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Marco Aurelio: biografía de este emperador romano y filósofo


Marco Aurelio ha sido uno de los más grandes emperadores de Roma. No solo fue un gran estrategia militar y un responsable político sino que, también, fue un profundo filósofo, heredero de las doctrinas estoicas.

Ya desde pequeño logró ganarse la confianza del emperador Adriano, quien quiso que fuera su sucesor después de Antonino Pío. Con Marco Aurelio parecía que se cumplía el ideal de Platón, que auguró que la felicidad de los pueblos se conseguiría con reyes filósofos.

Pero el mandato de Marco Aurelio no fue un camino de rosas. Si bien Roma no pudo ser más excelsa, también tenía sus problemas. Además, su familiares directos no estuvieron a la altura propia de lo que debería ser una familia imperial. Veamos su historia a través de una biografía de Marco Aurelio.

Breve biografía de Marco Aurelio

La vida de Marco Aurelio es la de un excelso emperador, quien supo manejar las riendas de la más poderosa civilización de su tiempo, Roma. Pero, también, es la vida de un ávido lector, interesado por las doctrinas filosóficas de su tiempo. También la practicó, redactando sus Meditaciones y expresando su naturaleza estoica. Marco Aurelio aceptaba la realidad como un dictado natural al que los humanos nos debemos someter. Por eso, ya desde pequeño, el emperador filósofo aceptó sin queja alguna el destino que le esperaba.

Primeros años

Marco Aurelio, (nacido Marcus Annius Verus), nació en Roma en 121, en el seno de una gens hispánica en la ciudad de Roma. Su madre fue Domicia Lucilla, y era huérfano de padre, ejerciendo ese papel durante un tiempo su abuelo paterno, el prefecto Roma Annio Vero. Desde bien pequeño llamaba la atención por su ingenua franqueza e inteligencia, algo que despertó el interés del emperador Adriano quien, teniendo solo seis años, lo elevó a la orden ecuestre.

Habiendo obtenido semejante honor, un rango aristocrático verdaderamente importante, Marco Aurelio estaba obligado a comparecer ya desde bien pequeño a todo tipo de ceremonias. Eso no le gustaba, dado que tenía que distanciarse de sus compañeros de juegos y, con el paso del tiempo, el muchacho se fue volviendo más taciturno.

A la edad de ocho años se le admitió en el colegio sacerdotal de los salios, que junto con los arvales, los lupercos y los feciales conformaban las cuatro cofradías encargadas de las tareas ceremoniales en el colegio de pontífices. Estos religiosos ejecutaban los ritos de la guerra y alianza en nombre del pueblo romano.

Fue un tiempo verdaderamente abrumador para Marco Aurelio. Incluso la vestimenta era algo que le sobrepasaba, puesto que tenía que llevar una gruesa túnica carmesí, acompañada de coraza y casco de bronce pesados, que debía llevar puestos para ejecutar complicadas danzas sacerdotales. Además, tenía que soportar exagerados banquetes, comilonas que hicieron que llegara a sentir desagrado por tales excesos, haciendo que acabara desarrollando gusto por la sobriedad.

Durante sus primeros años Marco Aurelio vivía bajo la protección de su abuelo paterno pero, tras fallecer, toda esa tarea quedó en manos de su madre Domicia Lucilla. Se trataba de una mujer cariñosa pero exigente, entregada a la labor de cuidar de Marco Aurelio, más aún sabiendo que el emperador estaba interesado en él como posible sucesor. Domicia era una mujer culta que insistió a Marco para que practicara el griego, pues era la lengua de Platón, adecuada para la cultura, el pensamiento y la filosofía.

En esta época se fue a vivir a casa de su bisabuelo materno Catalino Severo, en el monte Celio, un barrio de mansiones aptricias que rivalizaban con las villas imperiales palatinas. Catalino Severo supo ver las virtudes de su descendiente y le concedió la exención de la escuela para que pudiera estudiar en casa. En su hogar recibiría las enseñanzas de reputados seguidores de Séneca y la escuela estoica, conocida como El Pórtico. Le enseñaron sobre todo literatura latina.

Para completar su formación, su madre llamó a Diogneto, otro maestro del Pórtico con quien los jóvenes aristócratas aprendian el arte de la pintura, el canto y la danza. Fue este sabio más que ninguno quien inició al joven Marco Aurelio en la reflexión filosófica. Sin embargo, en esta juventud placentera rodeado de filósofos no tuvo ninguna experiencia ni primer contacto con el arte de la guerra, algo que conseguiría suplir con creces varios años después.

Filósofo en lo práctico

Las influencias filosóficas hicieron que Marco Aurelio quisiera comportarse como un verdadero filósofo en su adolescencia, llevándolo a la práctica. Consideraba que lo que era bueno para un simple pastor no tenía por qué ser malo para él, así que decide vestir túnicas toscas y acostarse sobre las tablas en el suelo, comportándose de la forma más pobre posible. Quería demostrar que un aprendiz de filósofo nacido en una gens rica era capaz de practicar su filosofía y no simplemente limitarse a lo teórico.

Con el paso del tiempo nuevos pensadores pasarán por su vida. Entre ellos destacan Junio Rústico, un filósofo que hace que Marco Aurelio contacte con la obra de Epicteto. En concreto, le habla del Enquiridión, un manual de máximas morales que sirve de guía e inspiración literaria al joven. Sin embargo, el más importante de los que se cruzan en su camino es sin duda Cornelio Frontón, maestro, confidente y, con el tiempo, estimado amigo con quien mantendrá un vínculo fraternal que durará muchos años.

Inspirado por sus principios estoicos, Marco Aurelio trató de dar a cada cosa su justo valor. Sin embargo, con el paso del tiempo fue considerando que nada, ninguna situación por injusta que fuera, debía reformarse. Todo había que aceptarlo como expresión de la naturaleza y el cosmos. Incluso la esclavitud, algo que consideraba una lacra social repugnante, no se debía suprimir. Era el correcto orden de las cosas. Algunos han visto en esta aceptación la precursora de la resignación cristiana.

Marco Aurelio pensaba que, aunque el gran Epicteto hubiera sido esclavo y el terrible Nerón emperador, el mundo estaba bien, equilibrado. La crueldad del emperador se compensaba con la sabiduría del filósofo liberto. Opinaba que como Epicteto había sido sabio acabó siendo muy respetado, mientras que el emperador Nerón acabó siendo el enemigo de todos sus súbditos. El destino, de una u otra forma, acababa poniendo a cada quien en su lugar.

En la primavera de 136 Marco Aurelio cumple quince años y toma la toga viril. Ya es considerado un adulto de pleno derecho y puede asistir a audiencias, rituales y banquetes como tal. Es un momento muy importante, pues en estas ceremonias religiosas se le revelaron alusiones y presagios del gran futuro que le esperaba.

En una salutación a Marte los sacerdotes saliares tenían que arrojar cada uno su guirnalda a la estatua del dios de la guerra. Cuando le tocó el turno a Marco Aurelio, a diferencia de las gurinaldas del resto de asistentes que habían caído a los pies del dios, la suya cayó sobre la cabeza. Admirados, los sacerdotes interpretaron esto como un signo de su grandiosidad, especialmente en lo bélico, y lo reconocieron como un futuro cónsul bañado en victorias.

Estas predicciones atrajeron a los cortesanos, quienes intentaron ganarse su favor. Sabiendo que Marco Aurelio sería un ilustre personaje para el imperio convenía ganarse su amistad para que fuera generoso una vez estuviera en el poder. Sin embargo el joven, a la mínima que estaba libre de obligaciones ceremoniales, huía despavorido de cualquier otra compañía que no fuera la de un buen libro.

Es entonces cuando Adriano lo llama a Roma, para darse un paseo con él por su villa a las afueras de la ciudad. Con esto Adriano pretendía conocer más a fondo a Marco Aurelio, ver de qué pasta estaba hecho y cómo había madurado. Quería saber si, viendo cómo se comportaba, podía confiar en él para llevar las riendas del todopoderoso Imperio Romano.

El sucesor de Adriano

Cuando Adriano designa a Antonino Pío como su sucesor directo le pide que adopte a Marco Aurelio como su sucesor. En esta época el joven ya tenía 18 años y, ante su designación como nuevo césar asociado al trono, se traslada junto con su madre Domicai al Palacio Imperial del Palatino, pese a que no lo deseaba. El mundo empieza a verle a él y no a Antonino Pío como el auténtico heredero, puesto que Antonino tenía ya 50 años y su salud era frágil, con lo cual se esperaba que su gobierno no fuera más que un interregno.

Llega el 138 y Adriano está satisfecho por su gestión del imperio. Había traído paz y prosperidad a un Imperio que había heredado de Trajano con serias guerras e inestabilidad económica. Estaba tranquilo sabiendo que había encontrado un buen sucesor, no en la figura de Antonino Pío, sino en la de Marco Aurelio. No obstante, el plan no salió cómo él había previsto puesto que, al ponerse la diadema imperial, Antonino Pío, lejos de vivir apenas unos años, logró reinar durante veintitrés.

Así pues Marco Aurelio es nombrado césar en 139 y, ya siendo cónsul, en 145 se casa con Faustina, hija del propio Antonino Pío. El principal motivo de ello era poder establecer lazos dinásticos más sólidos. La quería pero no apasionadamente, puesto que la futura emperatriz no estuvo a la altura de su posición. Faustina carecía de decoro alguno y esa cualidad le daba muy mala fama, especialmente teniendo en cuenta que eran públicas sus relaciones con fuertes gladiadores, algo que la corte imperial cotilleaba día y noche.

Antonino Pío no fue mal gobernante. Continuó con reformas propuestas por Adriano, supo mantener el statu quo y creó varias obras. Su reinado fue provechoso para Marco Aurelio puesto que pudo continuar con su aprendizaje sin tener que moverse de Roma, bien apegado al corazón del Imperio. No estaba aún interesado en las aventuras por lejanas tierras ni en hacer la guerra, puesto que estaba todavía muy apegado en sus libros y los maestros del Pórtico que tanto le habían enseñado.

El emperador Marco Aurelio

En el año 161, Marco Aurelio accede por fin al trono imperial. Roma y su imperio han alcanzado su mayor expansión. El Imperio Romano es la más gran civilización del Mediterráneo habiendo conquistado sus orillas y posee territorios claves como Hispania, Anatolia y Britania. Los romanos se ven a sí mismos como el límite entre lo civilizado y grandioso con lo bárbaro y primitivo, y su frontera es siempre un lugar en bajo constante amenaza.

Ya siendo conocido como Marcus Elius Aurelius Verus Antoninus Imperor, Marco Aurelio es consciente del poder que ostenta. Está al mando de un imperio que se encuentra en su época dorada y debe hacer todo lo posible para conservar y defenderlo. Roma había logrado unificar Oriente y Occidente, tratando de imponer su estilo de vida al resto de culturas europeas, asiáticas y africanas, ya fuera por medio de la razón y el progreso o de las armas.

Marco Aurelio prefiere conservar los territorios y los veinte años que dura su reinado opta por no arriesgarse a conquistas. Opta por establecer contacto diplomático con otras culturas puesto que, a diferencia de lo que pensaban sus contemporáneos, Marco Aurelio no creía que Roma fuera el único asiento de la cultura. Debían existir más grandes civilizaciones, las cuales podían ofrecer nuevos conocimientos al mundo romano. Aunque no sin dificultad, logró enviar embajadores a lugares como China y la India.

De filosofar a batallar

Pese a que los sacerdotes le habían augurado un futuro prometedor y su gestión política estaba llena de excelentes propósitos y buena intención, aparecieron problemas. Guerras, enfermedades y revueltas se convirtieron en algo cotidiano, haciendo que el gobernante tuviera que ir de punta a punta del imperio para reducir las tensiones. No quería expandirse, pero la guerra con las tribus bárbaras era inevitable.

Como hombre tenaz y sabio, Marco Aurelio, que bien ya era conocido como el emperador filósofo, supo controlar el imperio. En sus viajes por todo el imperio encontró el tiempo para dedicarse a escribir sus Meditaciones, su obra más conocida. Se trata de un compendio de estoicismo en el que trata de olvidar su función militar y busca la dignidad de la naturaleza humana.

A Marco Aurelio le gustaba Roma, y en la medida que podía intentaba quedarse. Sin embargo, las campañas militares requerían su presencia para ponerse a la cabeza del ejército así que poco tiempo pasaba por la capital. Pese a que en su juventud no había sido formado en el arte de la guerra se desempeñó como un gran estratega militar, llevando a muchas victorias al ejército, tal y como habían predicho los sacerdotes de Marte. Demostró que Adriano lo había elegido sabiamente.

Aunque no era lo mismo que la ciudad, la vida militar le acabó gustando. Era una vida de sobriedad, sin mujeres ni lujos, tal y como había deseado desde adolescente. En esta etapa sus mejores amigos no fueron filósofos, sino los generales del Estado Mayor, entre los cuales podemos destacar a Claudio Pompeyano y Helvetio Pertinax. Era, verdaderamente, todo un cambio de aires y no se le daba nada mal vencer a las hordas de bárbaros que amenazaban la frontera. Algunos lo veían como la reencarnación de Alejandro Magno.

El Marco Aurelio militar despierta la conciencia de la emperatriz Faustina. Ya fuera por arrepentimiento de su comportamiento o porque su marido se había convertido en un viril soldado, Faustina decidió presentarse en el campamento de Sirmium a comienzos del 175 junto con dos de sus hijas, para acompañar a su marido quien, en ese momento, se encontraba enfermo.

Dado que su marido estaba indispuesto, Faustina se encargó de sus tareas en las ceremonias militares y dirigió el ejército en nombre del emperador cuando Marco Aurelio no podía salir de la cama. La mala reputación de la hija de Antonino Pío fue desapareciendo, dejando paso a una muy buena fama entre los militares, quienes le dieron el título de Mater Castrorum, es decir, la Madre de lso Campamentos. Este nombre empezaría a aparecer en las monedas con su efigie.

Travesía por Asia y vuelta a Roma

Tras haber pacificado las tierras de Asia, el emperador pasó el invierno del 175 al 176 en la ciudad de Alejandría. No podía pasar de largo por tan magnífica ciudad, urbe llena de cultura, en especial en su biblioteca donde Marco Aurelio pasó muchas horas antes de partir. Posteriormente, decidió regresar a Europa, atravesando Palestina y Siria, tierras en las que se escandalizaría por lo primitivas que eran las tribus del desierto.

Este viaje acabó siendo agridulce puesto que, pese haber disfrutado de la magnificencia de Alejandría, tuvo que vivir la muerte repentina de su esposa Faustina al llegar a Halala, Capadocia. Cuenta la leyenda que Faustina no había abandonado del todo sus costumbres sexuales y que el emperador, ya harto de su libertinaje, sugirió que por decoro se quitara la vida, siguiendo la tradición estoica.

Tras esto, Marco Aurelio se detuvo en Esmirna en la que pudo disfrutar viendo docenas de palacios. En esa misma ciudad advirtió a su hijo Cómodo sobre su licenciosa vida. El joven apenas tenía dieciséis años pero era violento y poco respetuoso, muy opuesto a cómo era su padre. Se sabía que Cómodo tenía un amante, un griego maestro de intrigas que solo le interesaba la vida circense. El emperador no se había muchas ilusiones con respecto a su hijo, pero quiso hacerlo su sucesor, pensando en que ya maduraría al poseer el cargo.

Últimos años

Una vez abandonada Esmirna se dirigió a Atenas, que consideraba su patria espiritual. Allí visitó todas las escuelas filosóficas y, además, creó un colegio. Ese colegio se podría considerar como el antecedente más antiguo de lo que serían las universidades medievales, en el cual se encontraban cuatro cátedras para las corrientes existentes: estoicos, aristotélicos (peripatéticos), cínicos y epicúreos. La tolerancia del emperador hacia los derechos de los demás asombró a las gentes de Atenas.

Poco después lograría volver a Roma en donde su pueblo lo esperaba extático. La multitud gritaba alegre al ver que el emperador volvía, paseándose por avenidas y foros imperiales. Sin embargo, en un momento dado de la cabalgata, el emperador quiso dar reconocimiento a su hijo Cómodo,bajándose del carro y dándole a su hijo las riendas. Lamentablemente, el pueblo no podía pasar por alto la mala fama de Cómodo, gritándole y profiriéndole maldiciones.

Marco Aurelio poco pudo disfrutar de su querida Roma, pues los bárbaros decidieron levantarse a orillas del Danubio. Pasó el año 179 en el campamento de Carnuntum, intentando pacificar la zona. Estando ahí escribía sus pensamientos, especialmente su preocupación por la muerte y cómo intentaba hacer que su hijo Cómodo se volviera más responsable, que estuviera a la altura de su futuro cargo de dirigente.

Lamentablemente, llegó el fin de su camino. La peste que asolaba el imperio desde 166 lo encontró como víctima y se cierne sobre él. Marco Aurelio fallece en 180 siendo visto como uno de los más grandes dirigentes de toda la historia de Roma. Su sucesor fue su hijo Cómodo que, lejos de ser como su padre, precipitó la caída del gran Imperio Romano. Con la muerte de Marco Aurelio moría un emperador que, como Platón había augurado, al ser un rey filósofo había traído la dicha y la riqueza a sus súbditos.

Referencias bibliográficas:

  • Grimal, P (1997). Marco Aurelio. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. ISBN 84-375-0434-1.
  • Adams, Geoff W. (2013) Marcus Aurelius in the Historia Augusta and Beyond. Lanham, MD: Lexington Books. ISBN 978-0739176382.