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Las consecuencias de no gestionar los problemas de estrés en nuestras vidas


El estrés es un elemento que forma parte del funcionamiento natural de nuestro organismo. Por muy molesto que sea en algunas ocasiones, el hecho de estar estresados no tiene por qué suponer un problema, y mucho menos un trastorno psicológico. Simplemente, es un mecanismo de adaptación que nos ayuda a estar preparados para actuar rápidamente en situaciones clave.

Sin embargo, los problemas por exceso de estrés son una realidad. A veces, llegamos a estar tan estresados que eso juega en nuestra contra, y no a nuestro favor. Y cuando nos toca pasar por una experiencia así, lo mejor es tomar cartas en el asunto cuanto antes. Veamos por qué, a través de un repaso a las consecuencias de no intervenir ante los problemas de estrés.

Las principales consecuencias de no poner solución a los problemas de estrés

Estas son las maneras en las que el exceso de estrés daña nuestra calidad de vida a medio y largo plazo si no tomamos medidas para mitigarlo.

1. En el mantenimiento de hábitos saludables

Uno de los ámbitos de la vida en los que se plasma de un modo más claro el impacto del exceso de estrés psicológico tiene que ver con nuestros hábitos de autocuidado; es decir, cómo nos alimentamos, cómo cuidamos de nuestra higiene, cómo nos mantenemos en forma y cómo nos aseguramos las suficientes horas de sueño de calidad.

Como por un lado el exceso de estrés hace que nos centremos en el cortoplacismo más extremo, y por el otro tiende a “paralizarnos”a través de la rumiación psicológica (es decir, la tendencia a darle vueltas una y otra vez a aquello que nos obsesiona o nos preocupa), es muy frecuente que en situaciones así tendamos a ir postergando constantemente acciones como cocinar algo sano, irnos a dormir a la hora adecuada, ducharnos cuando toca, etc.

2. En la salud física

Esta clase de alteraciones psicológicas o solo influyen en nuestra salud física a través de su influencia sobre nuestras acciones de autocuidado; además, también pueden desgastar el funcionamiento de nuestro organismo de manera directa, mediante procesos fisiológicos u orgánicos en general. Cuando esto ocurre, hablamos de somatizaciones, que son los problemas de salud en los que el malestar psicológico se plasma a través de signos y síntomas físicos: dolor de barriga, picores en la piel, cefaleas, etc.

Las somatizaciones son una de las consecuencias más habituales de los problemas de estrés cuando estos se mantienen durante periodos relativamente largos, y aunque no se conocen los mecanismos exactos que trasforman el estrés en malestar físico, se cree que tiene que ver con el desgaste producido por unos patrones de liberación de hormonas anómalos y mantenidos durante demasiado tiempo.

Problemas de estrés y salud

3. En la familia

En el ámbito familiar, las principales consecuencias del estrés son la tendencia a la introspección y al aislamiento social (fruto de la rumiación psicológica) y, por otro lado, la predisposición a mostrarnos irritables cuando estamos muy estresados: cualquier contrariedad o comentario que consideremos ambiguo nos hace adoptar una actitud hostil por la frustración que eso nos genera. En definitiva, no nos gusta que a través de la convivencia surjan interacciones sociales que interrumpan nuestro flujo de pensamientos centrados en lo que nos preocupa.

4. En las amistades

Con las amistades, ocurre algo similar a lo que pasa con las familias en lo relativo a los problemas por exceso de estrés: esta clase de alteración psicológica nos predispone a aislarnos y a centrar nuestra atención hacia el interior de nuestra mente o hacia los estímulos externos que pueden tener que ver con lo que nos preocupa, pero no hacia el resto de elementos que nos rodean. Por ello, es habitual que quienes llevan una temporada estando demasiado estresados dejen de ver tan a menudo a sus amigos.

5. En el trabajo

Finalmente, cabe decir que aunque en teoría el estrés sirva para ayudarnos a reaccionar rápidamente ante las oportunidades fugaces y ante las señales de que si no nos movemos a tiempo algo malo nos pasará, esto no significa que siempre mejore nuestro rendimiento laboral.

De hecho, lo más habitual es que a medio y largo plazo, el exceso de estrés empeore nuestro desempeño en el trabajo. En primer lugar, porque nos agota, haciendo que nos cueste concentrarnos en una tarea durante el tiempo suficiente como para “conectar” con ella. Y ne segundo lugar, porque el temor a afrontar ciertas experiencias que anticipamos y que nos obsesionan, hace que intentemos evitar pasar por eso, por lo que postergamos una y otra vez las tareas que nos hacen pensar en lo que nos genera ansiedad.

¿Te interesa aprender a gestionar el estrés en tu día a día?

Existen varios hábitos y estrategias que ayudan a mitigar el estrés y la ansiedad para que no lleguen a desbordarnos convirtiéndose en un problema que nos resta calidad de vida. Y uno de los más útiles y sencillos consiste en adoptar la práctica de la meditación. Incorporar a nuestras rutinas diarias brees sesiones de varios minutos de meditación nos ayuda a re-equilibrar nuestro estado emocional y favorece que los niveles generales de activación nerviosa no sean más altos de los que nos exigen las circunstancias.