Cultura general

Convivencia humana: características y ejemplos


La convivencia humana es un proceso que implica demostrar respeto por el otro, consideración de las diferencias, compromiso, tolerancia y reconocimiento mutuo. Desde hace décadas es vista como la base para construir y reconstruir el tejido social. La convivencia humana representa la posibilidad de que grupos humanos coexistan en paz.

La Real Academia Española define la convivencia humana como aquella que implica vivir en compañía. Desde la etimología, se señala que el término ya permite deducir que es condición necesaria para el ser humano, dado que deriva de la palabra conviviere, cuyo significado es “cohabitar”.

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Las personas son seres sociales por naturaleza; por tanto, siempre existirá la tendencia a exponerse a la socialización cotidiana para lograr convivir, concertando cada momento criterios para lograr llegar a acuerdos.

Estos acuerdos serán unos más básicos que otros: unos serán más necesarios que otros para avanzar e incluso superar conflictos que surgen a diario y que son concebidos de manera natural.

Existen autores que abordan el tema desde un enfoque menos pragmático o reduccionista y más antropológico e incluso filosófico, y consideran que la crisis de la humanidad enmarcada en la presencia de conflictos bélicos, discriminación y enfrentamientos en lo cotidiano entre grupos con ideales diferentes, es por no saber cómo se debe convivir.

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Características

Tal como lo señala el autor Humberto Maturana, la humanidad necesita de manera imperativa aprender cómo lograr una adecuada convivencia.

Para ello se entiende que en primer lugar es fundamental conocerse a sí mismo, conocer la naturaleza de sus procesos más básicos. En este sentido, conocer qué caracteriza la convivencia humana puede servir de primera aproximación en este aprendizaje.

No es opcional

Se parte del hecho de que ninguna persona puede vivir aislada. La comprobación de que el ser humano es un ser social está descrita desde las primeras sociedades primitivas y se hace palpable cuando se observa la espontaneidad en agruparse y la utilización de la comunicación como principal puente de diversos procesos personales y sociales.

Es importante destacar que el conflicto nunca ha estado ausente y es positivo siempre y cuando estén presentes la reflexión, el entendimiento y, por tanto, los acuerdos.

Fortalece la autovaloración

A partir de las relaciones sociales se puede generar el reconocimiento del otro y fortalecer el proceso de autoconocimiento; este proceso no se genera en una sola dirección.

En diversos estudios sobre las relaciones humanas se señala que la convivencia puede ser el punto de partida para aprender confianza, calidez, espontaneidad, emociones en general y fe, entre otros elementos.

Al convivir se contrastan los propios valores y costumbres, se escogen opciones y se decide cómo actuar ante cada situación.

Esto obliga a adquirir y reforzar referentes externos, y a fortalecer simultáneamente referentes individuales que en última instancia conforman la personalidad individual. La autovaloración surge poniendo a prueba quién es cada uno con relación al otro.

Favorece el diálogo

El diálogo es un proceso en el que se establecen posturas y es posible tanto contrastar como defender ideas, así como exponer y dejar de manifiesto necesidades y solicitudes basadas en las mismas, considerar puntos de vista y llegar a acuerdos.

Es claro que en la convivencia es necesario estar dispuestos a aprender a promover la fuerza de la cohesión social desde el entendimiento de unos y otros; por tanto, se hace necesario desarrollar estrategias para ello y el diálogo es una de estas.

Sirve de base para la ciudadanía

Las múltiples competencias de la ciudadanía —entre las que destacan el respeto, la autorregulación y el cumplimiento de normas que favorece la institucionalidad, entre otras— se desarrollan y se potencian únicamente en la convivencia.

Esto es así debido a que la convivencia necesita de autoreflexión e invocación de la responsabilidad personal para no limitarse solo a responsabilizar a los otros.

Dicho escenario coloca un límite y pone de manifiesto lo que se persigue con cada actitud: entender que la responsabilidad es primero individual y luego social, y que debe perseguirse la defensa de los deberes y derechos de los ciudadanos a partir de la participación democrática de cada uno.

Implica valores

La convivencia como fenómeno posee dimensiones individuales y sociales. Es individual cuando en el desarrollo de la persona se va poniendo a prueba la coexistencia de diferentes valores, tendencias, gustos, preferencias, características y sentimientos, hasta conformar creencias e ideas más propias que surgen de una combinación personal y moral.

La dimensión social aparece porque el proceso de convivencia solo es posible en la socialización y ha quedado claro que este proceso no se puede separar quirúrgicamente de la educación y de la pedagogía debido a que es en la escuela donde la socialización —y, por ende, la convivencia— tiene un lugar privilegiado.

Ejemplos

Programas educativos

Un ejemplo de convivencia corresponde a los programas educativos enfocados específicamente en este ámbito, que son cada vez más comunes y están presentes en diversos países.

Dicho programas parten del concepto de convivencia democrática o coexistencia y buscan ofrecer a los alumnos estrategias concretas que faciliten la convivencia tanto en el aula como fuera de esta.

Por otro lado, ya existen ejemplos interesantes en el trabajo que se ha realizado en torno a redes sociales en crear pautas, normas y/o mecanismos diversos que favorezcan la convivencia y reduzcan el nivel de violencia y conflictos con sus consecuencias.

Programas enfocados en inmigrantes

Actualmente existe una gran ola migratoria generada por diversos hechos. Un ejemplo de convivencia humana se ve reflejado en las acciones que llevan a cabo instituciones públicas y privadas que favorecen la integración de los inmigrantes en sus nuevos escenarios sociales.

Al generar una atmósfera de entendimiento y apertura es posible permitir que quienes llegan a un nuevo país sientan que pueden pertenecer a la sociedad que allí existe, y que los naturales del país receptor comprendan los alcances de la retroalimentación positiva que puede surgir como consecuencia de la convivencia.

¿Qué se necesita?

Tal como señalan los profesores Ortega y Del Rey, para lograr la convivencia es imperativo que quienes comparten terrenos, quehaceres y actividades dentro de un sistema social estén obligados a supeditarse a unas normas.

Estas reglas son las únicas garantes de la prevención de conflictos que puedan ser perjudiciales para los integrantes, así como de las consecuencias emocionales de dichos enfrentamientos.

Hoy en día la promoción de la convivencia es vista como base para la prevención de procesos más complejos de discriminación de todo orden: racial, económica, de género, entre otras.

En varios países la convivencia humana se asocia con patrones democráticos. Un ejemplo de ello es la educación para la democracia, entendida como un concepto organizador que además integra motivaciones éticas y valores.

Referencias              

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