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Estabilidad emocional: qué es y cómo potenciarla y desarrollarla en ti


La estabilidad emocional tiene que ver con el ser capaces de regular nuestros sentimientos, algo que nos ayuda a poder afrontar las distintas situaciones de mejor modo, manteniendo un buen equilibrio en nuestras emociones.

Por otro lado, aunque se ha observado que puede existir una predisposición genética a tener mayor o menor estabilidad emocional, podemos trabajarla mediante hábitos y rutinas para conseguir aumentar esta capacidad.

En este artículo exploraremos el concepto de estabilidad emocional, cuáles son sus beneficios psicológicos, y cómo mejorar esta capacidad.

¿Qué es la estabilidad emocional?

La estabilidad emocional es un rasgo que tienen algunas personas para poder afrontar y manejar favorablemente sus emociones. Siempre pueden surgir emociones negativas, pero a algunos individuos se les da muy bien gestionarlas con el propósito de disminuir la afectación que comportan estas y eitar que sean un problema.

De este modo, los sujetos con esta habilidad podrán superar y hacer frente a situaciones estresantes o a problemas sin que estos repercutan en exceso en ellos. Por otro lado, al no quedarse anclados en las emociones negativas, son capaces de ver la situación desde una perspectiva positiva, son menos propensos a desarrollar una patología y, por tanto, viven más felices.

El concepto de estabilidad emocional está presente en distintos ámbitos de la Psicología, reconociéndose sobre todo el modelo de personalidad de los cinco grandes o Big Five; en él se presenta 5 rasgos de personalidad junto a sus opuestos, en el caso de la estabilidad emocional el contrario es el neuroticismo, con características como ansiedad, hostilidad, depresión o impulsividad.

La importancia de ser estable emocionalmente

La estabilidad emocional es un rasgo fundamental para conseguir una vida funcional y controlada. Como hemos visto uno de los rasgos es la impulsividad, de este modo los sujetos neuróticos o poco estables responderán de modo precipitado pudiendo actuar de forma incorrecta.

Diremos que un sujeto estable emocionalmente se caracteriza por mostrar una tendencia a quedarse neutro. Así pues, del mismo modo que es capaz de controlar las emociones negativas y que estas no le afecten de manera intensa, tampoco expresa muchas emociones positivas. Son sujetos tranquilos y calmados.

Recordemos que nada en extremo es bueno, así sentir constantemente emociones positivas muy intensas puede ser perjudicial, ya que con muy alta probabilidad puede virar al polo negativo, este patrón es el característico de los sujetos con trastorno bipolar. Otros individuos que muestran inestabilidad emocional como un rasgo habitual son los individuos con trastorno límite de la personalidad.

De este modo, uno de los principales efectos o consecuencias de presentar o no estabilidad emocional es la capacidad de afrontar correctamente los acontecimientos. Los sujetos inestables interpretan la situación de forma negativa, se fijan en lo malo, generando así mayor estrés, ansiedad o frustración, pueden quedar paralizados y sin ser capaces de movilizarse para resolver el conflicto.

Contrariamente, la estabilidad emocional proporciona a la persona una mayor capacidad a la hora de saber percibir positivamente la situación y así estar más motivados para actuar y conseguir el cambio. Vemos pues como la estabilidad emocional puede considerarse un factor protector del desarrollo de patologías.

Causas de la inestabilidad emocional

Del mismo modo que sucede con otras afectaciones, la presencia de inestabilidad emocional muestra tendencia genética, es decir, vinculada a factores biológicos, e influencia ambiental (o variables específicas de una situación). Estas pueden ser: cambios en los ritmos biológicos, como por ejemplo en las ondas, actividad cerebral o modificaciones en el metabolismo; dificultades para concentrarse o para dormir (insomnio); el tipo de educación o crianza; por ejemplo, se ha observado relación directa entre sobreprotección y menor estabilidad emocional.

Otras variables que pueden influir son: el embarazo, los estilos de vida poco saludables o desorganizados, no dormir las horas necesarias, no comer las cantidades adecuadas o hacerlo a deshoras o consumir sustancias tóxicas.

Síntomas de la inestabilidad emocional

No existen síntomas o signos determinantes de la estabilidad emocional, pero sí que hay características, conductas o comportamientos que se vinculan con más frecuencia a esta alteración, indicándonos con alta probabilidad su presencia. Veamos cuáles son.

  • Sentimiento de tristeza

  • Sentimientos positivos excesivos

  • Intolerancia a la frustración

  • Pérdida de constancia

  • Dificultad para reflexionar

  • Vernos constantemente influidos por el problema

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Cómo trabajar la estabilidad emocional

Como ya sabes, la estabilidad emocional muestra predisposición genética, lo que quiere decir que hay personas que tienen más facilidad para desarrollarla, pero esto no significa que no se pueda trabajar y entrenar para conseguir un mejor nivel de ella.

A continuación te planteamos algunas estrategias y técnicas que te pueden ser útiles para aumentar nuestra estabilidad emocional, veremos que muchas se vinculan con un buen estilo vida y hábitos saludables.

1. Dedícate tiempo a ti

En ocasiones no nos sentimos bien, estamos irritables, con mal humor, pero no encontramos el motivo. El mejor modo de saber la razón de nuestro estado, porque hay cosas que nos afectan es conocerse a uno mismo y la mejor manera de hacerlo es dedicándonos tiempo a nosotros. Tener momentos para estar solos es bueno, nos permite reflexionar y saber cómo nos encontramos y cuáles son las causas de este estado, siendo así mucho más fácil saber cómo actuar y afrontar la situación.

Del mismo modo, no es necesario sentirse mal para dedicarnos tiempo. Conocernos también nos ayudará a hacer frente a posibles problemas o acontecimientos difíciles que pueden suceder en el futuro.

Cómo desarrollar estabilidad emocional

2. Valora los hechos positivos que te suceden

Como ya hemos dicho, las personas con inestabilidad emocional tienden a centrarse y fijarse solo en lo negativo, repercutiendo así en la posibilidad de solucionar el problema o superar la situación. Es normal que después de un acontecimiento negativo nos sintamos mal, pero no nos podemos quedar anclados en esta sensación, en los malos pensamientos.

Tómate tu tiempo, pero no te muestres pasivo/a y busca cómo salir de esta situación. Mantener el contacto social, con las personas que nos quieren y queremos, nos ayuda a distraernos, a sentirnos apoyados y poder expresar nuestros sentimientos.

3. Establece una rutina saludable

Mantener una rutina saludable, tanto de sueño como de alimentación, ayuda a regular nuestro organismo y a sentirnos mejor no solo físicamente sino también mentalmente. Se recomienda dormir mínimo 7 horas diarias y llevar una alimentación variada, que nos aporte todos los nutrientes. La fatiga o el mal humor puede vincularse con malos hábitos, no debemos olvidar satisfacer las necesidades básicas.

4. Practica deporte

Realizar deporte nos ayuda a desconectar, a dejar de pensar durante un tiempo en nuestras preocupaciones al mismo tiempo que nos ayuda a sentirnos mejor físicamente. El ejercicio físico se vincula con el aumento de endorfinas que es un neurotransmisor con la función de disminuir la sensación de dolor facilitando que nos sintamos mejor.

La gran variedad de deportes que existen permiten adaptarse a las necesidades y gustos de cada persona. No es necesario practicarlos de forma intensa, es mejor hacerlos de manera continua, formando así parte de nuestra rutina saludable antes mencionada.

5. Acepta que es imposible controlarlo todo

Un modo de reducir las frustraciones o de no quedarnos fijados en lo malo, es ser conscientes de que no podemos controlar todo y hay situaciones o hechos que no dependen de nosotros. Por esta razón no le daremos más importancia de la que tienen, si no podemos hacer nada para cambiarlo no debemos caer en la trampa de querer controlarlo.

6. No te dejes guiar solo por las emociones

Las emociones, tanto las positivas como las negativas, son necesarias y nos ayudan a saber cómo estamos y nos encontramos, pero no debemos guiarnos y tomar las decisiones solo valorando las emociones; debemos tener también en cuenta nuestra parte racional, ver los hechos, los acontecimientos de un modo más objetivo, para poder valorar cuál es la mejor alternativa para nosotros, tanto en el momento presente como en un futuro y tener en cuenta las consecuencias que puede suponer.

Asimismo, actuar de manera más racional ayuda también a controlar nuestras emociones y a disminuir nuestra impulsividad. Volvemos a mencionar el planteamiento hecho con anterioridad, los extremos no son buenos, así que ser muy racional o muy emocional no es positivo, tenemos que encontrar el término medio.