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Individuación: qué es, y sus 5 fases según Carl Jung


Ser un ser autónomo, independiente y capaz de sobrevivir por sí mismo adaptándose al medio. Alcanzar la propia identidad, reconocerse a sí mismo como ente propio e integrado. Completar el proceso de desarrollo para lograr ser uno mismo. Todas estas frases reflejan el principal objetivo del desarrollo humano: la consecución del proceso de individuación.

Han sido muchos los autores que han desarrollado teorías alrededor de la idea detrás de este concepto, siendo uno de los más conocidos Carl Gustav Jung (padre de la psicología profunda o analítica), quien hizo especial hincapié en cómo alcanzamos la mismidad a través de dicho proceso. Y es sobre el concepto de individuación sobre el que se centra el presente artículo, desde la perspectiva junguiana, definiéndolo y estableciendo sus fases.

Individuación: concepto general

A nivel general se entiende individuación como el proceso mediante el cual una persona se convierte en un individuo integrado, llegando a ser uno mismo y alcanzando la capacidad de ser totalmente autónomo e independiente. Se trata de un proceso que requiere del crecimiento del sujeto y del desarrollo de diferentes capacidades psíquicas, apareciendo a lo largo del desarrollo humano y durando, en realidad, buena parte de la vida.

Este proceso es especialmente relevante y visible durante la adolescencia, momento en que la individuación de la persona le hace capaz de generar su propia identidad, diferenciándose de sus progenitores y empezando a reconocerse a sí mismo como ente propio y único. Para ello es necesario asimismo que exista una pertenencia, una vinculación con el entorno familiar y cultural que permita tener un punto de partida y un ambiente que facilite el proceso. Todo ello permitirá generar proyectos de futuro coherentes con uno mismo, así como la posibilidad de vincularse o desvincularse del mundo de forma sana y sincera.

El proceso de individuación según Carl Jung

En concordancia con lo anterior, Carl Gustav Jung elaboró una de las que serían las bases de su psicología analítica: el concepto de proceso de individuación. Para el autor, el término individuación se concibe como un proceso de diferenciación, constitución y particularización de la propia esencia, de tal manera que el sujeto pueda descubrir quién es y permite desarrollar la personalidad. Se identifica también con la autorrealización, siendo parte de un proceso natural e instintivo hacia la propia maduración.

Es importante tener en cuenta que el proceso de individuación es eminentemente conflictivo, tanto en la visión junguiana como en otras, dado que supone la integración de elementos contrarios. En el caso de Jung, proponía que estamos ante un proceso en que aparecían conflictos entre diversos opuestos en la persona, ligados a la oposición consciente-inconsciente y a la individualidad-colectividad.

La base de todo este proceso es el ego, a partir del cual iremos avanzando en la comprensión de los aspectos hasta ese momento negados y poco a poco aceptándolos e integrándolos. Los contenidos a desarrollar e integrar van a ser cada vez más complejos y para avanzar en este proceso es necesario ser capaz de identificar, vincular e integrar los opuestos sin identificarse con ellos, diferenciándolos del yo.

En este sentido se van a ir integrando en primer lugar los aspectos personales individuales, trabajándose las experiencias emocionales reprimidas inicialmente ante la consideración de su inadecuación o conflictividad o la vivencia de traumas, para posteriormente integrar también elementos propios del inconsciente colectivo, añadiéndose al desarrollo la elaboración de los arquetipos heredados culturalmente. Asimismo, también se irán desarrollando e integrando los diferentes procesos básicos que configuran la personalidad.

Resulta remarcable que también existe otra concepción de individuación más centrada en la evolución biológica del sujeto, si bien al contrario que en otras concepciones, el proceso de individuación propuesto por Jung no se limita a la adolescencia o a la infancia. De hecho, cada una de las etapas que forman parte de esta segunda interpretación del proceso durarían alrededor de diez años cada una, no completándose el proceso de individuación consciente hasta bien entrada la adultez.

Primero se pasa por una fase en que empieza a nacer el ego (previamente no hay conciencia de individualidad), posteriormente al llegar a la pubertad empieza a haber un alejamiento del entorno y una búsqueda de la identidad, aparece la adaptación a su rol y la integración del yo y finalmente una cuarta etapa en que se da la búsqueda de un significado del sí mismo. Sería en esta última cuando mayor probabilidad hay de que se den los procesos necesarios para terminar de individuarse.

Etapas del proceso de individuación

El proceso de individuación, desde la perspectiva junguiana, transcurre a lo largo de una serie de cuatro fases a través de las cuales el sujeto va primero complementando sus aspectos conscientes e inconscientes y poco a poco irá integrando los opuestos (persona y sombra, consciente e inconsciente...) hasta conseguir llegar a la mismidad de la persona: es decir a ser uno mismo, un individuo totalmente integrado.

Si bien en principio son cuatro, existen numerosas interpretaciones y maneras de dividirlas incluso dentro de la teoría junguiana, pero en todas ellas se tienen en cuenta las siguientes (incluyendo en este caso una quinta, que sería la finalización del proceso).

1. Despojarse de uno mismo y primer acercamiento al inconsciente

El inicio del proceso de individuación se da en el momento en que empieza a aparecer la conciencia de que la propia conciencia no es la totalidad del ser. Se empieza a ser consciente de la existencia de impulsos, de deseos y de contenido psíquico no expresado ni directamente observable. El sujeto se da cuenta de que existe una gran parte de sí que ha sido ignorada por sí mismo y va a intentar empezar a aproximarse a su comprensión, dado que ha llegado un momento en que su desarrollo le ha hecho ver dicha necesidad.

2. Encuentro con la sombra

Nacida la conciencia de que existe algo más en el propio ser, lo primero que se detecta es que existe no solo una parte consciente sino también un inconsciente y un conjunto de aspectos que negamos al considerarlas negativas (y que además solemos proyectar en los demás como mecanismo de compensación): en otras palabras, empezamos a ser conscientes de la existencia de la dualidad persona (de lo que somos conscientes y que nos hace sentir seres individuales que se relacionan con el mundo exterior) y sombra (la parte oculta e inconsciente de la persona)

Una vez se empieza a ser consciente de la existencia de la sombra, va a hacer falta empezar a valorarla sin juzgarla: nuestros deseos e impulsos inconscientes tienen un gran valor pese a que algunos sean socialmente mal vistos. Se trata de integrar los elementos negados y de la propia personalidad. No se trata de ceder a los impulsos (de hecho, la represión es vista por Jung como algo que en cierto modo permite el nacimiento de la conciencia), pero sí de aceptar la sombra como parte de nuestra naturaleza.

3. Encuentro con el ánima/animus

El tercer gran paso del proceso de individuación se da en relación a los arquetipos sexuales. Hasta el momento el niño ha ido integrando aspectos propios, pero ahora deberá empezar a integrar elementos arquetípicos, provenientes de la herencia cultural, que forman parte de su personalidad y de la colectividad y que hasta entonces habían sido negados por la persona. Concretamente en esta etapa el sujeto empieza a integrar la polaridad masculino/femenino.

Este proceso implica la de integrar al propio ser, además del arquetipo identificado con el propio sexo, la parte de su ser tradicionalmente identificada con el sexo contrario, apareciendo una vinculación con ella. Es decir el hombre debe integrar el arquetipo ánima o femenino (que se corresponde con elementos como la sensibilidad, el afecto y la expresión emocional) mientras que la mujer lo hace con el animus o arquetipo masculino (relacionado al vigor y la vitalidad, la fuerza, la razón y la sabiduría). Se trata de integrar en su totalidad el arquetipo sexual, tanto logos como eros, haciendo que medien y siendo fuente de la creatividad y la inspiración.

4. La integración del arquetipo luz

Una vez hecho lo anterior empiezan a alumbrarse las zonas oscuras y desconocidas de nuestra psique, algo que amplia nuestra consciencia de nosotros mismos en gran medida y que puede generar sensación de omnipotencia narcisista que nos hacen creer superiores. Pero el efecto de la realidad haciéndonos ver que nuestras capacidades no son tan extremas hace que “se nos bajen los humos”, devolviéndonos la humilidad. En este momento aparece la sabiduría y el descubrimiento, simbolizadas con el mago o el sabio que da sentido a lo desconocido, explorando y descubriendo el propio ser.

5. El final del proceso de individuación: coincidentia oppositorum

Poco a poco van apareciendo momentos en que el sí mismo aparece, unos momentos en que empieza a existir la comprensión del propio ser. El proceso llega a su culmen cuando se consigue la coincidencia o integración de los opuestos supone la adquisición de la mismidad, el fin del proceso de individuación.

En este momento el conjunto de elementos que conforman la mente se encuentran ya integrados (lo consciente y lo inconsciente, lo individual y lo colectivo, la persona y la sombra...), habiéndose conseguido una psique totalmente integrada. Ya es él mismo, consciente de los diferentes aspectos que forman parte de su ser y capaz de distinguirse y separarse del mundo. El sujeto es un ser completo, individuado y poco a poco cada vez más autónomo (pudiendo incluso formar su propio sistema ético).

Su importancia en la formación de la personalidad

El proceso de individuación, entendido como el que permite que lleguemos a ser nosotros mismos, es de extrema importancia en la configuración de la personalidad. De hecho, el propio Jung considera la individuación como una serie de transformaciones que tiene como objetivo lograr el punto medio de la personalidad, esto es, la adquisición de un punto intermedio que permite aproximarse a lo consciente y lo inconsciente.

No hay que olvidar que la idea de la individuación es volverse uno mismo, integrando los diferentes aspectos de la personalidad y de la psique en un todo completo. Ello quiere decir aceptar la presencia de los diferentes rasgos de los que disponemos y valorarlos, aún los reprimidos y negados a lo largo de la vida. El ejemplo más claro a nivel individual se da entre persona (la parte de nuestra personalidad que mostramos), y la sombra (la oculta y rechazada, que permanece inconsciente).

La individuación permite que seamos libres, que desarrollemos nuestra propia manera de actuar y ver el mundo y que no nos limitemos a seguir el camino marcado por nuestros predecesores, permitiendo que nuestra manera de ser, ver y actuar surja de manera independiente y diferenciada. En definitiva, que surja nuestra personalidad. Con ello, podremos hacer un proyecto de vida coherente con quienes somos y vivir nuestra vida como individuos que somos.

Referencias bibliográficas:

  • Alonso, J.C. (2004). La psicología analítica de Jung y sus aportes a la psicoterapia. Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (1): 55-70.
  • Jung, C. G. (1934). Sobre la formación de la personalidad. En C. G. Jung, Realidad del alma (pp. 173-200). Buenos Aires: Losada.
  • Muñoz, P. (2010). Ser uno-mismo: Introducción a la psicología análitica de C.G. Jung. Editorial Kaicron. España.
  • Sassenfeld, A.M. (s.f.). El desarrollo humano en la psicología junguiana. Teoría e implicancias clínicas. Universidad de Chile.