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¿Pueden las vacaciones de verano fomentar la vigorexia?


Las vacaciones de verano son un período de descanso y desconexión del trabajo para la mayoría de las personas; no obstante, hay quienes incluso durante estos días de tiempo libre se autosabotean sin darse cuenta y de manera involuntaria, alimentando un círculo vicioso de estrés e inseguridades personales que se intensifican aún más al romper con la rutina y la estructura que aportaba la jornada laboral.

Uno de los trastornos más característicos que pueden emerger durante las vacaciones de verano es la vigorexia, un trastorno mental basado en una obsesión por ganar volumen muscular para dejar atrás lo que se considera que es un físico demasiado delgado o poco definido. Veamos de qué manera se relaciona con las experiencias típicas que solemos vivir durante esta pausa vacacional veraniega.

¿Qué es la vigorexia?

La vigorexia es un trastorno psicológico que consiste en una obsesión por la propia imagen física, que es percibida como un cuerpo demasiado enclenque o delgado. Debido a esto, las personas con vigorexia tienden a alimentarse buscando la ingesta de muchas calorías para ganar volumen, y normalmente también combinan esto con la realización de excesivo ejercicio físico.

Por sus características, esta alteración ha llegado a ser considerada una especie de anorexia inversa, aunque presenta muchas diferencias cualitativas con respecto a esta, y no resulta tan peligrosa porque no conduce a la desnutrición, sino más bien a la malnutrición. Ahora bien, afecta de manera muy clara tanto a la autoestima y a las relaciones personales como a la forma que tiene la persona de relacionarse con la comida, que pasa a ser problemática y a generarle estrés debido a la búsqueda de control sobre lo que se consume.

La vigorexia suele afectar mayoritariamente a hombres de entre 18 y 35 años, y tanto la promoción de los nuevos estilos de vida fitness como la popularización del hábito de ir al gimnasio para ponerse fuerte entre la gente cada vez más joven podrían estar precipitando la aparición de cada vez más casos de vigorexia.

¿De qué manera puede la llegada de las vacaciones desencadenar un caso de vigorexia?

Son muchas las causas que pueden ocasionar la aparición de un caso de vigorexia, y estas dependen de cada persona en particular. Por otro lado, las vacaciones de verano por sí mismas no son las causantes de la vigorexia, entre otras cosas porque toda psicopatología surge a partir de una combinación de factores personales y sociales. Sin embargo, el verano ofrece un contexto en el que surge el desencadenante de esta alteración con mucha facilidad.

A continuación encontrarás un resumen de las diferentes maneras en las que la llegada de las vacaciones de verano puede reforzar o ayudar a desencadenar esta alteración (junto con otras causas combinadas).

1. Influencia de las redes sociales

Las redes sociales pueden ser herramientas muy útiles para comunicarnos con los amigos o para aprender determinados conocimientos útiles o curiosos; sin embargo, para muchas personas puede ocasionar determinados complejos sobre su físico debido a las comparaciones con otros cuerpos.

Durante las vacaciones de verano, las redes sociales se llenan de publicaciones en las que sus usuarios comparten fotografías de sus retiros veraniegos, generalmente en bañador o con poca ropa. Además, las imágenes con contenidos más deseables tienden a recibir más interacciones, lo cual hace que su alcance aumente y que eclipsen el resto de publicaciones con cuerpos no normativos.

Esto posibilita que muchos usuarios se sientan mal al ver los cuerpos esculturales tanto de influencers famosos como de amigos y conocidos y asuman que esto es “la norma”, lo que generalmente ocasiona sentimientos de complejo o inferioridad que pueden desencadenar un TCA en general o un caso de vigorexia en particular.

2. Inseguridad con el propio cuerpo

De igual manera, el período de vacaciones es una temporada en la que todo el mundo va con menos ropa por la calle y dejando más zona de su cuerpo a la vista, lo que puede potenciar algunos complejos en algunas personas que ya los iban “arrastrando” desde hace meses o años.

Esta inseguridad con el propio cuerpo a la hora de ir a la playa o a participar en actividades veraniegas también pueden generar un gran malestar en la persona, que a menudo puede traducirse en la aparición de un caso de vigorexia como una especie de estrategia defensiva que, en realidad, da más problemas de los que soluciona.

3. Ganas de impresionar

Las ganas de impresionar a las personas a las que solo se ve durante esta época del año, ya sean amigos o familiares, también pueden ocasionar en muchas ocasiones una obsesión por hacer ejercicio y por la comida que ayude a ponerse fuerte. En este caso, la obsesión por ganar masa muscular no sale tanto de complejos con el propio cuerpo anteriores, sino de un intenso deseo de destacar a través del físico y ganarse la admiración o la aceptación del resto sin tener que aplicar habilidades sociales, algo que a la larga hace que esos complejos aparezcan debido a las ganas de acercarse a una versión idealizada de ese “Yo” musculoso.

Estos dos elementos son esenciales en la aparición de un caso de vigorexia, por eso resulta tan importante conversar con un amigo o familiar que pueda estar pasando por este proceso, especialmente cuanto más joven sea.

4. Necesidad obsesiva de ser productivo en el tiempo libre

Otra de las causas que pueden precipitar la aparición de un caso de vigorexia es la necesidad obsesiva de utilizar el tiempo libre extra que ofrece el verano para hacer ejercicio y cuidar lo que se come (durante el resto del año el horario laboral hace más complicado tener un alto control sobre la dieta). Es decir, que la indecisión de qué hacer con el tiempo libre hace que surja un malestar ante la idea de desperdiciar esas horas sin nada que hacer, algo que lleva a dirigir la atención hacia el propio cuerpo ante la idea de ponerse en forma.

Además de eso, el mero hecho de tener más tiempo libre durante el verano, también puede ocasionar progresivamente una mayor obsesión por ponerse fuerte y ganar más masa muscular.

5. Dietas extremas

Los dietistas y nutricionistas son grandes conocedores del peligro que entrañan las dietas milagro, especialmente si estas se empiezan o terminan de manera aleatoria y sin la supervisión de un profesional. Y, a la vez, el inicio del verano y las semanas previas a este son una época del año en la que se publicitan más las soluciones extremas para ponerse en forma; la exposición a estos anuncios y publicaciones alimentan los complejos con el propio físico.

Este tipo de dietas poco científicas también pueden acabar promoviendo una obsesión de la persona por la comida y ocasionando un TCA o bien un caso de vigorexia y obsesión por el ejercicio físico.

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