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¿Es ética la modificación genética?


La palabra “transgénico” se encuentra estigmatizada por muchos sectores de la sociedad. Los términos complejos alejan a la población más escéptica de las disciplinas que los utilizan, pues lo foráneo, en muchos casos, nos genera miedo y rechazo. En un mundo en el que creemos que casi todo lo que consumimos es transgénico, la modificación genética se ha llevado el calificativo de “antinatural”, “poco ética” e, incluso, sentencias relacionadas con la existencia de un ser superior: “el ser humano no puede jugar a ser Dios”.

Antes de sumergirnos en complejos temas de genética y bioética, debemos establecer una base indiscutible: lo natural ya no existe en la sociedad humana. Solo hace falta observar a un perro de raza pura, un parque o una granja de producción. Nuestra especie se ha alejado desde hace siglos de la selección natural, llevándose consigo una serie de especies y ecosistemas en los que, por suerte o por desgracia, la naturalidad brilla por su ausencia.

La naturaleza, definida como la materia inerte generada como parte de procesos sin la intervención humana, no forma parte de la población en la que nos desarrollamos. Dejando clara esta dura pero inamovible realidad, te invitamos a que respondas con nosotros la siguiente pregunta: ¿es la modificación genética ética?

¿Qué son los transgénicos?

En boca de todos, sí, ¿pero sabes lo que realmente significa este término? Un alimento transgénico es aquel que ha sido producido a partir de un organismo modificado genéticamente, es decir, que se le han incorporado genes de otro ser vivo para producir las características deseadas. Esto se consigue mediante procesos de transgénesis y cisgenesis, la inserción de uno o varios genes en la información genética de la especie objetivo.

En base a esta definición, no podemos incluir dentro del término “transgénico” a la mayoría de especies animales que consumimos. Por ejemplo, una gallina ponedora no es transgénica como tal: se trata de un producto de selección genética. En este proceso, se fomenta una reproducción diferencial entre individuos, con el fin de que el rasgo buscado se amplifique a lo largo de las generaciones. Al igual que los perros de raza, las gallinas han sido seleccionadas en base a su capacidad reproductiva, pero no se ha modificado su genoma en ningún momento a nivel individual.

Así pues, te chocará saber que el 95% de los animales transgénicos de la Tierra son ratas y ratones, cuyo fin es servir como modelos experimentales para dilucidar y aprender a tratar patologías humanas. Si te llevas un transgénico a la boca, en casi todos los casos será de origen vegetal. Es necesario tener esto en cuenta antes de plantear el dilema ético.

¿Es ético modificar genéticamente a los seres vivos?

Quizá la pregunta no sea si es ético o no, pues la cuestión real es si podríamos permanecer como especie en el tiempo sin hacerlo. En este planeta somos más de 7.500 miles de millones de habitantes, un hecho que no se puede explicar sin tener en cuenta sus consecuencias. Según ACNUR y la OMS, casi 690 millones de personas sufren hambre en la Tierra, de las cuales 20,5 millones son niños. Esto se traduce en que un 45% de los infantes menores de 5 años de edad mueren por la falta de comida.

De nuevo, asentamos las bases de forma clara: la pregunta no es si se debe acudir a los transgénicos o no, pues realmente no existe otra forma de afrontar la demanda poblacional mundial sin cambiar los hábitos de vida. La cuestión es, sin duda, hasta qué punto la ética y la moral de la sociedad está dispuesta a cruzar los límites de las imposiciones biológicas para solventar los problemas derivados de una clara sobrepoblación.

Beneficios de los transgénicos

Como hemos dicho anteriormente, cuando hablamos de transgénicos casi siempre nos referimos a plantas. Estados Unidos lleva la bandera en lo que a esta temática se refiere, pues la superficie de transgénicos cultivada en este país corresponde al 69% del total en todo el mundo. Le sigue Argentina, con un 20% más del total.

¿Por qué se acude a los transgénicos? Según la publicación bianual Acta Bioethica, estos son algunos de los beneficios de los transgénicos en la práctica agrícola:

  • Creación de plantas resistentes a enfermedades y plagas: si los vegetales no sucumben a virus e invertebrados, se pierde menos dinero y superficie cultivable.
  • Reducción del uso de herbicidas y pesticidas: esto es beneficioso para la salud humana y para el bienestar de los ecosistemas.
  • Creación de plantas con resistencia a la sequía, a alta o baja temperatura, a suelos ácidos o salinos. En un mundo donde el cambio climático es un hecho, esto se hace más que necesario.
  • Producción de moléculas industriales, nutricionales o farmacéuticas basada en cultivos vegetales. El arroz dorado (que contiene índices altos betacarotenos, productores de la vitamina A) es un ejemplo de ello.
  • Alteración para retardar la maduración y así contar con más tiempo para el transporte y almacenamiento.

Estos datos quedan bien en una lista, pero, por suerte, también se pueden contrastar con hechos fehacientes y observables en el entorno. Por ejemplo, la fundación AGRObio demostró que, en Colombia, se ahorraron 209 millones de litros de agua entre los años 2003 y 2015 por el cultivo de plantas transgénicas. Esto representa el consumo hídrico anual de 4.780 personas. Más allá de esto, también se vio disminuido el consumo de diesel en maquinarias en 3,1 millones de litros y se redujo drásticamente la huella de CO2 ambiental.

La modificación genética en animales no humanos y humanos: un dilema ético

La línea de beneficios y perjuicios se desdibuja cuando entramos en el terreno de los animales. Ya no estamos hablando de plantas, sino de seres sintientes con consciencia en muchos casos. Desde luego, en este punto ya no es óptimo fijarse únicamente en los beneficios monetarios y de producción, pues, para bien o para mal, los animales sentimos y somos conscientes de lo que nos rodea.

En el ámbito animal no humano, la discusión está más o menos zanjada en el ámbito profesional. Al cursar módulos que capacitan al estudiante para la manipulación y eutanasia de animales en un ámbito laboratorial, la legislación está clara: no se puede utilizar un modelo animal a menos que quede explícitamente demostrado que no hay otra opción. Por otro lado, todos los criterios del manejo de los seres vivos en este ambiente están controlados a nivel europeo, y no se da luz verde a una investigación si esta no va a preservar los derechos de los animales.

La cosa se complica bastante más si hablamos de los seres humanos. Te citamos un concepto muy importante antes de continuar:

"Una investigación, un tratamiento o un diagnóstico en relación con el genoma de un individuo, solo podrá efectuarse previa evaluación rigurosa de los riesgos y las ventajas que entraña y de conformidad con cualquier otra exigencia de la legislación nacional" (Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos, artículo 4a).

Por ejemplo, los análisis genéticos prenatales (que son posibles gracias al conocimiento de modificación genética) solo se realizan a día de hoy para dilucidar si el feto lleva alguna anormalidad cromosómica imposibilitante y, de ser afirmativo, prevenir posibles actuaciones terapéuticas en un futuro. De todas formas, en la mayoría de los casos el desenlace es diferente: estos análisis se utilizan para decidir si se acude o no a un aborto.

Aquí se abre un abanico de preguntas, dilemas morales e hipótesis. ¿Qué sucedería si se permitiera modificar genéticamente a un infante antes de que este naciera? ¿Sería posible el nacimiento de un ente “perfecto” a los ojos de sus padres? ¿Cuales serían las consecuencias sociales de este tipo de herramientas? Esta claro que, si estas son las preguntas que surgen en la población general, algo se está haciendo mal a nivel de comunicación científica.

Una reflexión final

A veces, los que nos hemos dedicado a la investigación nos perdemos en números y datos factibles: “no importan las opiniones, pues en el mundo de las matemáticas y estadística, solo las tendencias y la fiabilidad reinan”. Esto para nada es así. La investigación es una herramienta concebida por y para la sociedad, así que, cuando una persona no entiende hasta qué punto le va a afectar un descubrimiento, claramente algo no ha funcionado a nivel comunicativo.

La ciencia está para servirnos a tí y a mí, a personas que seguramente no nos vistamos con una bata día a día. Por ello, es necesario que la investigación y la cultura permanezcan en consonancia. Quizá sea posible realizar modificaciones genéticas más allá de los límites actuales, pero, si la sociedad actual no está preparada para ello, ¿realmente merece la pena estigmatizar una rama de conocimiento por explotarla antes de tiempo?

En resumen, la modificación genética es un tema prácticamente zanjado en el terreno agrícola, pues en un futuro será imposible vivir sin ella. Por otro lado, en el mundo animal y humano el tema se vuelve mucho más complejo, sobre todo porque quizá la sociedad aún no esté preparada para poner sobre la mesa ciertos temas. Es trabajo de investigadores y divulgadores por igual explicar, allanar el terreno, tender puentes y ofrecer siempre datos objetivos para que el ciudadano medio pueda entender lo que está pasando a su alrededor. Solo en ese caso, la modificación genética más allá de las plantas empezará a ser vista con buenos ojos.

Referencias bibliográficas:

  • Cultivos transgénicos en el mundo, ecologistasenacción.org. Recogido a 17 de febrero en https://www.ecologistasenaccion.org/3175/cultivos-transgenicos-en-el-mundo/#:~:text=El%20mayor%20productor%20de%20cultivos,superficie%20mundial%20de%20cultivos%20transg%C3%A9nicos.
  • Polo, K. L. (2017). Seguridad alimentaria y alimentos transgénicos. Observatorio Medioambiental, 20, 59-75.
  • Rodríguez Yunta, E. (2013). Temas éticos en investigación internacional con alimentos transgénicos. Acta bioethica, 19(2), 209-218.
  • Transgénicos: ¿cuáles son sus beneficios? Agrobio. Recogido a 17 de febrero en https://www.agrobio.org/beneficios-cultivos-geneticamente-modifcados-colombia/