Historia

Ensayos constitucionales de Chile: qué fueron, antecedentes, características


¿Qué fueron los ensayos constitucionales de Chile?

Los ensayos constitucionales de Chile (1823 a 1830) corresponden a los eventos ocurridos en la segunda década del siglo XIX en ese país. En ese período un proceso histórico común sacudió al continente latinoamericano. Dicho proceso comenzó con la caída del rey Fernando VII y la subida al poder en Europa de Napoleón Bonaparte.

En los diversos virreinatos, los criollos se organizaron inspirados por las ideas de los enciclopedistas europeos y la Revolución francesa. En Chile el proceso de su construcción como nación con una filosofía y una base legal integrada fue muy intenso. Hubo un primer avance con documentos provisorios.

Posteriormente hubo un retroceso por la retoma del poder por parte de las fuerzas colonialistas españolas. Luego, como señalan varios investigadores, en ocho años se produjo una serie de experiencias a lo largo de cinco gobiernos. Justamente ese período, transcurrido entre 1823 y 1830, es la fase de los ensayos constitucionales.

Antecedentes

La historia chilena tiene varios períodos. El primero se conoce como la Patria Vieja que inició el 11 de agosto de 1811. El Congreso Nacional aprobó los nueve artículos del Reglamento para el Arreglo de la Autoridad Ejecutiva Provisoria de Chile.

Lo derogaron casi tres meses después como consecuencia de un golpe de Estado. En 1812 José Miguel Carrera, el golpista, hizo un nuevo reglamento con 27 artículos. Este reglamento se mantuvo vigente casi un año.

En 1814 se escribió otro reglamento provisional. En este se creó la figura de director supremo para designar al jefe de gobierno. Tuvo vigencia solo siete meses, pues los españoles retomaron el poder.

Alcanzada la independencia, Bernardo O’Higgins asumió el cargo de director supremo. Se nombró una comisión que redactó la Constitución provisoria de 1818. Así nació el período de la Patria Nueva. El texto del 18 contiene 143 artículos.

Cuatro años después, en 1822, el ministro de Estado José Antonio Rodríguez Aldea redactó un nuevo texto constitucional con 248 artículos. Este se bautizó como la Constitución Política del Estado de Chile.

En ese momento O’Higgins renunció al cargo de director supremo y se abrió una nueva etapa: la de los ensayos constitucionales.

Características sociales, políticas y económicas

En 1823 se produjo un nuevo texto constitucional, el cual se dio a conocer como la Constitución Moralista. Esta fue escrita por Juan Egaña, abogado y político de origen chileno-peruano. Su objetivo era crear un código moral para guiar la conducta de los ciudadanos.

Vale destacar que el concepto de ciudadano y ciudadanía que se manejaba solo aplicaba a los hombres aristócratas instruidos.

Características sociales

La dinámica social de varios sectores, ajenos a la noción de pueblo, permitió el surgimiento de varios grupos de poder. Por un lado estaban los pelucones, compuestos por latifundistas que aspiraban un gobierno fuerte que no hiciera grandes reformas sociales.

Los o’higginistas eran militares de alto rango y seguidores del héroe de la guerra independentista. Un tercer grupo, denominado los estanqueros, eran comerciantes compañeros de portales beneficiados por una demanda que le ganaron al Estado.

Los pipiolos eran partidarios de las reformas liberales y la división de poderes. Finalmente estaban los federales, partidarios de darle poder a las aristocracias de las provincias.

Características políticas

Los federales se involucraron en el siguiente ejercicio político, que fue la Constitución de 1826. La pluma de José Miguel Infante y Rojas, hombre de formación liberal, generó un conjunto de leyes.

Se trató de apoyar a los grupos de poder de las provincias, soltando un tanto el control centralista, pero este planeamiento encontró una fiera oposición por parte de la oligarquía de Santiago.

Características económicas

La orientación moralista de esa constitución se vincula con el endeudamiento de Chile con Inglaterra por la guerra de independencia. Como salida para afrontar la deuda se le dio a la empresa privada, encabezada por Diego Portales, un estanco.

Esto significaba un monopolio para comercializar tabaco, bebidas alcohólicas y té, y para manejar los juegos de envite y azar. La burocracia, los malos manejos y el contrabando lo hicieron fracasar. Ese conflicto moral llevó a escribir el referido texto constitucional.

Constitución de 1828

Entonces, se abrió espacio el último ensayo: la Constitución Liberal de 1828. Esta ampliaba los derechos ciudadanos. Para ejercerlos solo hacía falta ser mayor de 21 años si se estaba casado y 25 para los solteros. Quedaban excluidos los sirvientes domésticos, los morosos con el Fisco y los “viciosos” reconocidos.

Teóricamente, incluso los analfabetos que no estuvieran en las anteriores tres categorías también gozaban de los derechos ciudadanos. Esta visión era muy avanzada, hasta para Europa en su momento.

Aun así, fue aprobada por un Parlamento masculino que no incluía al sector del “pueblo bajo”, mayoritario pero invisibilizado. En este documento se eliminó el cargo de director supremo y se creó el de presidente. También se dio origen a la figura del vicepresidente.

Estos ensayos constitucionales fueron el período de mayor consonancia con la visión democratizadora chilena desde su independencia.

Tan intenso fue el experimento, que los sectores más conservadores (latifundistas, comerciantes y aristócratas) terminaron en una guerra civil. El evento ocurrió entre 1829 y 1830. Se terminó dirimiendo en la Batalla de Lircay, en abril de 1830.

El general Prieto se rebeló contra el gobierno del pelucón Francisco Antonio Pinto con el apoyo estanquero. Pinto y su ejército salieron triunfadores. A partir de entonces se hace una reforma constitucional.

Luego, un pequeño grupo de parlamentarios redactó una nueva Carta Magna. La década de los 30 dejó atrás una experiencia social que pudo haber transformado la visión filosófica del pueblo chileno.