función es la de evitar que el moco producido por la mucosa respiratoria, el cual tiene atrapados polvo y patógenos, vaya a parar a los pulmones u otras estructuras del sistema respiratorio y el cráneo. Gracias a estos pelitos el moco sale hacia fuera, haciendo que estornudemos o nos tengamos que mocar.

Cilios

7. Receptores olfativos

Además de ser la entrada del aire, iniciando así la respiración, la nariz es también el órgano en el que se ubica el sentido del olfato. Si bien en la especie humana no está muy desarrollado, el olfato nos permite identificar si un alimento está en buen estado o está en malas condiciones, sin necesidad de tenerlo que probar y averiguarlo de una forma en la que se pone en riesgo nuestra salud.

Cuando un alimento huele bien nuestro cerebro lo interpreta como un alimento muy nutritivo y energético, activando el apetito y presionándonos para que lo comamos. En cambio, cuando un alimento huele mal lo interpreta como que podría ser tóxico, estar podrido o no ser apto para el consumo humano, provocándonos la respuesta del asco y asegurándose de que no nos sentimos atraídos por él.

El sentido del olfato lo debemos a poseer en nuestro interior millones de células, las cuales son los receptores olfativos. Estas células son quimiorreceptores, es decir, células especializadas en la identificación de sustancias químicas y forman parte de un trozo de tejido llamado epitelio olfativo, el cual se encuentra en la parte más elevada de la cavidad nasal. Estas células se conectan directamente con el cerebro, haciendo que la respuesta del organismo ante un alimento beneficioso o perjudicial sea muy rápida.

Referencias bibliográficas:

  • Fox, S. I. (2002). Human physiology. McGraw-Hill.
  • Escajadillo, J. R. (2009). Oídos, nariz, garganta y cirugía de cabeza y cuello. México: El Manual Moderno.