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La insoportable levedad del ser en el trabajo


Dicen que en el trabajo (en relación de dependencia), como en el matrimonio, los que están adentro quieren salir y los que están afuera quieren entrar.

Desde que el ser humano está caminando por el planeta, la vida social, o incluso la vida en general, produce malestar. Quienes son más felices no lo son por la suerte o porque no tienen problemas, sino porque aprendieron a convivir con ellos, a interpretar de otra manera lo que sucede; en definitiva, han desarrollado habilidades para lidiar con los malestares cotidianos y con los que les toca tratar particularmente en sus trayectos de vida. ¿Habilidad? Sí, es una habilidad que algunas/os lo desarrollan intuitivamente.

Pero la mayoría debemos aprenderla de forma consciente, no importa a qué edad, para no llevarnos puesto el cuerpo y la mente hacia la enfermedad.

La importancia de aprender a gestionar el malestar

No se trata de ser masoquistas, sino de aceptar en primer lugar que los niveles de bienestar posibles (de los cuales podemos proveernos en nuestro entorno o a los cuales podemos acceder) son fluctuantes, y que en general muchas de las causas que provocan dichas fluctuaciones escapan a nuestro control o posibilidades de cambio.

Pero volvamos a la situación de trabajo. No es cierto (como tampoco lo es en el matrimonio) que toda vinculación, en este caso laboral, sea frustrante. Las hay muy gratificantes, y sin embargo, algún malestar estará dando vueltas de vez en cuando, ya sea porque la relación laboral no es estable, porque debemos estar mucho tiempo lejos de nuestros seres queridos, porque los compañeros/as que tenemos tienen algunos valores con los que no concordamos y nos ponen por momentos en situaciones límites de aceptación, etc.

¿Cómo afrontar el malestar en el trabajo?

En fin, las experiencias de malestar en el trabajo pueden ser muy variadas como para describirlas a todas; sin embargo, podemos apoyarnos en ciertos esquemas orientativos y organizadores de la conducta que nos ayuden a canalizar las emociones y pensamientos hacia acciones efectivas, es decir, congruentes con nuestros objetivos. Para ello, entonces, tengamos primero en claro los objetivos por los cuales estamos en el lugar en el que estamos trabajando.

1. Identificar los problemas

Tras haber aceptado que “malestares” existirán siempre, es importante hacer un registro de cuáles son todos ellos y anotarlos. Al apuntarlos a todos, hay que dales un orden de importancia, ya que el modo efectivo de resolver problemas es tomándolos uno a la vez. Empieza por el primero en la lista. Ponle una puntuación del 1 al 10.

2. Establece lo que origina el problema

Analiza la fuente del mismo, detecta de dónde proviene: si de fuentes internas (es decir, que tienen cierta independencia del lugar en el cual estás, como por ejemplo “me aburro fácilmente al cabo de un tiempo en cualquier trabajo”, “procrastino en todo momento”) o de fuentes externas (“en este lugar me presionan para que realice acciones que se oponen a mis valores y creencias”, “tengo que tolerar el mal humor y el mal trato de mi jefe o compañero/a de tanto en tanto”, “cada vez me cargan con más y más trabajo”).

Malestar al trabajar

3. Expresa en palabras lo que sientes

Describe las emociones y pensamientos que trae ese malestar: “me deprimo y me digo que soy un/a inútil” (si es interno) o “me irrita de tal manera que ya no lo soporto y quiero que se vaya” (si el estímulo se inicia afuera).

4. Cuestiona lo que crees que sabes

Es importante que sepas que los cambios de pensamientos cambian las emociones y los cambios de emociones cambian los pensamientos, y a su vez la impulsividad reactiva puede hacer que el problema empeore. Por lo tanto, a continuación tienes que poner en duda tus pensamientos. ¿Es posible que tu percepción o la forma en que juzgas la situación o tu persona no sea del todo correcta? ¿Qué otras respuestas o razones pueden explicar aquello que sucede y te molesta? Intenta buscar otras explicaciones aunque te parezcan forzadas.

Es importante no olvidar tus objetivos

Si la fuente del malestar proviene de estímulos externos a tu persona, aun siendo precisas y fundadas tus valoraciones y percepciones, debes relacionarlas con tus objetivos y tomar decisiones al respecto. Muchas veces los valores (de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo equitativo, etc.) o tus creencias deben quedar en el segundo plano si es necesario o vital mantener tus objetivos, sobre todo cuando éstos no pueden ser llevados a cabo por otros medios en el corto y mediano plazo.

Por ejemplo, un compañero de trabajo tiene comportamientos oportunistas con tus pares y contigo y eso te enfurece, pero a la vez sabes que su perfil es vital para el gerente y que llegado el caso de una confrontación directa tu superior priorizará a tu compañero antes que a ti, en ese caso, todo lo que dice tu cabeza acerca de lo injusto de la situación, de lo poco o nada ético del comportamiento de tu compañero puede ser cierto, pero a la vez poco o nada efectivo si se lo dices con enojo y si tu objetivo es mantener ese trabajo cuando las oportunidades laborales en tu entorno o región son escasas.

En ese caso debes explorar opciones y momentos. Ver el modo de decir lo necesario y que te sirva en el presente inmediato para que el comportamiento oportunista sea minimizado, aplazado, y que te permita mantener la mayor tranquilidad y estabilidad mientras continúas en esa organización.

No es cuestión de evadir todo el tiempo, pero tampoco de confrontar a cada paso que tu voz moral te lo exige; aprender a ir por el medio es, como dijimos al principio, una habilidad que se aprende y que no siempre saldrá bien. Sin embargo, al hacer conscientes tus malestares, describiendo tus emociones y pensamientos lo más precisamente posible, al tener en claro tus objetivos/metas y el peso que le das a cada malestar, estarás en mejores condiciones estratégicas de saber cómo actuar, cuándo y de qué modo.

Haz el ejercicio con cada problema o situación que te causa malestar de tu lista, y verás que se amplía el espectro de comportamientos alternativos que ganas para afrontar dicho estado. Así te darás cuenta de cómo aumentan tus criterios para evaluar la realidad y se automatizan nuevas habilidades para afrontar el día a día, haciéndote sentir con mayor seguridad personal al mismo tiempo que mejora tu estabilidad emocional.

Después de todo, si el malestar en el trabajo es muy alto y más allá de los intentos y estrategias no puedes sostenerlo de modo seguro para tu salud mental y física, no te quedes en él o en la zona de confort, reflexiona sobre la popular frase de “salta, que luego aparecerá la red”.

Existen muchas experiencias felices y de mayor realización de quienes creyeron no poder encontrar nuevas oportunidades y, por el contrario, nuevos caminos y decisiones los llevaron a una calidad de vida mejor.