Lengua y literatura

Contexto de producción: concepto, elementos y ejemplos


¿Qué es el contexto de producción?

El contexto de producción es el conjunto de circunstancias económicas, emocionales, políticas, religiosas, sociales y culturales en las que se ve inmerso un escritor al momento de producir una obra literaria. Cada texto posee sus propias características: estas representan la identidad de la obra.

Cada producción literaria posee en su interior una serie de señales que permiten desentrañar el contexto en el que fue realizada. El contexto es parte fundamental de la creación literaria porque ubica al lector, permitiendo conocer los eventos que condicionaron la realización del texto, reforzando su carácter comunicativo.

El contexto de producción se ve manifestado de maneras diversas según el género literario que abarque el autor. Hay un tipo de expresividad contextual propia de la poesía, así como del cuento, de la novela o el ensayo; cada forma literaria tiene un arquetipo de lenguaje para ser manifestada.

Si, aunado a las particularidades anteriores, se añaden las costumbres y hábitos propios del autor, lo relacionado a su psique y al pensamiento complejo, nos encontramos ante una entramada red de creación con un carácter subjetivo irremediable, la matriz misma que hace posible que cada obra sea única e irrepetible.

Elementos comunicativos en los contextos de producción y ejemplos

En sí misma, cada obra literaria es un manifiesto comunicativo, un canto a la expresión humana, una forma de transmitir algo a un sujeto o sujetos por medio del lenguaje escrito.

La producción textual, al ser un acto comunicativo que tiene por fin transmitir una idea, posee una serie de elementos propios que se explicarán a continuación.

Emisor

No es otro que el que se ha encargado de producir una obra literaria, independientemente del género al que se encuentre circunscrita o al movimiento literario al que pertenezca. Su creación tiene un carácter subjetivo intrínseco, manifiesta componentes propios de las experiencias que le ha tocado vivir.

Por medio de su obra, el autor se plantea manifestar una realidad propia, transmitir cómo ha internalizado las circunstancias que rodearon su existencia hasta el momento de crear el texto.

El autor puede o no estar inmerso en la obra, puede ser el que describe un hecho desde afuera o puede ser parte de la realidad en la narrativa.

Lo que sí debe quedar claro es que el autor cumple un papel de comunicación clave: es el emisor, sin él no se origina el mensaje y, por ende, no existiría el acto comunicativo. Él es el encargado de encriptar el mensaje.

Ejemplo

Uno de los autores más trascendentales de las letras hispanas ha sido Miguel de Cervantes y Saavedra. A él le debemos El Quijote, la más importante obra escrita del español.

Su pieza maestra se circunscribe en el Siglo de Oro de las letras castellanas y contiene un fuerte contenido crítico social.

Destinatario lírico

También conocido como el destinatario poético, es quien recibe la obra literaria y se encarga de descifrarla, de desencriptar el mensaje que contiene.

Es importante tener claro que nunca va a haber dos interpretaciones iguales de un texto literario. Cada sujeto, cada receptor lírico va a razonar el mensaje según sus vivencias.

En poesía es muy común escuchar a los poetas decir que, al momento de terminar un poema, este deja de ser suyo y pasa a ser de quien lo lea.

Algo muy parecido a lo anterior ocurre con el resto de los géneros literarios.  El autor sigue siendo el mismo, mas el mensaje tiene tantas interpretaciones como personas que lean la obra.

El destinatario lírico puede ser un lector u oyente, sin correlación alguna con el drama del texto, o puede formar parte de la realidad de la obra, algo muy común en poesía.

Ejemplos

Destinatario no implícito (lector u oyente)

Este sitial lo ocupan todos aquellos que se avocan a leer cualquier obra literaria de drama, ficción o suspenso, o que vayan a apreciar alguna obra teatral (recordemos que el texto dramático es parte de la producción literaria) sin que haya nada que pueda correlacionarles. Por ejemplo, quien lea actualmente la Ilíada o la Odisea.

Destinatario implícito

Corresponde a todas aquellas personas a las que explícitamente va dirigida la obra literaria, la reciben como suya y dan la interpretación respectiva del mensaje encriptado o codificado. A continuación se describe un poema en el que se ejemplifica lo anterior:

“A la humanidad”, del libro Del hombre y otras heridas del mundo de Juan Ortiz.

Mira que tan bien nos han criado

que siendo el hombre el padre de todas las guerras

aún creemos en la paz.

Aprecia que tan bien nos han moldeado

que siendo la única criatura de la creación en construir cárceles de todas formas:

ropas, casas, templos, centros comerciales,

fábricas,

para vestir las vergüenzas,

estratificarnos,

protegernos de nuestra barbarie,

alienarnos con creencias,

dogmas, partidos,

enfocarnos en odiar lo diferente,

alejar lo distinto,

aún,

con todo y eso,

osamos hablar de libertad.

El problema siempre será el ser humano,

sí,

el ser,

ser humano.

Aquí el autor manifiesta una dedicatoria abierta a la especie humana. El receptor no necesariamente debe ser una sola persona.

Contexto social

Absolutamente toda obra literaria está sujeta a una contextualización social. El contexto social incumbe tanto al emisor como al receptor del mensaje; este viene a ser el medio condicionante de la producción de la idea y de la recepción de la misma. El contexto del autor nunca coincide con el del receptor: hay marcadas diferencias entre ambos.

Partiendo de lo anteriormente dicho, podemos hablar de dos tipos de contextos sociales: un contexto social de producción y un contexto social de recepción.

Contexto social de producción

Nos habla directamente de la situación del escritor. Cada autor está supeditado a una realidad económica, política, religiosa, emocional y familiar que condiciona directamente su obra.

Por más que se diga que hay obras en las que el autor no se inmiscuye, siempre se encuentran marcas biográficas en las obras literarias. Estas marcas biográficas son pequeñas huellas sobre la vida del autor.

Se puede decir que, cuando alguien escribe, hay una desfragmentación de la psique, y esta va siendo disgregada a lo largo de toda la obra. No hay manera de desvincular la letra escrita del sujeto que la produce.

Ejemplo

Un ejemplo claro y marcado del condicionamiento que produce la situación política, social y familiar en el proceso de escritura es la obra El diario de Ana Frank. Allí se expresa la cruda realidad de la Segunda Guerra Mundial y sus repercusiones en la vida de tanta gente. Leerla e irse en el tiempo y vivir lo que ella vivió.

“Después de ese momento, mis deseos de volver a ver la noche superaron mi miedo a los ladrones, a la casa a oscuras y llena de ratas y a los robos. Bajé completamente sola a mirar hacia fuera por la ventana del despacho de papá y la de la cocina. A mucha gente le gusta la naturaleza, muchos duermen alguna que otra vez a la intemperie, muchos de los que están en cárceles y hospitales no ven el día en que puedan volver a disfrutar libremente de la naturaleza, pero son pocos los que, como nosotros, están tan separados y aislados de la cosa que desean, y que es igual para ricos que para pobres”.

Fragmento de El diario de Ana Frank.

Contexto social de producción

Este se refiere directamente a todas las circunstancias que han envuelto la vida del lector antes de enfrentarse a la obra literaria. Nadie tiene la misma identidad receptiva al momento de leer un texto. Cada sujeto es un mundo en sí mismo, y esto se ve manifestado con suma claridad en la lectura y la interpretación literaria.

Los mismos aspectos que condicionan al escritor condicionan al receptor lírico, solo que el segundo caso se liga a cómo es decodificado el mensaje, cómo se recibe e interioriza. Algo tan simple como un largo día de trabajo puede afectar la decodificación de un texto.

Ejemplo

Se pondrá un ejemplo bien gráfico: en una conocida universidad se le asignó a un grupo de estudiantes de ingeniería un fragmento de El Quijote, de Cervantes. El mismo fragmento se les fijó a otro grupo de estudiantes de letras hispanoamericanas. El texto se les dejó durante dos horas.

Acabado el lapso de tiempo, a ambos grupos se les pidió que explicaran lo leído. Los resultados fueron más que obvios: a pesar de ser una obra universal de la literatura, los estudiantes de letras demostraron un mayor dominio de la temática respecto a los de ingeniería.

Los estudiantes de letras tenían la ventaja de la contextualización, por ser su campo de estudios. Sin embargo, y he aquí lo complejo del tema, ningún estudiante de ambos lados asimiló de igual manera el texto, tuvo que haber un acuerdo para manifestar las conclusiones. Si bien hubo puntos en común, la unicidad salió a flote.

Otro aspecto importante es que, si el texto entregado hubiese sido de ingeniería, la historia hubiese sido otra.

Corrientes literarias

Corresponde al movimiento en el que está enmarcada la obra literaria. Esta serie de corrientes también responde a aspectos sociopolíticos y económicos, están circunscritas a las realidades de las distintas épocas de la historia humana.

Dentro de las corrientes más conocidas nos encontramos con el modernismo, el surrealismo, el vanguardismo y el romanticismo, y dentro de estas a sus respectivos autores. Vale acotar que no deben confundirse los géneros (novela, cuento, poesía, ensayo, teatro) con las corrientes.

Al responder a necesidades históricas, las corrientes literarias, contienen ciertas reglas que condicionan las obras de los autores. Esto se aprecia tanto en la temática como en la estética; se puede evidenciar una influencia de forma y de fondo en estas producciones.

Ejemplo

“De otoño”, poema XXVII de Cantos de vida y esperanza (1905) del poeta Rubén Darío.

“Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón!”.

Este poema está enmarcado dentro de esa corriente del modernismo, la cual tenía como premisa descentralizar el sentir del hombre respecto al regionalismo y hacer universal el sentir poético.

Rubén Darío quería romper con la estética impuesta por el romanticismo literario para abolir de una vez por todas lo nexos aún existentes con la Corona española a inicios del siglo XX. El modernismo busca la universalidad y fue considerado uno de los movimientos literarios más importantes y productivos de la historia de las letras.

Implicaciones

Toda obra siempre responderá a los eventos que circundaron la vida de los escritores y será recibida por los lectores y asimilada proporcionalmente a sus vivencias y preparación intelectual. Cada obra escrita, independientemente del género o movimiento al que responda, es un recurso comunicativo.

Una obra literaria tendrá tantas acepciones como personas que la lean. Habrá puntos en común, pero imperará sobre esto la percepción subjetiva, producto de toda carga vivencial acumulada por el sujeto antes de enfrentarse a la obra literaria.

La producción literaria es una íntima manifestación de la psique humana. Siempre habrá una marca característica que permita ver rasgos de la personalidad o de la vida misma del autor. No se puede desvincular al autor de su producción, hay un estrecho vínculo perdurable más allá del tiempo y el espacio entre la obra y el escritor.

El estudio de los elementos del contexto de producción literaria permite ubicarse en tiempo y espacio para poder apreciar de una manera más fidedigna las obras y, por ende, captar y decodificar más eficazmente el mensaje que contienen.