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​Coparentalidad: una nueva forma de tener un hijo


En pocos años, internet ha revolucionado nuestra manera de vivir. Hoy no sólo compramos todo lo inimaginable a través de la red, sino que ésta se ha convertido además en una potente herramienta de socialización.

Si bien hace 10 años podíamos mirar de reojo a quienes intimaban a través de aquellos chats rudimentarios tildándolos de “bichos raros”, a día de hoy, en las nuevas generaciones, el raro es quien no ha tenido una cita a través de las múltitples páginas de contactos online que existen. Tanto si buscas conocer a alguien para un “aquí te pillo aquí te mato” como si lo que deseas es encontrar el hombre o la mujer de tu vida, internet tiene mucho que ofrecerte.

Ser padre de una forma innovadora: la coparentalidad

Es más, si lo que deseas es encontrar al futuro padre o la futura madre de tus hijos sin que para ello sea necesario mantener una relación afectivo-sexual entre vosotros ahora también es posible. Para que me entiendas, te estoy hablando de la coparentalidad. Ser co-padres significa que dos personas se unen con un único deseo: tener un hijo en común.

Imagino que al leer esto te podrán venir ciertas dudas a la cabeza, lo cual es totalmente lógico, ya que entender esta nueva concepción  nos obliga a ampliar el paradigma relacional. En efecto, la coparentalidad separa relación matrimonial de la concepción y la crianza, lo cual supone la antítesis del estilo parental que la humanidad lleva practicando durante milenios: los hijos como fruto de una relación matrimonial.

Un ejemplo real para entender mejor la coparentalidad

Te presentaré un ejemplo que atendí una vez en consulta. 

Eva tiene 39 años y desde hace 10 trabaja como jefa de equipo en una multinacional tecnológica. Desde entonces sus jornadas laborales son tremendamente largas y exigentes, lo cual ha sido un importante impedimento a la hora de encontrar al hombre de su vida. En realidad sí lo tuvo, pero hace 5 años, justo antes de casarse, él se lo pensó mejor y la dejó. 

Desde entonces Eva, ha vivido volcada en su trabajo con la idea de ser madre soltera antes de los 40 si no encontraba a nadie. Llegó incluso a hacerse las pruebas para realizar una inseminación artificial con esperma de donante, pero antes de dar el paso cayó un artículo en sus manos sobre coparentalidad en el que se mencionaba en una página web dedicada a satisfacer esta necesidad. La idea de compartir la crianza de su futuro hijo y que además éste contase al mismo tiempo con una figura paterna le pareció muy interesante. Valoraba también muy positivamente el hecho de poder compartir los gastos que ello supondría así como el tiempo dedicado sin tener que renunciar al resto de parcelas de su vida.

Al poco tiempo de crearse un perfil Eva conoció a Álvaro, un chico gay de 35 años que mantenía una relación con su novio desde hacía más de cinco años. Él siempre había querido tener hijos pero por diversos motivos descartaba tanto la opción de la adopción como la del vientre de alquiler. En cuanto se encontraron lo primero que hicieron fue revelarse sus miedos “¿esto es muy raro no?” se decían riéndose. Ambos intuían que antes de dar el paso tenían que conocerse profundamente. 

Es más, tenían que convertirse en amigos, dos amigos que compartirían durante muchos años la crianza, los gastos y el tiempo que suponía tener un hijo muy deseado por ambos.

Ser hijo de una relación coparental

A nivel psicológico el recién nacido, el niño o el adolescente fruto de una coparentalidad no tiene por qué tener ningún conflicto especial mientras entre sus progenitores exista un buen clima y asuman su compromiso, ése es el único requisito. Si los adultos gestionan bien su día a día entonces el niño se criará de igual forma que cualquier otro que sea fruto de una pareja convencional y bien avenida. Ni que decir tiene que los dramas que viven muchos hijos de padres separados de manera conflictiva son mucho más dañinos para estos menores.

En realidad la coparentalidad no es más que el resultado de los cambios que la sociedad viene experimentando desde hace unos decenios. Al igual que la libertad social actual ha permitido separar el sexo del matrimonio, tampoco hace falta ser pareja para compartir la parentalidad, tan sólo madurez personal y sentido común.