Anatomía y fisiología

La nariz, sus partes y funciones


La nariz es uno de los órganos de nuestro cuerpo que utilizamos para respirar y oler. Forma parte del sistema respiratorio y se encuentra más o menos en la mitad del rostro, desde donde sobresale por encima de la boca. Tiene dos aperturas que llamamos “fosas nasales”, que es por donde entra y sale el aire.

La nariz forma parte del sistema respiratorio, el conjunto de órganos y tejidos que nos ayudan a respirar. Gracias a este sistema, nuestro cuerpo puede aprovechar el oxígeno contenido en el aire y utilizarlo para alimentar y mantener saludables a las células que nos conforman.

Este sistema está formado por muchos órganos, pero los más importantes son la nariz, la boca, la faringe (garganta), la tráquea (el tubo que se dirige hacia los pulmones), los bronquios y los pulmones.

Además de pertenecer al sistema respiratorio, la nariz también es la parte fundamental de un sistema sensorial que conocemos como el sistema olfativo, que está en comunicación directa con nuestro sistema nervioso central, es decir, con nuestro cerebro.

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¿Cómo interviene la nariz en la respiración?

Cuando inhalamos, es decir, cuando introducimos aire en nuestro cuerpo, este fluye desde nuestro alrededor hacia las fosas nasales y desde allí viaja hacia la cavidad nasal, pasando después por la parte de atrás de nuestra garganta, por la tráquea y alcanzando finalmente los pulmones.

Durante la exhalación, es decir, cuando expulsamos el aire desde nuestros pulmones, la nariz también es el sitio principal de salida.

En el aire que respiramos hay distintas moléculas químicas, muchas de las cuales son las que les otorgan el olor característico a las cosas. Esas moléculas pueden ser detectadas por un conjunto especial de células, los receptores olfativos, que están dentro de nuestra nariz y gracias a las cuales podemos sentir olores.

Los receptores olfativos de la nariz también nos ayudan a saborear completamente los alimentos que consumimos a diario, lo que es evidente cuando estamos congestionados, pues no podemos distinguir sabores.

Partes de la nariz y sus funciones

Como muchos otros órganos de nuestro cuerpo, la nariz tiene distintas partes que cumplen diferentes funciones especiales, veamos cuáles son:

Partes externas

La porción externa de la nariz, es decir, la que sobresale de nuestro rostro, está principalmente formada por músculos, cartílagos y huesos cubiertos por piel.

La raíz y el surco

Podemos decir que la nariz comienza o “nace” en el surco, que es la región ubicada sobre nuestro labio superior, y “termina” en la raíz, que está entre las cejas, en la parte superior de nuestro rostro.

El puente y el dorso

La forma de nuestra nariz depende de dos estructuras conocidas como puente y dorso, que se encuentran entre la raíz (entre las cejas) y la porción más puntiaguda. La función de estas dos estructuras es proteger la parte interna de la nariz.

El puente es la estructura más dura, está formada por hueso, de allí su rigidez; es donde se apoyan los anteojos.

El dorso (también conocido como pirámide nasal), por el contrario, está formado por cartílago, por lo que es una estructura firme pero más flexible.

Cuando dibujamos una nariz de perfil, el dorso es la línea más o menos recta que trazamos desde el medio de las cejas hasta la punta, que tiene una forma redondeada, esta región se conoce como el lóbulo.

Las aletas o alas nasales

A los costados de la punta de nuestra nariz, “conectados” con el resto del rostro, están lo que muchos autores denominan las alas nasales, que son los fragmentos de tejido que determinan la apertura de las narinas, lo que es muy importante desde el punto de vista de la entrada de aire al sistema respiratorio.

Las narinas

Las fosas nasales se comunican con el exterior a través de las narinas que, dependiendo de la persona, pueden ser más o menos anchas y que es por donde ingresa el aire que deberá ser humedecido y calentado antes de llegar a las regiones más internas de nuestro cuerpo.

Partes internas

Las fosas nasales

Nuestra nariz tiene dos agujeros que se denominan “fosas nasales” y que representan las aberturas por donde el aire, con todas sus partículas químicas, fluye hacia el interior de nuestro cuerpo: hacia los pulmones y hacia los nervios olfativos, de modo que podemos respirar y oler.

El tabique nasal

Las fosas nasales están separadas entre sí gracias a la presencia de una especie de pared llamada “tabique”.

La parte más profunda del tabique (más cerca del cerebro) está formada por huesos muy delgados, pero la región de la punta, más lejos de la cara, está formada por un material muy flexible llamado cartílago, que es muy firme, pero no tan dura como el hueso.

La cavidad nasal

Detrás de nuestra nariz (la que sobresale de nuestro rostro) es decir, en la profundidad del cráneo, existe un espacio que conecta la nariz con la región posterior de la garganta y esta se denomina “cavidad nasal”.

Esta cavidad es uno de los primeros lugares por donde fluye el aire que respiramos para hacerse paso hacia los pulmones a través de la tráquea.

Se trata de un espacio más o menos cilíndrico que está dividido a la mitad por el tabique nasal y que está rodeado por distintas estructuras conocidas como “senos”, de los cuales existen cuatro pares: los senos maxilares, los senos frontales, los senos etmoides y los senos esfenoides.

Los senos cumplen varias funciones generales, como:

  • Amortiguar ciertos traumas faciales.
  • Humedecer y calentar el aire inspirado.
  • Aislar las estructuras sensibles de los cambios de temperatura en la nariz.
  • Incrementar la resonancia de nuestra voz.
  • Proveer defensa inmunológica, evitando que nos enfermemos.
  • Disminuir el peso relativo del cráneo.

Membrana mucosa

Toda la región interna de nuestra nariz está cubierta por un tejido que llamamos membrana mucosa o mucosa respiratoria.

Esta membrana se encarga de mantener un ambiente húmedo dentro de nuestra nariz y permite que el aire que respiramos se caliente y humedezca antes de viajar hacia los pulmones.

La membrana mucosa también participa en la producción de una sustancia o fluido llamado “moco”, que a pesar de parecernos muy desagradable es de gran importancia para nuestra salud: el moco se encarga de “atrapar” el polvo contenido en el aire que respiramos, así como las demás partículas y gérmenes que pueden viajar en él, lo cual es fundamental para proteger a nuestros pulmones.

Sin estar enfermos, la membrana mucosa y algunos senos nasales en nuestra nariz se encargan de la producción de más o menos un cuarto de galón de moco al día, ¡eso es un montón!

Cilios

Además de todas las estructuras anteriores, en el interior de nuestra nariz existen muchísimos cilios o pelos microscópicos cuya función principal es evitar que el moco producido por las membranas mucosas (que en teoría está lleno de polvo y gérmenes) llegue hacia los pulmones u otras estructuras en el interior de nuestro cráneo.

Receptores olfativos

Ya dijimos que la nariz es uno de los órganos fundamentales para la respiración. Sin embargo, también ejerce una importante función para nuestro sistema sensorial, que es por el cual estamos conscientes del mundo que nos rodea.

Gracias a nuestra nariz podemos oler y eso solo es posible dada la presencia en su interior de millones de células conocidas como receptores olfativos. Estas células (terminaciones nerviosas) pertenecen a lo que se denomina “epitelio olfativo”, que se encuentra en el “techo”, es decir, la parte más elevada, de la cavidad nasal.

Estos receptores son quimiorreceptores, pues reconocen las moléculas químicas presentes en el aire que respiramos y son capaces de responder a ellas, enviando señales específicas hacia nuestro cerebro.

El sentido del olfato es muy importante, pues no solo nos permite detectar olores que nos provocan cierto placer, sino que también nos da información acerca del estado de los alimentos que consumimos, del ambiente donde nos encontramos e incluso de los posibles peligros a nuestro alrededor.

Enfermedades de la nariz

Muchas personas se someten a cirugías faciales para “mejorar” o “modificar” el aspecto de su nariz natural, pero esto comúnmente tiene fines estéticos y no funcionales.

Sin embargo, como cualquier otro órgano de nuestro cuerpo, la nariz también es propensa a sufrir enfermedades o lesiones, las cuales pueden tener serias implicaciones para nuestra vida diaria, especialmente en cuanto al sistema respiratorio se refiere.

Algunas de las enfermedades más comúnmente asociadas con la nariz son:

  • Tabique desviado: tiene que ver con un desvío de la “pared” que divide la cavidad nasal, lo que resulta en una fosa nasal más pequeña que otra, hecho que puede tener implicaciones negativas en la respiración.
  • Pólipos nasales: son recrecimientos de tejido blando en la membrana mucosa nasal o en los senos paranasales. Usualmente son benignos, pero pueden obstruir las fosas nasales, impidiendo una respiración adecuada.
  • Rinitis: se trata de un proceso inflamatorio de los senos paranasales u otras estructuras internas de la nariz, muy comúnmente provocado por alergias y que produce un aumento en las secreciones nasales.
  • Fracturas: son lesiones internas muy comunes debidas a golpes fuertes, las cuales deben ser corregidas en la brevedad, con el fin de evitar la formación de callosidades u obstrucciones nasales importantes.

Referencias

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