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El prejuicio de retrospectiva: características de este sesgo cognitivo


Lo pasado, pasado está. Y es que hay un hecho irrefutable: no podemos cambiar nuestras decisiones ni nuestros actos del pasado. ¿Y qué solemos hacer al respecto? Modificar nuestra percepción de lo sucedido y recordar las decisiones propias como mejores de lo que en realidad fueron.

Este efecto psicológico conocido como prejuicio o sesgo de retrospectiva se manifiesta cuando lanzamos la mirada atrás en el tiempo y creemos efectivamente que los eventos que ocurrieron eran más predecibles de lo que realmente lo eran cuando se tomó una decisión particular.

¿Qué es un sesgo cognitivo?

Un sesgo cognitivo es una desviación en el procesamiento cognitivo ordinario que lleva al individuo a distorsionar e interpretar de forma errónea la información disponible.

Este tipo de juicios irracionales, como ocurre con el sesgo de retrospectiva, surgen como una necesidad evolutiva a partir de la cual nuestros cerebros son capaces de emitir juicios instantáneos sin la mediación de un sistema de interpretación más elaborado y, por lo tanto, más lento. Aunque nos pueden llevar a cometer errores de interpretación graves, en determinados contextos y situaciones nos ayudan a tomar decisiones más acertadas y eficaces.

El concepto de sesgo cognitivo lo introdujeron los psicólogos e investigadores Daniel Kahneman y Tversky en 1972, a raíz de su experiencia en la investigación de pacientes que eran incapaces de razonar de forma intuitiva con cifras de gran magnitud. Ambos sostenían que la mayoría de las decisiones humanas importantes se basan en un número limitado de principios heurísticos -atajos mentales que utilizamos para simplificar la realidad y solucionar problemas- y no en un análisis formal de los hechos. Esta teoría contradecía frontalmente el modelo racional de toma de decisiones que imperaba por aquel entonces.

El sesgo de retrospectiva: qué es y cómo nos influye

Es habitual que el prejuicio o sesgo de retrospectiva actúe cada vez que se produce una crisis de tipo económico o social. Por ejemplo, tras la crisis financiera global de 2008, que se desató debido al colapso de la burbuja inmobiliaria y el fraude de las hipotecas subprime en EE.UU., pudimos ver cómo muchos de los economistas que no supieron predecir sus efectos devastadores afirmaban a posteriori que éstos sí que eran predecibles y que sabían que ocurriría lo que finalmente pasó.

Este sesgo también tiene mucho que ver con la capacidad que tenemos los seres humanos de recordar determinados eventos. Nuestro sistema memorístico no funciona como un ordenador: los recuerdos se van difuminando con el tiempo y reconstruimos parte de ellos a base de ir acumulando nuevas experiencias. La psicóloga Elizabeth Loftus ha investigado durante años los denominados “falsos recuerdos”, postulando la teoría de que el modo en que se pide a alguien recordar algo influye en su posterior descripción del recuerdo en sí.

Estos errores de procesamiento que sesgan nuestra memoria, como ocurre con el sesgo de retrospectiva, que nos lleva a modificar el recuerdo de nuestras creencias previas a que ocurriera un hecho determinado en favor de la conclusión final, determinan nuestra visión de nosotros mismos y de lo que nos rodea. Historiadores, sesgando el resultado o el desarrollo de una batalla histórica, o médicos, al recordar sesgadamente los efectos negativos de un ensayo clínico, son dos ejemplos de profesiones afectadas por este sesgo.

¿Qué dice la investigación al respecto?

A pesar de que un sesgo como el de retrospectiva parece, a priori, un error fácilmente explicable e identificable, la gran mayoría de estudios realizados concluyen que resulta muy difícil emitir juicios sobre algo que ha ocurrido abstrayéndose por completo del resultado, de modo que también es complicado tratar de contrarrestar su efecto. Numerosos estudios han confirmado este sesgo y en los últimos años se ha tratado de determinar si los jueces sucumben al mismo en mayor o menor medida que, por ejemplo, los miembros de un jurado.

En este sentido, en 2001 se realizó un estudio con 167 magistrados de las Cortes Federales de EE.UU. y se concluyó que los jueces estaban afectados por el sesgo de retrospectiva en la misma medida que el resto de ciudadanos. Otro estudio empírico realizado por los investigadores W.K. Viscusi y R. Hastie en 2002 también concluyó que los mismos efectos derivados del sesgo de retrospectiva influían en la sentencia del juez, pero en menor medida.

Según el estudio, a pesar de que los jurados acertaban al incorporar a su veredicto valoraciones de tipo moral y social que permitían calificar un acto o comportamiento dañino como doloso (castigando así al demandado y previniendo conductas similares en el futuro), abundaban los errores y prejuicios que convertían los veredictos condenatorios en una lotería imprevisible. En cambio, los jueces profesionales erraban en menor medida, un hecho que pone en tela de juicio la idoneidad de los jurados, a pesar de ser en su forma más democráticos.

Cómo combatir este y otros sesgos

No hay una fórmula mágica que nos garantice evitar los juicios irracionales y sesgos como el de retrospectiva, pero sí podemos tener en cuenta ciertas claves para minimizar sus efectos. Lo primero es empezar por asumir y aceptar una verdad incómoda: que no somos más listos que nadie y que todos, sin excepción, somos susceptibles de sufrir sus efectos, al margen de los estudios que tengamos o de lo racionales que nos creamos.

Los sesgos, como mecanismos evolutivos que son, están ahí y están por un motivo: agilizar la toma de decisiones y la respuesta ante estímulos, problemas o situaciones que, de otro modo, no podríamos afrontar por la incapacidad de nuestro sistema cognitivo para procesar toda la información disponible en el menor tiempo posible.

Una vez asumida nuestra propia vulnerabilidad ante los efectos de lo irracional, el siguiente paso es saber cómo tratar la información que recibimos de nuestro contexto y de otras personas. Es importante sopesar los datos y exigir evidencias ante afirmaciones que nos generen sospechas. La intuición sin el soporte de la razón no lleva a buen puerto. Debemos contrastar con hechos y datos objetivos todas las opiniones, las propias y las ajenas. Y ser conscientes de que tomar decisiones en base a una autoevaluación de nuestras capacidades puede resultar engañoso.

Por último, cuidado con querer tener siempre la razón. Escuchar con atención e intentar comprender el significado real de la información que nos proporciona nuestro interlocutor puede ser el mejor remedio contra el autoengaño. Cerrar los ojos y los oídos ante la evidencia con tal de no ver peligrar nuestras creencias establecidas es la antesala a uno de los mayores males de nuestra sociedad: el fanatismo. Y parafraseando al psicólogo estadounidense Gordon Allport: "Las personas que son conscientes o se avergüenzan de sus prejuicios son también las que están en el camino de suprimirlos".

Otros tipos de sesgos

Son muchos los sesgos cognitivos que nos inducen a cometer errores y a emitir juicios irracionales, pero no podemos centrarnos únicamente en el sesgo de retrospectiva. Existen otros muchos que debemos tener en cuenta. Entre los más conocidos están los siguientes:

1. Sesgo de efecto de arrastre

Consiste en creer o hacer algo que muchas personas hacen. Esto es, la probabilidad de ocurrencia de una conducta aumentaría en función de la cantidad de individuos que la sostengan. Este sesgo es en parte responsable de cómo perpetuamos muchos de los mitos y falsas creencias (como pensar que solo usamos el 10% de nuestro cerebro o creer que la homeopatía funciona) tan arraigadas actualmente en nuestra sociedad.

2. Sesgo de anclaje

Es la tendencia a "anclarse" y utilizar la primera pieza de información que nos llega para luego emitir juicios o tomar decisiones.

Las consecuencias de este sesgo las suelen emplear de forma muy eficaz todo tipo de vendedores y comerciales. Un ejemplo muy evidente lo podemos encontrar en los concesionarios de coches. El vendedor nos enseña un vehículo y nos lanza un precio concreto (por ejemplo, 5.000€). Esa primera información, en este caso una cifra, va a hacer que durante todo el proceso de compra tengamos en mente la cifra que el vendedor nos ha ofrecido. De este modo, es él quien parte con la ventaja de poder negociar desde sus propios términos

3. Sesgo del error fundamental de atribución

Es la tendencia a atribuir exclusivamente a rasgos internos de un individuo (como la personalidad o la inteligencia) su conducta observable. De este modo, simplificamos la realidad al descartar a priori cualquier relación posible entre factores situacionales -más cambiantes y menos predecibles- y el individuo, que pueda servirnos de explicación de su conducta.

4. Sesgo de confirmación

Se produce al favorecer, interpretar y recordar información que confirma nuestras propias expectativas y creencias previas, anulando así cualquier otro tipo de explicación alternativa. Interpretamos la realidad de forma selectiva (al igual que ocurre con el sesgo de retrospectiva), obviando hechos y situaciones que no apoyan nuestras ideas preconcebidas.

Este error de razonamiento influye muy negativamente, por ejemplo, en ámbitos políticos y organizativos, donde es habitual tener que barajar múltiples opciones para poder tomar una decisión certera.

5. Sesgo de disponibilidad

Es la tendencia a estimar la probabilidad de un suceso en base a la disponibilidad o la frecuencia con la que ese suceso aparece en nuestra mente a través de la experiencia. Por ejemplo, si en los medios de comunicación nos presentan en los informativos cada día y de forma contínua noticias de robos a casas en verano, nuestra tendencia será pensar que dichos eventos ocurren constantemente y de forma más habitual de lo que en realidad lo hacen, ya que estarán más presentes en nuestra memoria que otros eventos que objetivamente son más frecuentes.

Referencias bibliográficas:

  • Bunge, M. y Ardila, R. (2002). Filosofía de la psicología. México: Siglo XXI.
  • Myers, David G. (2005). Psicología. México: Médica Panamericana.