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La idea de que la homosexualidad es antinatural es absurda


En los últimos meses las iniciativas a favor de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en México está haciendo ha hecho que Internet se vea inundado de nuevo por proclamas políticos diseñados para influir en la opinión pública. 

Muchas de ellas se fundamentan en la idea de que la homosexualidad es “antinatural”.

¿Es antinatural la homosexualidad?

Desde luego, decir que un patrón de comportamiento o es antinatural queda algo más serio y profesional que decir que va contra las leyes de algún dios o que su variante, decir que los actos asociados a la homosexualidad no pueden existir porque resultan desagradables para algunas personas.

No es extraño oír hablar a personas que, enarbolando su tono frío y desapasionado como si fuese una bandera, se limitan a informarnos de que, guste o no, la homosexualidad es simplemente antinatural, independientemente de nuestras creencias y opiniones personales. No es nada personal, es que simplemente las cosas son así; el mismo término lo expresa: ¡es la naturaleza la que habla por su boca, no una ideología!

Escudándose en la ciencia

Lo anterior no sería grave si no fuese por el hecho de que la etiqueta de “lo antinatural” es en realidad un mejunje conceptual que, al ofrecer un barniz de aparente carácter científico que supuestamente está basado en el conocimiento sobre la teoría de la evolución y el ámbito de la salud mental, solo sirve para encubrir posturas ideológicas que cada día son más difíciles de defender y que para sobrevivir necesitan ser disueltas en etiquetas cuyo único valor es que son confusas y pueden cambiar de significado dependiendo de la situación.

No voy a entrar a explicar por qué esas posiciones ideológicas son en realidad indefendibles al basarse o bien en el integrismo religioso o bien en la simple defensa de los valores tradicionales por encima de la igualdad de derechos. Simplemente voy a explicar por qué la idea de la homosexualidad como algo antinatural no se sostiene ni puede ser respaldada sin ir mucho más allá del análisis científico y entrar de lleno en los dominios de la pura ideología.

Para ello voy a ir describiendo uno a uno los significados frecuentes que se le suele dar al concepto de lo antinatural cuando se habla sobre la homosexualidad. Empecemos con un clásico.

1. ¿Que la teoría de la evolución dice qué?

Una de las maneras que dar a entender que la homosexualidad es antinatural (y, por lo tanto, malo) es limitarse a relacionar este concepto nebuloso con la supervivencia de nuestra especie. Lamentablemente, no existe ninguna ley natural que establezca que todos los seres humanos deban comportarse como si la conservación de su legado genético fuese su objetivo más importante y solo dependiese de ellos de manera individual. Esto tiene una serie de implicaciones.

En primer lugar, las especies no prosperan o se extinguen dependiendo de lo que hacen los individuos. Un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en las especies de insectos que viven en colonias: algunos individuos, los que pertenecen al grupo de los obreros, cumplen con roles que son útiles para la supervivencia del conjunto entre otras cosas porque son estériles y no se preocupan por dejar descendencia. Lo que caracteriza a la evolución y a la selección de las especies es que no existen unas reglas fijas que restrinjan o faciliten las opciones de hacer que ciertos rasgos genéticos pasen a la siguiente generación: depende de fenómenos grupales y del contexto ambiental que se da en cada momento.

La existencia de X porcentaje de homosexuales en una población puede hacer que esta crezca o disminuya dependiendo de cómo encajen estos en la dinámica social. La evolución siempre improvisa y va por delante de las ideas preestablecidas: lo que un día servía para agarrarse a las ramas en el futuro puede utilizarse para sostener un bolígrafo. Lo que distingue la selección de las especies de un proceso guiado por una inteligencia superior es que no tiene ni una finalidad ni un plan para conseguirla, y nosotros no podemos dar por supuesto qué elementos son evolutivamente ventajosos y cuáles no lo son.

En segundo lugar, no hay ningún motivo para pensar que nuestra felicidad tenga que estar vinculada con hacer lo posible por transmitir nuestros genes y por asegurarnos de que las personas que nos rodean hacen lo mismo. Una especie con éxito evolutivo no tiene por qué ser una especie feliz: véase el caso de los gallos y las gallinas. Tampoco tiene demasiado sentido creer que nuestra hipotética infelicidad a causa del poco éxito evolutivo sea antinatural.

En último lugar, una cuestión semántica. Dando por supuesto que la existencia de homosexuales nos condujese a la desaparición en cualquier contexto posible, tampoco se estaría quebrantando nada ninguna ley natural. A la naturaleza le da bastante igual si nos extinguimos o no.

2. La homosexualidad es antinatural porque va contra el matrimonio

El matrimonio es un perfecto ejemplo de construcción social, no tiene nada que ver con las leyes naturales. Por otro lado, la prueba de que la homosexualidad encaja a la perfección con el matrimonio es… bueno, que los matrimonios entre homosexuales existen. Cualquier intento de vincular el concepto de matrimonio con el origen del término supone caer en la falacia etimológica, y desde luego no nos dice nada sobre la biología del ser humano.

3. La homosexualidad es una enfermedad

Lo malo que tiene defender esta idea es que nadie es capaz de explicar por qué debería considerarse una enfermedad. No hay ningún signo de que los problemas que experimentan las personas homosexuales no se deban a la discriminación por parte de los demás, lo cual significa que las diferencias entre la calidad de vida de otros grupos de personas y este no tiene causas biológicas identificables en los individuos. Por otro lado, la existencia de enfermedades tampoco entra en conflicto con lo que se sabe acerca de la naturaleza.

4. Si la homosexualidad no se considera enfermedad es por presiones políticas

Esta clase de afirmaciones remiten al punto anterior. Por otro lado, es muy extraño considerar que la ciencia se encarga de desenterrar conocimiento sobre lo natural y que las posturas ideológicas se dedican a contaminar este conocimiento con su supuesto carácter antinatural. Si alguien cree que un movimiento politizado entorpece el avance de la ciencia, lo argumenta, en vez de apelar a conceptos tan difusos.

5. Los homosexuales son una minoría ideologizada

Esta es otra manera de establecer una extraña categorización en la que lo antinatural es aquello manipulado por el ser humano de manera perversa. En este caso, aquello modificado es una manera de pensar que se aparta del modo “normal” de concebir las cosas. 

Esta postura es una manera de defender una idea intelectualmente perezosa: las conductas que aparentemente se alejen del sentido común (sea lo que sea eso) pueden ser tildadas de antinaturales. Se puede aplicar a todo, desde las maneras de vestir rompedoras hasta los nuevos hábitos de ocio, pasando por las obras de arte que no se comprenden, etc.

Otra manera de verlo es considerar que lo que se aleja de la normalidad estadística es una anormalidad y que lo anormal es una “desviación” que va en contra del orden natural de las cosas. En cualquier caso, jamás se va a argumentar por qué el orden natural de las cosas debería corresponderse con aquello que uno mismo defiende y, en el caso de hacerlo, se caerá o bien en el integrismo religioso o en una defensa de las costumbres que no se puede justificar racionalmente.

Varias conclusiones

El concepto de lo antinatural, lejos de permitir una discusión sobre la homosexualidad basada en la evidencia, es simplemente una manera de presentar un espantajo que representa todo lo que se considera malo y que puede ser vinculado con las conductas que uno rechaza, independientemente de los motivos. Como es una etiqueta tan abstracta y que nadie se preocupa por definir, su significado puede cambiar constantemente: unas veces hace referencia a los comportamientos estadísticamente extraños, otras se intenta relacionar vagamente con las posibilidades de supervivencia de la especie, otras se vincula con los estereotipos relacionados con la izquierda y el feminismo, etc.

Es por eso que ninguna persona que participe en una conversación o debate acerca de la homosexualidad debería dar por buena la utilización del término “antinatural”; si lo que se quiere es aprender algo y llegar a conocer realmente otros puntos de vista sin caer en la propaganda y los eslóganes políticos de siempre, es necesario que se pida una explicación sobre el significado de la palabra y comprobar que este no cambia con el paso de los minutos.