Psicología

Agresividad: causas, teorías, tipos, trastornos


La agresividad es el deseo o la tendencia de actuar de forma violenta, de tal manera que se cause daño físico o mental sobre otra persona. Cuando un individuo es agresivo, puede decidir atacar a otros incluso cuando no existe una provocación ni un motivo razonable para ello. Estos ataques pueden ser tanto directos como encubiertos, en función de la situación y la personalidad del agresor.

Existen muchas teorías distintas que tratan de explicar las diferencias individuales que existen en cuanto a la agresividad. Mientras que algunas personas tienden a actuar de manera violenta con mucha facilidad, otras rara vez lo hacen, incluso frente a una provocación seria. Sin embargo, todavía no existe un consenso respecto a las causas de estas diferencias.

Los ataques llevados a cabo por las personas agresivas pueden ser tanto directos como indirectos. Los primeros tienen que ver con agresiones físicas y verbales que intentan dañar al otro individuo. Los indirectos, por el contrario, se caracterizan por la intención de perjudicar las relaciones sociales de un sujeto o grupo.

La agresividad es un rasgo inherente a la especie humana, pero su expresión varía en gran medida en función de la cultura, la educación, y las experiencias de cada individuo. Además, el propósito de las agresiones también puede variar, distinguiendo en este sentido entre las que se realizan para conseguir un objetivo, y las que se llevan a cabo como respuesta a un impulso emocional.

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Causas

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La agresividad es un rasgo común en muchas especies de animales, tanto entre los más simples como en el caso de los más complejos, como los mamíferos. En este sentido, la inmensa mayoría de expertos están de acuerdo en que la tendencia a actuar de manera violenta está presente en nosotros de forma innata.

Sin embargo, a pesar de que la agresividad sea probablemente uno de nuestros instintos más básicos, no se puede negar que existen grandes diferencias individuales en cuanto a los niveles de violencia mostrados por distintas personas. Además, las formas en que se expresa la agresividad también pueden ser muy distintas.

Por eso, el consenso oficial hoy en día es considerar la agresividad como un fenómeno complejo, que está provocado por multitud de causas que interaccionan entre sí. A continuación veremos algunas de las más importantes.

Temperamento y personalidad

Uno de los factores que más parecen influir en las diferencias individuales en cuanto a agresividad es simplemente el temperamento; es decir, a las tendencias de personalidad que muestra cada sujeto desde el momento de su nacimiento. Así, los estudios muestran que algunos niños tienden a ser más agresivos y dominantes ya desde sus primeras horas de vida.

A lo largo de los años, el temperamento innato se va modulando en función de las experiencias vitales y la epigenética. De esta forma surge la personalidad, mucho más compleja. Sin embargo, también aquí se pueden encontrar diferencias muy marcadas en cuanto a agresividad, sin que se conozcan exactamente las causas para ello.

Por otro lado, existen algunos rasgos de personalidad que no están relacionados directamente con la agresividad, pero que parecen potenciar su aparición. Algunos de ellos son el narcisismo, el bajo control emocional, la necesidad de atención y el neuroticismo.

Presencia de modelos poco adecuados

A pesar de que la agresividad está presente en nuestras vidas ya desde el momento en que nacemos, hoy en día también sabemos que nuestra tendencia a recurrir a ella para solucionar problemas depende en gran medida de los aprendizajes que hayamos hecho a lo largo de la vida.

Así, por ejemplo, los niños que viven en familias en las que el uso de la violencia está extendido tenderán a ser más agresivos que sus compañeros provenientes de entornos más pacíficos. Lo mismo ocurre con aquellas personas que han sufrido acoso, abusos o agresiones de manera continuada.

La agresividad también puede potenciarse incluso si los modelos no son personas reales del entorno del individuo. Por ejemplo, se ha descubierto que la normalización de la violencia a través de películas y series puede aumentar la frecuencia con la que un individuo recurre a ella para enfrentar distintas situaciones de su vida.

Falta de recursos alternativos

Cuando se han realizado estudios sobre la violencia instrumental (aquella que se aplica para conseguir un resultado determinado), uno de los descubrimientos más sorprendentes es que quienes la utilizan generalmente muestran un menor nivel de habilidades sociales e inteligencia emocional que quienes no recurren a ella.

Así, muchas veces, la incapacidad para enfrentarse a un problema de forma constructiva lleva a los individuos a volverse más agresivos, debido a que es la única manera en la que saben actuar. Esto puede verse agravado en casos en los que la persona tenga algún tipo de problema psicológico, como un trastorno del espectro autista o TDAH.

Relaciones de apego problemáticas

Ya hemos visto que las familias son uno de los principales modelos para los niños, que pueden aprender de sus padres y otros seres queridos a utilizar la violencia para conseguir lo que quieren. Sin embargo, la imitación directa no es la única forma en la que las figuras de referencia pueden aumentar la agresividad de una persona.

Las investigaciones sobre el apego (la relación que establecen los individuos con las personas más importantes de su vida) mostraron que quienes se sentían abandonados o no contaban con el suficiente apoyo tendían a reaccionar de forma más agresiva ante todo tipo de situaciones.

Así, los niños que vienen de familias problemáticas, las personas con problemas de pareja muy graves, o aquellos que no han recibido todo el afecto que necesitan normalmente tienen niveles mucho más altos de agresividad que quienes no han sufrido estas situaciones.

Teorías de la agresividad

Debido a que la agresión es un problema complejo y que solo ha comenzado a ser estudiado recientemente, todavía no existe un consenso sobre cuáles son los motivos por los que existe.

Sin embargo, existen algunas teorías bastante aceptadas dentro de la comunidad científica que intentan explicar este fenómeno. A continuación veremos tres de las más importantes.

Teoría de la agresión instintiva

La teoría de la agresión instintiva fue propuesta por primera vez por Sigmund Freud. Según este famoso psicoanalista, la agresividad surge como una consecuencia de bloquear los instintos vitales básicos, lo que él llamaba “Eros”. Así, en un principio se consideraba que la violencia no era ni inevitable ni innata, sino que provenía de una mala gestión emocional.

Sin embargo, más adelante las teorías psicoanalíticas siguieron desarrollándose; y Freud acabó desarrollando el concepto de “Tánathos”, o muerte. Esta serie de impulsos serían contrarios a los de vida, y entre ellos el más importante sería el de la agresividad.

A partir de este punto, Freud defendía que todos los comportamientos humanos surgen del choque entre el Eros y el Tánathos. La agresividad, por lo tanto, sería inevitable según esta teoría; pero para los psicoanalistas, existen algunas maneras de trabajar con este impulso instintivo que no implican necesariamente violencia.

En este sentido, Freud hablaba de algunos mecanismos como la sublimación o el desplazamiento, que se pueden utilizar para transformar la agresividad innata en comportamientos constructivos o beneficiosos para otras personas.

Hipótesis de agresión por frustración

Otra de las hipótesis más aceptadas sobre la naturaleza de la agresividad defiende que esta tendencia no tiene por qué ser innata, sino que está relacionada con la frustración. Así, cuando una persona se ve incapaz de alcanzar sus metas, sufre un revés en su autoestima o es incapaz de satisfacer sus deseos, puede acabar recurriendo a la agresión.

Según esta teoría, gran parte de las diferencias que existen en cuanto a los niveles de agresividad que muestran distintas personas se deberían a cuáles son las situaciones o elementos que le provocan frustración a cada uno. En función de los aprendizajes previos, la personalidad y los modelos que se hayan tenido, cada individuo se sentirá más o menos frustrado en un momento determinado.

Pero, ¿de qué serviría la agresividad en este contexto? La hipótesis de la frustración – agresión explica que el uso de violencia directa o indirecta contra el objeto o persona que haya provocado la frustración serviría para disminuir la intensidad del deseo que no se ha conseguido alcanzar.

De esta manera, la agresividad sería una manera de disminuir la frustración sin tener que cambiar las circunstancias externas, que en muchas ocasiones son incontrolables.

Sin embargo, también sabemos que no todas las personas que se sienten frustradas deciden recurrir a la violencia, y no todas las agresiones se deben a la frustración, por lo que esta teoría no puede explicar por sí misma la existencia de este fenómeno.

Teoría del aprendizaje social

Una de las teorías más aceptadas a día de hoy sobre la agresividad es la que defiende que esta reacción surge en gran medida al observar a un modelo de referencia haciendo uso de conductas violentas. Los niños, ya desde sus primeros años de vida, empezarían a observar a sus padres y otros adultos para tratar de averiguar lo que es correcto hacer y lo que no.

De esta forma, alguien que viviera su infancia en un hogar donde la violencia era de uso común tendería a realizar conductas agresivas con más frecuencia y facilidad que una persona proveniente de un entorno más pacífico.

Sin embargo, según la teoría del aprendizaje social, los padres no son las únicas personas que pueden hacer que un niño aprenda a utilizar la violencia de forma habitual para conseguir lo que quiere o para expresar su frustración. También otras figuras de referencia, como profesores, pueden servir como modelos; y la observación de agresividad en los medios también hace más probable su aparición.

Así, según la teoría del aprendizaje social, todo el entorno en que se mueve una persona a lo largo de su vida trabaja de forma conjunta para hacer más o menos probable que esta utilice la violencia o muestra conductas agresivas en diferentes situaciones.

Tipos de agresividad

No todas las formas de agresividad son iguales. Aunque como ya hemos visto existen muchas teorías sobre este fenómeno, la mayoría de ellas se ponen de acuerdo al distinguir entre dos tipos principales: la agresividad instrumental, y la emocional.

Por un lado, la agresividad emocional implicaría todos aquellos actos de violencia directa o indirecta que se llevan a cabo para conseguir un objetivo concreto. Se trataría de una forma de agresividad más racional, con un fin consciente, y a menudo más controlada. A menudo su uso correlaciona con ciertos rasgos de personalidad como el maquiavelismo y el psicoticismo.

Por ejemplo, una persona estaría usando la agresividad instrumental si decide gritarle al empleado de un comercio para conseguir un descuento en el precio del producto que desea adquirir; o si amenaza a un profesor para intentar que le suba la nota de un examen.

El otro tipo, la agresividad emocional, difiere en muchos aspectos de este primero. Al contrario de lo que ocurre con la instrumental, suele ocurrir debido a un estado sentimental alterado, como por ejemplo la presencia de frustración, tristeza o ira. Además, no suele estar tan controlada, y no tiene un fin concreto más allá de liberar las emociones que está sintiendo la persona.

Por ejemplo, un hombre que le grita a su esposa al llegar a casa porque ha tenido un mal día en el trabajo estaría haciendo uso de la agresividad emocional.

Trastornos de agresividad

En algunas ocasiones, la presencia de agresividad puede deberse a la existencia de un trastorno psicológico subyacente. Cuando esto ocurre, las explosiones de violencia suelen ser mucho más frecuentes y más intensas, aunque en ciertos casos la diferencia es muy sutil y solo puede ser detectada por un experto.

Existen muchos trastornos mentales que pueden estar relacionados de manera indirecta con la agresividad, como por ejemplo la esquizofrenia, el trastorno bipolar o algunas condiciones de ansiedad. Sin embargo, ciertos síndromes están directamente relacionados con la tendencia a actuar de forma violenta.

Entre estos, los más comunes son el trastorno oposicionista desafiante y el trastorno de conducta. En ambos casos, la persona afectada llevará a cabo actos penalizados por la sociedad, como agredir a otros individuos, robar o maltratar animales; y lo hará de forma repetida y cada vez más intensa.

En el caso de que una persona sufra uno de estos dos trastornos (que son especialmente frecuentes en niños), es fundamental la aplicación de un tratamiento psicológico especializado para tratar de solucionarlo lo antes posible.

Otros trastornos relacionados con la agresividad son el trastorno antisocial de la personalidad y el trastorno explosivo intermitente.

Referencias

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  2. “Top 3 Theories of Aggression” en: Psychology Discussion. Recuperado en: 07 Octubre 2019 de Psychology Discussion: psychologydiscussion.net.
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  4. “Trastornos de comportamiento agresivo” en: Healthy Children. Recuperado en: 07 Octubre 2019 de Healthy Children: healthychildren.org.
  5. “Aggression” en: Wikipedia. Recuperado en: 07 Octubre 2019 de Wikipedia: en.wikipedia.org.